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CAN SHE BE STOPPED?

Cómo frenar a Hillary Clinton

Tras las legislativas, la siguiente cita electoral norteamericana son las presidenciales de 2008, y quienes quieren competir en ella andan ya colocándose en la línea de salida. Ahí están ya, por ejemplo, Rudolph Giulani y a John McCain dando los primeros pasos del largo camino que lleva a la nominación republicana. ¿Y los demócratas?

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Hasta ahora se han dedicado a celebrar la victoria, a las luchas internas –lo que le ha valido a Pelosi el primer revolcón, en la persona de su protegido John Murtha– y a empezar a pensar en qué deben responder al presidente Bush acerca de la estrategia que ha de seguirse en Irak (porque una cosa es criticar y otra hacer propuestas serias y viables). Pero de lo que pocos dudan es de que Hillary Clinton intentará volver a la Casa Blanca. Para lograrlo, hace ya tiempo que está apostando por ofrecer una imagen mucho más moderada de sí misma y alejada de la percepción que muchos, incluso en su propio partido, tienen de ella: una persona que, por ambición, es capaz de humillarse (recuérdese el caso Lewinski) y, lo que es peor, una izquierdista convencida, forjada en todos los clichés de la generación de mayo del 68, para quien la realidad debe ser violentada hasta que encaje en su ideología.
 
Así las cosas, el objetivo declarado del último libro del conocido columnista conservador John Podhoretz es detener a Hillary. Por su posición y trayectoria, Podhoretz tiene capacidad para articular una estrategia anti-Hillary inteligente y efectiva: colaborador de las principales revistas conservadoras, entre ellas National Review y Weekly Standard, escribe regularmente en el New York Post y es comentarista político en Fox News, lo cual no le impide aparecer con frecuencia en la CNN. Su pedigrí conservador viene avalado por su periodo de redactor de discursos para Ronald Reagan y George Bush padre. Además, este brillante periodista y escritor ha ganado en cinco ocasiones el concurso televisivo Jeopardy!, un auténtico fenómeno en Estados Unidos, en antena desde hace décadas, en el que debe demostrarse conocimientos en múltiples campos (al estilo de ¿Quién quiere ser millonario?).
 
Can She Be Stoped? tiene el gran mérito de dar la voz de alarma acerca de una previsible candidata a la Presidencia minusvalorada, según nuestro autor, por quienes no comparten sus tesis. Ya hemos comentado que Hillary tiene en su contra el ser percibida como demasiado escorada hacia la izquierda, lo que le aleja del sentir de la inmensa mayoría de los norteamericanos y le sitúa como una de las personas que produce mayor rechazo entre las filas conservadoras. Pero, alerta Podhoretz, Hillary lleva varios años limando aristas y trabajando duro por presentar una imagen mucho menos polémica, con la que pueda sumar apoyos más moderados, muy en la línea que tan buen resultado ha reportado a los demócratas en las últimas elecciones. Además, continúa, Hillary posee algunos de los rasgos que todo candidato con expectativas de éxito debe poseer: inteligencia, capacidad para recaudar fondos (ayudada por su marido, uno de los más potentes captadores de dinero) y, sobre todo, notoriedad (para bien o para mal: lo importante hoy en día parece ser aparecer en la pantalla y ser reconocido, aunque no se sepa muy bien en qué se fundamenta la fama del personaje).
 
Las recetas que da Podhoretz para frenar la ascensión de Hillary son dignas de estudio y reflexión también para quienes se dedican al análisis electoral por estos lares. En primer lugar, recomienda dejarla al descubierto y forzarla a que se manifieste respecto de temas conflictivos, para así extremar su imagen. En Estados Unidos hay un modo de hacerlo: consiste en forzarla a votar. Recordemos que Hillary es senadora... y que los miembros de la Cámara Alta estadounidense disfrutan de una amplia libertad de voto. (Estrategia, como a nadie se le oculta, de difícil aplicación en nuestro sistema político, lo cual dice mucho de sus carencias). Cuando se vota centenares de veces en un año es muy difícil mantener la coherencia, y la posibilidad de dar un resbalón, y de que el rival lo explote, está ahí.
 
Algunos de los puntos en que la senadora Clinton puede fallar son especialmente sensibles. No respaldar ciertos recortes de impuestos le podría hacer perder apoyos decisivos en el estado clave de Florida. Sus planes para la Sanidad son muy impopulares y han sido tildados de socialistas, uno de los peores epítetos que se pueden cosechar en Estados Unidos. En cuanto a la arena internacional, muchos norteamericanos no quieren que su país haga de gendarme universal, pero son incluso más los que desconfían de una ONU con poder real, a la vista de cómo ha actuado hasta el momento: en el mejor de los casos, no ha mejorado para nada la situación que se le encomendaba; en el peor, y de modo general, se ha mostrado incapaz de poner coto a los mayores desmanes. Si el debate en torno a Irak ha favorecido a los demócratas, el que atañe a la ONU favorece a los republicanos. Y si los demócratas quieren proponer una salida al embrollo iraquí es probable que piensen en apoyarse en Naciones Unidas
 
Otras recomendaciones se centran más en el momento de la verdad: la campaña de 2008. Dar protagonismo a Bill Clinton, difícilmente controlable, puede ser una buena estrategia para los republicanos, aunque también hay quien piensa que el ex presidente, al menos, es un ganador, no como el perdedor por antonomasia, el ahora metido a profeta catastrofista Al Gore. Aunque quizás la mejor propuesta sea la más obvia: oponerle un buen candidato.
 
Podhoretz lo tiene claro: el candidato debería ser Rudy Giulani. Ni John McCain ni ningún otro de los posibles postulantes republicanos.
 
¿Por qué aboga Podhoretz por una alternativa que muchos no ven nada clara? Porque Giuliani (que vivió el 11-S como alcalde de Nueva York) es muy popular, porque ha actuado como conservador en un entorno tan extremadamente liberal como Nueva York y porque no forma parte del establishment de Washington, que tantos recelos levanta en muchos estados. A McCain lo desacreditan sus coqueteos con algunos liberals; coqueteos que incluso podrían quebrar al Partido Republicano.
 
Podhoretz descarta al resto de posibles candidatos por diferentes motivos: Allen, que sería un buen presidente, por su escasa notoriedad (y más ahora, que ha sido derrotado, por escaso margen pero derrotado, en Virginia); Romney, porque es mormón; Rice, porque nunca ha sido votada para un cargo; Jeb Bush, porque confesó al propio Podhoretz que no se iba a presentar.
 
¿Está cerrado el catálogo de aspirantes a la Presidencia por parte republicana, o aún puede saltar alguna sorpresa? Lo sabremos, probablemente, el año que viene. En cualquier caso, la tarea de desenmascarar a Hillary Clinton y su agenda radical ya se ha puesto en marcha.
 
 
 
JOHN PODHORETZ: CAN SHE BE STOPPED? Random House (Nueva York), 2006; 272 páginas.
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