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NUEVA EDICIÓN DE UN CLÁSICO

Capitalismo: el ideal desconocido

Pocos saben que el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan ha defendido siempre el libre mercado, en buena medida, por la influencia que la pensadora y novelista Ayn Rand tuvo en su desarrollo intelectual.

Gorka Echevarría Zubeldia
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En sus memorias, Greenspan dice estar "agradecido" por la influencia que tuvo Rand en su vida. Y añade:
Estaba intelectualmente limitado hasta que la conocí. Todo mi trabajo había sido empírico y basado en los números, nunca orientado hacia los valores (...) Rand me convenció de observar a los seres humanos, sus valores, su manera de trabajar, lo que hacen y por qué lo hacen y cómo piensan y por qué piensan. Eso ensanchó mis horizontes mucho más allá de los modelos de economía que había aprendido. Empecé a estudiar cómo se forman las sociedades y se comportan las culturas, y a darme cuenta de que la economía y las predicciones dependen de esos conocimientos: las diferentes culturas crecen y crean riqueza material de modos profundamente distintos. Todo eso empezó para mí con Ayn Rand. Me introdujo en un reino inmenso del que me había mantenido desterrado yo solo.
Bajo el influjo de Rand, Greenspan se percató de que la única respuesta al colectivismo era el individualismo de los Padres Fundadores de EEUU y la defensa moral del capitalismo que su mentora había hecho en su principal obra, La rebelión de Atlas.
 
En Capitalismo: el ideal desconocido, una antología de textos de la propia Rand, el propio Greenspan, Nathaniel Branden y Robert Hessen, el ex presidente de la Reserva Federal afirma que el capitalismo se fundamenta en "el interés personal y la autoestima", y que la integridad y la fiabilidad son "virtudes cardinales" que pueden rendir beneficios en el mercado si lo que se cultiva es la virtud, y no el vicio.
 
Para los seguidores de Rand como Greenspan, el capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluyendo los derechos de propiedad, por los cuales toda propiedad es poseída por "entes privados". Sin embargo, no existe un capitalismo tal sobre la faz de la tierra, por la multitud de leyes que restringen y socavan el libre mercado. Por cierto, quien dijera que Bush comenzó la guerra de Irak por controlar el petróleo de este país advirtió en su momento de que las normativas de protección al consumidor parten de la falacia de que la codicia mueve al empresario a engañar a aquél. Pero precisamente es esa codicia, o mejor dicho, la búsqueda de beneficios del empresario, lo que más puede proteger al consumidor.
 
Como subraya Greenspan, "se requieren años de desempeño consistentemente excelente para adquirir una reputación y cimentarla como un activo financiero". "Después de eso, se necesita un esfuerzo todavía mayor para mantenerla: una empresa no puede permitirse arriesgar sus años de inversión dejando caer sus estándares de calidad por un momento o un producto inferior; ni sería tentada por alguna victoria rápida potencial".
 
Las leyes en defensa del consumidor acaban por socavar los incentivos naturales de los empresarios para generar confianza entre los consumidores. Esto es así porque se introduce la sospecha sobre el comportamiento de los primeros y se mete en un mismo saco a todos, sean cuales sean sus méritos o deméritos.
 
Para Greenspan como para Rand, lo mejor del capitalismo es que convierte a los hombres en comerciantes que se relacionan voluntariamente. Los hombres pueden cooperar o no, según su propio interés, y tienen en la propiedad un baluarte que les permite, precisamente, disentir: y es que quien no tiene propiedad queda en manos de otro, que decide por él y determina el curso de su vida.
 
La propiedad, fundamento del capitalismo, permite al hombre vivir como ser racional. Esto también hace grande al capitalismo, no sólo el hecho de que posibilite el progreso exponencial de las sociedades que lo practican. El libre mercado, recordemos, permite multiplicar el valor del trabajo individual y que cualquiera pueda disfrutar de los productos y servicios de los hombres más geniales de todos los tiempos, desde Eddison hasta Henry Ford.
 
La famosa "jungla capitalista" –donde, como dijo Pablo VI, "en mala hora el provecho se considera el motor esencial del progreso (...) y la propiedad privada de los medios de producción, un derecho absoluto"; de este autor se ocupa Rand en uno de los mejores artículos del libro: "Réquiem por el hombre"– es un paraíso donde los más hábiles ofrecen lo mejor de sus mentes al resto.
 
Al leer esta obra, que contiene la que quizá sea la mejor defensa moral del capitalismo, uno siente lo mismo que asegura Greenspan sintió al hablar con Rand por primera vez, lo que se siente cuando te embarcas en una partida de ajedrez pensando que eres muy bueno y te dan jaque mate enseguida: que mucho de lo que tenías por cierto no es sino un error fenomenal.
 
 
A. RAND, A. GREENSPAN ET AL.: CAPITALISMO: EL IDEAL DESCONOCIDO. Grito Sagrado (Buenos Aires), 2008, 437 páginas.
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