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FE Y RAZONES

101 españoles y Dios

En Cien españoles y Dios, José María Gironella planteó el mismo cuestionario a sus entrevistados. A Gonzalo Altozano le gustan las historias personales. Por eso cose sus preguntas a la vida de cada una de las 101 personas que se puso enfrente; el resultado es este No es bueno que Dios esté solo.

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El Pato Araújo es aquel mítico futbolista que dio su única liga al Sevilla con un gol de cabeza. Ya retirado, iba a ver al Cristo del Gran Poder todas las tardes, para pedirle por su hijo, que estaba muy enfermo. Sus plegarias no surtieron efecto, y en un gesto muy sevillano el jugador le dijo al Cristo: "A partir de ahora, si quieres que nos veamos, vas a venir tú a mi casa". Ese mismo verano, al paso del Jesús del Gran Poder le cayó un tormentón encima. "Rayos. Truenos. Relámpagos", relata Petón al hablar de esta historia. "Y los cofrades ven una luz encendida: la del despachito de la nave propiedad de Pato". "Y allá van", le dice Gonzalo Altozano. "¡Pom, pom, pom!, golpean la puerta. '¿Quién va?', pregunta Pato Araújo. '¡Jesús del Gran Poder, que pide refugio en tu casa!'".

Es una de las historias que encontrará el lector en el libro de Altozano. Son un centenar de valientes. Pero no por hablar de Dios. Aunque esa es una de las preguntas más recurrentes del periodista. "¿No tiene miedo?", "¿No tiene rubor?", "¿Se atreve...?". No. Son valientes porque Altozano no quiere acabar una entrevista sin haber sacado de su interlocutor todo lo que puede dar de sí.

El Loco de la Colina lanza una pregunta sobre su entrevistado y este responde cumplidamente. Pero entonces el Loco se calla. Y el silencio hace que los segundos pasen como cuchillas. Entonces, el entrevistado, impelido por un resorte, sigue hablando. Ya sin el mismo control sobre sus palabras. Altozano no se vale de la incomodidad del silencio. Pero utiliza las preguntas como un sacacorchos. Les da una vuelta, luego otra, y otra, hasta que, ¡zas!, queda libre el preciado contenido. Le pregunta a Jimmy Ríos, batería, si le duele que alguno de los músicos para los que trabaja (Krahe, Sabina, Bosé...) se rían de la Iglesia:

–¿Cómo responde?
–¿Qué quiere decir?
–Siga.

Hasta que...

–Y ante su fe...
–Mi amigo se queda sin argumentos.

Efectivamente, ante la fe de muchos de los que han pasado por el semanario Alba para hablar de Dios no caben argumentos. Muchos adquirieron su fe en casa y en el colegio, y quizás por eso varios, como Luz Calderón o Juan Velarde, Mamen Sánchez o Christian Vanneste, parecen volver a la fe de su infancia. Otros la adquirieron o la recuperaron en un viaje, como Ignacio Arsuaga (peregrinación a Czestochowa), Miguel Aranguren (una playa de Mombasa), María Vallejo-Nájera (un pueblo de Bosnia tras la guerra) o Rafa Lozano (Medjugorje). Vemos las crisis de fe. Las idas y venidas. Los hijos pródigos. Casos como los de Pilar Soto o un expresidiario de nombre Raúl Oreste. Conocemos a personas que convierten la condena de una silla de ruedas en una bendición. O una madre que sabe que pronto abandonará este mundo y confía en que Dios proveerá a sus hijos. Cuando no son algunos de esos entrevistados los que se encomiendan a la Providencia para su sustento.

Déjenme que resalte algunas de las historias que el lector podrá encontrar aquí. Mayka Merino Paz, enferma de cáncer, habla de cómo se siente: "Más que afortunada, privilegiada. Es gracias a mi falta de salud, a otro tipo de problemas, cosas que no puedo solucionar con mis puños, que dejo entrar a Cristo en mi vida". Y eso lo dice una mujer que ve el cielo como "la ausencia absoluta de dolor".

Ángel de Fana, ex preso político cubano, le dice al autor: "La cárcel no es el infierno porque en ella también está Dios. Además, en el infierno uno no tiene amigos y allá sí. Y luego están las pequeñas satisfacciones que no hay en el infierno", como "las risas con los compañeros". Mantenían la fe "con actividades como la celebración de misa".

–Pero ¿les dejaban celebrar misa?
–No, lo hacíamos clandestinamente.

Todos los 24 de diciembre leían a los militares un mensaje de Navidad. "Les hablábamos del nacimiento del Niño Jesús como salvación para todos. Era un mensaje de amor". "Se hace más daño el que odia que al que se odia".

Bosco Gutiérrez, secuestrado en Méjico, cuenta cómo sus captores comenzaban insultándole y acababan preguntándole de dónde sacaba "tanta fuerza". Lo explica repitiendo lo que le decía a uno de ellos:

No te tengo miedo. ¿Sabes por qué? Porque no voy a morir ni un minuto antes ni un minuto después de que Dios (y no tú) quiera.

Fabio McNamara: "Vivía alienado, bajo los efectos de un montón de sustancias. Y buscaba la felicidad donde no estaba: en la droga, en el sexo, en la fama...".

–¿Y dónde lo ha encontrado?
–En Jesucristo. Él lo es todo: el médico que te sana, el maestro que te enseña, el amigo que nunca falla...

Fabio de Miguel, que así es su verdadero nombre, dice que incluso cuando no tenía fe quería a Cristo y a María. "¿Qué pensaba entonces, cuando se acordaba de ellos?". "Que tengan compasión de mí", fue su respuesta, que ciertamente duele.

Shane Paul O'Doherty se convirtió al catolicismo en la cárcel, y dice de la banda terrorista a la que perteneció: "En el IRA aprendes que al enemigo no se le ama: se le mata". También está Bernard Nathanson, que dice: "He sido un asesino en serie". Habrá dirigido unos 75.000 abortos, incluido el de su hijo. La entrevista es para leerla sentado, y casi agarrado a la mesa.

Los protagonistas de este libro nos hablan de la oración, de las enseñanzas que encuentran en los Evangelios; o en Chesterton, San Juan de la Cruz o San Agustín con sus Confesiones, la obra más citada aquí. Paco Segarra da cuenta de las lecturas que le llevaron al ateísmo, del que le rescató una experiencia personal: Nietzsche, Hume, Berkeley... También hablan de música: Kris Kristofferson, Dexter Gordon, Bach. Y pintores, arquitectos... Juan Manuel de Prada dice:

Una de las razones del agotamiento de la fe en Occidente es que casi no hay católicos empeñados en transmitir la belleza a través del arte, de la literatura...

El libro también tiene algo de conversación, pues Altozano engarza respuestas anteriores en nuevas preguntas. Como cuando habla con César Pérez de Tudela:

–Kallene, De la Quadra, Marichalar... Todos hablan de la aventura de la fe.
–¡Qué bonito título para un libro acaba de sugerirme! Mis sobrevivencias, mis tragedias, mis miedos... son nada más y nada menos que aventuras de la fe.

Siguiendo el canon periodístico, Altozano nos presenta a cada entrevistado con un pequeño párrafo introductorio impagable. Altozano es muy buen escritor, y esas breves catas son de lo mejor del libro.

No querría poner el punto final sin animar al lector a que se acerque a un kiosko y pida un ejemplar de Alba. Los lectores habituales de estos suplementos se sentirán en casa al abrir el semanario por cualquiera de sus páginas.


GONZALO ALTOZANO: NO ES BUENO QUE DIOS ESTÉ SOLO. Ciudadela (Madrid), 2011, 334 páginas. 

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