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Juan Morote

Hablar con todos

Que no olviden Barreda y de Cospedal: hablar con determinados sujetos sólo tiene interés para un psiquiatra o para un exorcista.

Juan Morote
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Ha dicho María Dolores de Cospedal que "hay que hablar con todos en bien y en beneficio de la comunidad". Más allá de la incorrección gramatical de la frase, la afirmación pronunciada por la secretaria general del Partido Popular es por lo menos preocupante.

La preocupación se incrementa cuando uno comprueba que no va por libre, que no es una iniciativa personal de la señora de Cospedal, sino que se trata de una nueva estrategia del PP. Lo que no sé si es tan cierto es que dicha estrategia sea la preferida por los votantes del susodicho partido. Ni siquiera tengo claro que sea tolerable para una buena parte de ellos. Debería enterarse el Partido Popular que hablar con determinados sujetos no es baladí, por cuanto supone un manto de legitimidad para el planteamiento sostenido por el interlocutor.

Si no se tratara de un tema tan serio uno diría, parafraseando a los taurinos del sur, que "el tema tiene guasa". Es decir, bajo una apariencia de cierta normalidad, el toro tiene muchísimo peligro. Pues igualmente el peligro que tiene para España el rumbo que ha tomado el Partido Popular es muy serio. Hemos sido muchos los que hemos criticado hasta el hartazgo la postura del PSOE, consistente en el "todo vale con tal de gobernar". Hemos señalado que la centrifugación de España, desarrollada a golpe de pacto con los nacionalistas, nunca ha tenido marcha atrás. Que cada vez que el Estado pierde una competencia ya nunca se puede plantear recuperarla, que la voracidad de los nacionalistas es total.

Parece mentira que el Partido Popular no se dé cuenta de una cuestión elemental, a saber, que los partidos nacionalistas pretenden conseguir la independencia de aquellos territorios en los que se asientan, y para conseguir este objetivo vale todo en algún caso, y casi todo en los demás. Hete aquí que ahora el PP se suma al carro del chalaneo, del mal llamado pragmatismo, del pasteleo más repugnante, de la renuncia a la idea para obtener la bicoca; y piensa que tiene puntos de contacto con el Bloque Nacionalista Gallego, o al menos, así lo ha balbuceado el presidente de honor del Partido Popular.

Me pregunto qué tendrá en común el PP con el BNG. Quizá Fraga tenga en común con los nacionalistas gallegos el odio a la libertad, que como siempre, no denota más que el miedo del mediocre. A bote pronto no se me ocurren afinidades; no me las represento en economía, ni en educación, ni en política industrial, ni en la agraria. O quién sabe, a lo mejor sí, en cuyo caso no nos hemos enterado de qué quiere hacer el PP si gobierna en Galicia.

En esta vida generalmente uno triunfa por sus méritos aunque, a veces, el objetivo se ve facilitado por los deméritos ajenos. En el caso de Rosa Díez, esto es más que evidente. El Prtido Popular le está lanzando los votantes a capazos. Más allá de la postura del decrépito fundador, que no olviden Barreda y de Cospedal: hablar con determinados sujetos sólo tiene interés para un psiquiatra o para un exorcista.

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