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Julio  Tovar

Pablo Iglesias, emperador desnudo

La tarjeta MicroSD que parecía en un principio ocultar “conspiraciones” revelaría más bien otro caso de despecho de los de toda la vida.

Julio  Tovar
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La tarjeta MicroSD que parecía en un principio ocultar “conspiraciones” revelaría más bien otro caso de despecho de los de toda la vida.
EFE

Los viejos despachos del edificio de Políticas en Somosaguas, facultad no especialmente lucida en su arquitectura, dan a una desangelada estepa parda; proyección clara de un aburrimiento que hacía muy rutinario el trabajo en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración. Pablo Iglesias, profesor del centro desde el año 2003, gustaba de distraerse de esa visión tan poco florida con la seducción profesor-alumna, en un dispositivo amoroso tan manido, ya citado por Freud, que se comentaba incluso con desprecio y hastío al inicio de la novela Sumisión, de Michel Houellebecq.

La declaración de José Villarejo ante el juez abundó en esta forma de actuar, de la cual se ha especulado tanto, y que sobrevuela en la relación de Pablo Iglesias con Dina Bousselham. Aquí la referencia es el caso Profumo, que inauguró la Inglaterra del Swinging London, al decir del historiador Dominic Sandbrook. Es decir, supuestamente el líder de Podemos potenciaría su eros convirtiéndose en un divertido personaje de Balzac y prometería favores, cargos y no pocos parabienes a las jóvenes enamoradizas que pasaban por su despacho.

Sería mezquino, sin duda, pero en ningún caso un problema legal; realidad miserable de cualquier universidad, instituto o colegio. Recuerden al primer marido de nuestra reina, que Dios guarde. Lo más complicado es que las mentiras de Iglesias no buscarían algo más que una satisfacción fugaz, y tanto Tania Sánchez Melero como Dina Bousselham se convertirían en ofelias de un hombre que no las vería más que como objetos deseables en su profuso e inabarcable grupo de acólitos (¿o más bien pelotas?). Favor por favor, entonces, en el cual se eliminaría la dádiva de Iglesias. Una de ellas habría sido una promesa de "matrimonio" que convierte a Bousselham en otra chenoa universitaria para un ego sin freno y que ni siquiera merece un Stefan Zweig que lo dramatice.

La tarjeta MicroSD que parecía en un principio ocultar "conspiraciones" revelaría más bien otro caso de despecho de los que han dado vida, narrativa y no poca ficción. Su trayectoria nos decía ya todo de su contenido antes que cualquier corrupto carpetero: comenzó por la revista Interviú, aquella de las orgías del director general de la Guardia Civil Luis Roldán, que nunca tuvo escrúpulos en mostrar las desgracias y el sexo en calcetines de nuestros políticos. Esta vez el director de la publicación sí los tuvo, una suerte para Iglesias, que no sufrió que unas imágenes lúbricas entre el gotelé y el bote del colacao caducado fueran el chascarrillo de toda la prensa conservadora.

En definitiva, la realidad, mucho más mediocre, es que una Bousselham despechada habría hecho capturas de chats y probablemente fotos de Iglesias que harían de éste un "machirulo" más. ¿La prueba? El sospechoso lanzamiento del estrambótico diario de izquierdas La Última Hora, domiciliado en el despacho de abogados del miembro de Podemos Enrique Santiago Romero y está dirigido por, ¿lo adivinan?, Dina Bousselham. Un turrón, un regalo, para evitar que la examante viva en la redacción de OK Diario, el gran modelo de La Ultima Hora, con todos los gastos pagados.

¿Quieren más pruebas? El comentario entre jocoso y ridículo de "azotar" a Mariló Montero, que no le costó ningún voto entre su parroquia. Esta curia, como afirma con verdadera sagacidad alguien nada de derechas como el sociólogo e historiador Emmanuel Rodríguez en ctxt, sólo puede juzgarse como "crédula" y aceptan todo de sus líderes. La captura, que probablemente provocó una crisis en ese Podemos gobernado como satrapía peronista, era parte de la tarjeta que conocían Interviú, Villarejo, Iglesias y Bousselham.

No, no había en esa tarjeta "datos clave" que vincularan a Podemos con Venezuela o Irán, sino seguramente imágenes comprometidas del "gran macho alfa" de la izquierda populista. La metáfora es evidente para cualquiera: el emperador podemita estaba desnudo, también en formato jpg. ¿Cuántos crédulos siguen sin verlo?

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