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NUEVO LIBRO DE SAVATER

Diccionario del ciudadano sin miedo a saber

No es honesto enunciar las reglas del juego junto con proposiciones que favorecen a una de las partes. Cuando se actúa así, no hay fair play que valga ni posibilidad alguna de entablar una discusión digna de tal nombre. No se apuren: enseguida entro en materia, voy al grano.

Miguel Gil
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Las veinte voces que componen el Diccionario del ciudadano sin miedo a saber de Fernando Savater pretenden ser algo así como un abecedario definitivo de la democracia y la ciudadanía, pero en realidad, además de esto, representan un alegato por la socialdemocracia, como única alternativa democrática posible, y por el laicismo, como exigencia irrenunciable de las sociedades que se tengan como tales.
 
Trampa. ¡Que sí, que aunque aún muchos no lo crean, hay vida democrática más allá de Europa!
 
El siempre estimulante y provocador Savater aprovecha este breve ensayo didáctico para resaltar las contradicciones más evidentes de la izquierda, en concreto –pero sin citar siglas– las de la pretendidamente progresista izquierda española. El ejemplo más evidente se concreta en la estratégica alianza de ésta con los nacionalismos: "La verdad es que una persona de izquierdas puede simpatizar con el nacionalismo, desde luego, pero sólo como un cura puede ser ateo: contradiciéndose". Amén.
 
Savater.Muy diferente resulta su descripción de la derecha y la izquierda. Savater constata que los partidos adscritos a estas categorías mezclan ideologías, aunque, con todo, considera válido hablar de un "cierto perfil político" de izquierdas o derechas. Admite que ambos perfiles pueden ser progresistas o reaccionarios, pero, a la hora de los encasillamientos, por ejemplo, cuando habla de la postura de unos y otros ante las libertades personales, Savater cae en la demagogia más chusca y falaz: "Cada cual preserva unas y persigue otras, la derecha por razones religiosas y la izquierda por razones higiénicas". Será todo lo aseado que se proponga, pero el pretendido razonamiento ni es serio ni es racional.
 
Tampoco se resiste al tópico del malvado y salvaje capitalismo, y a subrayar las diferencias en materia económica. Pese a que acepta que "el sistema capitalista en general es el mejor, visto el fracaso de sus alternativas colectivistas", Savater saca pecho y destaca el egoísmo de la derecha frente a la solidaridad de la izquierda:
Parece que la derecha –cuya medida de eficacia temporal es el beneficio económico inmediatamente calculable de quienes viven hoy– se preocupa menos por la conservación de recursos naturales y formas de convivencia tradicionales, mientras que la izquierda apuesta por el largo plazo en ecología y el mantenimiento de la fraternidad aunque produzca pocas ganancias inmediatas.
Sin comentarios.
 
A lo largo del diccionario se hace patente la obsesión antirreligiosa del promotor de UPD, así como su creencia en la existencia de una derecha sometida al yugo de unas cuantas sotanas. A la hora de abordar los sectarismos, alerta sobre los dos que supone más importantes: el clericalismo ("por lo general apoyado electoralmente por la derecha") y el nacionalismo ("apoyado también por lo general electoralmente por la izquierda"). Por otro lado, su tic laicista le lleva a ridiculizar el término laicidad, que define como el grado de laicismo que algunos están dispuestos a soportar.
 
Savater no oculta su fobia hacia la Iglesia, y aunque esgrime el Evangelio como argumento de autoridad: "Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César", interpreta esa célebre máxima como un llamamiento a "resguardar las instituciones y leyes civiles de la férula religiosa". De hecho, va más allá y niega a las autoridades religiosas la posibilidad de que lo sean en el orden moral. ¿Y si así lo quieren los ciudadanos? Menos mal que les deja "establecer lo que es pecado para sus feligreses", pero mezcla conceptos y, a la par que constata una evidencia –que no pueden establecer lo que es delito para los ciudadanos–, les niega sectariamente la posibilidad de manifestar en público sus opiniones. No pueden proponer públicamente lo que en su opinión es "indecente".
 
La cerrazón de Savater en este aspecto le lleva a manifestar que "en ocasiones" la religión, un asunto privado (según él, naturalmente), puede ser exteriorizada, manifestada públicamente ("procesiones, misas..., pero siempre a título privado"). ¿Qué tendrá que decir él acerca de lo que diga o no diga, mientras no medie coacción, una institución o un ciudadano?
 
En definitiva, Savater aboga por una opción moral estatal que invade tanto la esfera privada de los ciudadanos como la de las instituciones y asociaciones que éstos alientan. Pero no todo son sombras: el Savater brillante y agudo aparece en las definiciones de nacionalismo, inmigración (critica con la acogida acrítica de sus manifestaciones comunitarias, en ocasiones anacrónicas y anticonstitucionales: "Sería absurdo que ahora las acogiésemos de nuevo y venerásemos como fetiches intangibles de importación"), terrorismo y políticos.
 
Perfecto manual de apoyo a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, este diccionario de Savater se ve invadido por la tensión latente –y contradictoria– entre asistencialismo y autonomía. Si por un lado no admite duda ante cuestiones como la Seguridad Social o los planes de pensiones estatales, también previene frente al mal del paternalismo ("El vicio de los gobiernos y de las autoridades públicas de empeñarse en salvar a los ciudadanos del peligro que representan para sí mismos"), o aboga por una autonomía en la que se puedan seguir "comportamientos que uno mismo lamente amargamente después"...
 
Materialista hasta sus últimas consecuencias, Savater niega la posibilidad de la libertad en la miseria, "que es la mayor de las injusticias en sociedades razonablemente prósperas"; lo que le lleva a proponer que nadie deba ser "obligado a ser pobre, ni siquiera por culpa de sus muchos pecados". Cuadra el círculo.
 
 
FERNANDO SAVATER: DICCIONARIO DEL CIUDADANO SIN MIEDO A SABER. Ariel (Barcelona), 2007, 88 páginas.
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