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ZAMBRANO, SEGÚN ULLÁN

Esencia y hermosura

Mientras no exista una edición decente de las obras completas de María Zambrano, es decir, una edición limpia y libre de manipulaciones del texto y de la vida de la autora, seguiré leyendo con muchas reticencias las antologías que se han publicado de esta grandiosa pensadora. Tampoco se libra de esta observación la antología de José-Miguel Ullán.

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Cien reparos tengo sobre su selección. Aquí no está representada toda la obra de Zambrano, ni mucho menos contiene lo esencial; tampoco está lo mejor de esta autora, como algún osado se ha atrevido a balbucear.

Pero la selección de Ullán, por fortuna o por el "azar concurrente" de Lezama Lima, cuenta a su favor, aunque suene irónico, con la arbitrariedad sentimental del hombre de letras, del hombre absorto y ensimismado por la literatura. Porque Ullán era, y así lo refleja su relato prologal, un hombre entregado por entero a la vida literaria y cultural, llevó a cabo una selección poética. Vital. Puede que no nos guste la poesía del propio Ullán, incluso es posible que critiquemos sus poemas por un hermetismo intraspasable, cerrado e incomprensible, pero nadie le quitará jamás al bueno de Ullán que viviese entregado por completo al mundo de las letras. Fue un gran hombre literario dedicado por entero, como si de una religión se tratara, a su trabajo cultural. Literario. Hubo coherencia, muchísima coherencia, tanta como decencia, en su obra y su vida. Todo eso queda reflejado en esta antología.

Es cierto que no hay una estética en el prólogo de Ullán que justifique los textos seleccionados, pero nos da algo más sensato y realista: una poética. Nada de razones y justificaciones sobre la obra. Nada de arruinar con argumentos la belleza. Bastan unas pocas indicaciones para saber ver el desplazamiento de lo bello, de la vida, a la obra. Ullán opta por unas sencillas anotaciones, en realidad, una narración sobre cómo la vida se hace arte y viceversa.

Relata, en efecto, cómo la vida, la cotidiana vida, de Ullán, el antólogo, y Zambrano, la pensadora, se cruzan en un momento determinado, conviven y discuten, sienten juntos penas y alegrías sin que, a veces, pueda distinguirse lo que es fruto del pensamiento solitario o de la charla cotidiana real o imaginada entre ellos y su comunes amigos, a veces presentes y en la mayoría de los casos ausentes, que participan en esa conversación interminable sobre la filosofía, el cuento de nunca acabar, y la poesía y las artes, las lenguas exactas de lo real.

Ullán cuenta, cuenta y cuenta, en su relato prologal, hasta conseguir confundirnos sobre "el trastorno", en realidad, sobre la perturbación a la que siempre estuvieron sometidas la obra y la vida tanto de Zambrano como de quienes se le acercan antes y después del regreso a España. Pues, sí, en eso estamos todavía. El diagnóstico poético de Ullán sigue siendo certero: trastornaron a Zambrano, y lo peor es que el trastorno "se volvió autónomo; y nos alcanzó a muchos, te situaras donde te situaras: en uno u otro bando, o en ninguno." Quizá, por eso, el criterio último y definitivo de esta antología lo extrae Ullán del más grande hombre de letras, el primer humanista de la lengua española del siglo veinte, Alfonso Reyes.

Es un criterio sencillo. La escritura y la lectura son antes que nada vida, vida carnal y espiritual, o no son nada. Esta antología, sí, tiene que leerse haciendo uso de eso que Reyes llamaba la recta aprensión sensorial: "La oreja, la laringe, la lengua, aunque sea con los ojos, perciben interiormente una repercusión fonética en las secuencias verbales, un movimiento y ritmo. Hay una vivacidad natural que debe alertarse con la práctica; hay que saber despertarla a este sentimiento, sin el cual se habrá perdido mucho".

Los fragmentos han sido escogidos con criterios materialistas. Vitales. El alma del poeta sobresale por el del filósofo. Ullán se deja guiar más por el sonido que por el fondo. Hace bien. El sentimiento e incluso los presentimientos son anteriores, y quizá superiores, a la razón, a un sistema u orden concebido que jamás se cumple.

He aquí unos cuantos textos esenciales y hermosos de Zambrano elegidos con un alma tan arbitraria como exacta. Es el corazón de un hombre de letras. Vital. El relato prologal de Ullán a esta antología sólo indirectamente justifica lo injustificable: la vida del pensamiento. Un saber sobre el alma. Esa sabiduría traspasa, va más allá del mero conocimiento, porque es inseparable de un hablar común, de una comunicación que la propia Zambrano hace realidad, de nuevo, en su circunstancia vital. Sin la vida, incluida la del pensador, la razón es poco menos que geometría para pedantes. He ahí la primera dificultad para comprender a María Zambrano. Es evidente la relación que puede establecerse entre la vida y la obra de un autor, pero el caso de María Zambrano es muy singular. No es cuestión de grados y matizaciones, sino su seña de identidad. Me atrevería a decir que buena parte de la obra, por no decir toda, de María Zambrano es su vida.

Más aún, su obra consiste en una peculiar forma de contarnos su vida. María Zambrano es, sin duda alguna, una heredera del mejor Nietzsche, porque ha hecho de su vida una obra de arte. Ahí reside la dificultad, el límite, de los muchos biógrafos, especialistas y profesores que le han salido a la pensadora. Resulta más que difícil, casi imposible, escribir una biografía del Arte. La vida de María Zambrano. Ullán intuye esa imposibilidad, incluso reconoce los límites de su relato prologal, pero trata de solventarlos dialogando con una tradición intelectual que se expresa sólo y exclusivamente en español, y a la que María Zambrano ha dado más que voz: pensamiento poético.


MARÍA ZAMBRANO: ESENCIA Y HERMOSURA. Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores (Barcelona), 2010. Selección y relato prologal de JOSÉ-MIGUEL-ULLÁN.
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