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Juan Morote

El gallinero alborotado

La inacción de Rajoy frente a las tensiones centrifugadoras de algunos barones del PP empiezan a tener sus consecuencias. No se puede predicar una cosa en Toledo y la contraria en Valencia.

Juan Morote
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Como un gallinero alborotado anda el Partido popular. Suele suceder que el gallinero se alborota cuando se introduce más de un gallo en el mismo. Y esto es lo que parece estar sucediendo en el seno de los populares. Hace poco más de un año, con ocasión de las últimas elecciones autonómicas y municipales, el PP de Murcia y el de la Comunidad Valenciana, basaron sus campañas electorales en la falta de agua que padecen ambas comunidades. Francisco Camps y Ramón Luis Valcarcel plantearon la dicotomía electoral en los siguientes términos: "agua o Zapatero" y obtuvieron sendas atronadoras victorias electorales; pese a lo cual, los prebostes de Génova evitaron incluir el trasvase del agua del Ebro en su programa electoral de ámbito nacional en 2008.

No obstante, conviene recordar que el programa electoral del PP rezaba (parágrafo 1173, apartado segundo): "El agua es un recurso común patrimonio de todos los españoles, un activo social y medioambiental del conjunto de la nación. El agua es de todos y todos tienen derecho a usarla racionalmente y el deber de cuidarla y no deteriorarla". Bonito principio para haberlo olvidado tan pronto. El agua es un tema terriblemente sensible en el Levante español, nada hay más intocable que una hora de agua y hete aquí que los representantes del PP de Castilla-La Mancha, capitaneados por la secretaria general del partido, pretenden cerrar definitivamente el grifo del trasvase Tajo-Segura a las comarcas de la Vega Baja, el campo de Cartagena, la huerta de Murcia y parte de Almería, con lo que ello va a suponer en su agricultura.

Para Camps y Valcarcel va a resultar arduo defender que los diputados de sus respectivas autonomías voten a favor del Estatuto del "no trasvase", del mismo modo que resultará ininteligible para sus votantes. Especialmente resultará esperpéntico justificar un Estatuto que cierra un trasvase ya en funcionamiento y criticar los Estatutos que destierran la posibilidad de que se creen nuevos, como son los de Aragón y Cataluña.

¿Qué cara se les queda a los diputados del PP de la Comunidad Valenciana o de la Región de Murcia que se han pasado cuatro años espetando a sus cofrades socialistas que Zapatero quería secar la Comunidad Valenciana o la Región de Murcia, cuando ven que son sus compañeros de partido los que les clausuran el trasvase Tajo-Segura? ¿Quién no quiere ahora traer agua? ¿Seguirán apoyando a Rajoy como un solo hombre?

La clave del asunto no está tanto en la importancia del trasvase Tajo-Segura, sobre todo respecto al necesario trasvase del Ebro, sino en el precedente de claudicación que representa de las ideas sostenidas por los populares en materia hídrica durante años. Y aún siendo esto último relevante, no pasa de ser la punta de un iceberg que esconde el peligro que desplaza. Se está poniendo de relieve la falta de capacidad de Mariano Rajoy de liderar un proyecto, su absoluta carencia de capacidad de aunar voluntades, de sumar en vez de dividir.

La inacción de Rajoy frente a las tensiones centrifugadoras de algunos barones del PP empiezan a tener sus consecuencias, los que se lo advirtieron no están ya en los cuadros de mando de la calle Génova. No se puede predicar una cosa en Toledo y la contraria en Valencia. Que no se olvide el partido popular que con el gallinero revuelto, o lo que es lo mismo, con un partido dividido, no se ganan elecciones.

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