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Juan Carlos Girauta

La han medido mal

El espionaje que le han fabricado se desmonta por momentos, al director de El País le espera una querella y a los que la veían acabada un palmo de narices.

Juan Carlos Girauta
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Se vienen equivocando con Esperanza Aguirre. Antes de la intrascendente pifia de Ortega Cano confundiéndola con una ganadera, la presentó la progresía como iletrada a cuenta de la leyenda de Sara Mago, la tuvo Gallardón por doña Cuaresma –la del gesto agrio y estricta conducta–, la describió el niño republicano Tecglen como cristianofascista, y la verdadera caverna del PP, travestida de centrista, la consideró derecha extrema. El olvidado Simancas la quiso mancillar atribuyéndole un "ruido de cheques" que quedó en alucinación auditiva, El País ha intentado crucificarla con una trama de espías que es un bumerán y Rajoy la ha tomado por el pito del sereno dando pábulo a Prisa y escatimándole a ella, por envenenado silencio e infecta omisión, el apoyo y la confianza que a ningún otro dirigente ha negado. No es raro que, midiéndola tan mal, la dieran hace cuatro días por amortizada. En la galería de equivocaciones, sólo la de Ortega Cano está libre de mala leche.

Los demás se la tienen que envainar. La iletrada viene del entorno del profesor Pedro Schwartz, como ministra protagonizó el único intento de acabar con la fragmentación de la escuela española en un muestrario de mitologías provincianas, tiene el mejor inglés de nuestra clase política y cita con soltura a pensadores que la mayoría de sus compañeros ignoran ampliamente. El agrio gesto sólo lo percibe alguien capaz de venirse abajo al oír "Gran Wyoming". En cuanto a estricta conducta, la sigue con las cuentas, desde luego, más que el alcalde derrochador. De fascista la acusó un tío que le hacía elegías al Ausente y panegíricos a Franco por el mismo precio; ¿quién se acuerda? Su supuesto conservadurismo extremo lo parió la mala conciencia de compañeros procedentes de la rancia derechona que no soportan el contraste con el pasado, el presente y el futuro de la presidenta. Ella militaba en formaciones liberales mientras sus actuales detractores digerían a duras penas la historia implacable. Toda la maquinaria de la izquierda mediática y política no ha logrado encontrarle un desliz económico, y el ruido de cheques sólo lo sigue oyendo Simancas en noches insomnes y avaras de lo que pudo haber sido y no fue. El espionaje que le han fabricado se desmonta por momentos, al director de El País le espera una querella y a los que la veían acabada un palmo de narices.

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