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11-M

La cuarta trama

Acabo de terminar la lectura del libro La cuarta trama, escrito por José María de Pablo, abogado de la acusación particular en el juicio por los atentados de Madrid, donde actuó en representación de más de un centenar de miembros de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

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A lo largo de cinco años, unos pocos medios de comunicación hemos estado poniendo de relieve las contradicciones de una versión oficial del 11-M que se iba deshaciendo poco a poco ante los atónitos ojos de la opinión pública. Los españoles veían mes tras mes amontonarse los sinsentidos, las manipulaciones, las ocultaciones y las incoherencias, mientras que las instancias oficiales se empeñaban en negar la evidencia y en decir que todo estaba ya aclarado.

Ante la imposibilidad de aportar la más mínima prueba que desmontara las denuncias de manipulación, ante la imposibilidad de exhibir la más mínima prueba que acreditara la autoría islamista del atentado del 11-M, desde el gobierno y sus medios de comunicación afines se han limitado, durante todo este tiempo, a intentar descalificar toda esa serie de investigaciones, de El Mundo o de Libertad Digital, tachándolas de mera "teoría de la conspiración" o sugiriendo la existencia de motivaciones políticas espurias.

Es por eso que resulta de agradecer la publicación de La cuarta trama, porque parte de un enfoque novedoso y muy interesante. José María de Pablo ha tomado, para la confección del libro, toda la documentación oficial recopilada durante el juicio y la instrucción de la causa y, prescindiendo de otras informaciones publicadas por los medios de comunicación (y que podrían, por tanto, estar sujetas a debate), va analizando con el lector todas esas "verdades oficiales".

El autor ha hecho un ímprobo trabajo de documentación, a lo largo de más de un año, y las notas a pie de página van proporcionando las referencias documentales de cada una de las afirmaciones realizadas. Porque todo lo que en el libro se cuenta está respaldado documentalmente por los informes policiales, por las declaraciones de los testigos ante el juez Del Olmo o en el juicio y por los análisis periciales emitidos durante la instrucción de la causa.

Nadie puede acusar al autor, por tanto, de no ceñirse escrupulosamente a lo que la propia Justicia ha dado por sentado, de basar sus conclusiones en datos periodísticos no contrastados o de urdir ningún tipo de teoría de la conspiración. El autor parte de lo que ha quedado probado en las sentencias de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo y va desgranando conclusiones ciertamente aterradoras.

Con esos mimbres, con la documentación que establece la verdad judicial del caso, De Pablo construye el relato de los hechos y demuestra que, aunque creyéramos de principio a fin todo lo que nos han contado oficialmente sobre los atentados del 11 de Marzo, detrás de los culpables oficiales, detrás de la supuesta mano de obra de la masacre, detrás de los tres grupos de acusados que la versión oficial identifica, forzosamente tendría que existir otra trama aún no identificada, que sería la que habría movido los hilos de esas marionetas que son los implicados que hasta ahora conocemos.

En otras palabras: que los propios datos oficiales demuestran que existen unos autores intelectuales que aún no han sido identificados, que existen otros participantes en la logística del atentado cuyos nombres aún no sabemos y que existen otros implicados, encargados de manipular las investigaciones, que aún no han sido procesados.

Es a ese conjunto de responsables aún desconocidos a lo que De Pablo se refiere cuando habla de una "cuarta trama". El autor deja constancia, a este respecto, de las distintas hipótesis existentes en cuanto a la identidad de esa trama fundamental del atentado: ETA, las cloacas del Estado, servicios de información extranjeros..., pero evita decantarse por una u otra, dejando que el lector elija la solución que prefiera. Aunque recalca, eso sí, el inquietante hecho de que los intentos constatados de manipular las investigaciones forzosamente requieren de la existencia de complicidades en nuestros propios servicios de información.

El libro presenta, en primer lugar (partes I a IV), las tres tramas de delincuentes que la versión oficial identifica como participantes en el atentado: la asturiana, encargada de suministrar los explosivos; la delincuencial, articulada en torno a Jamal Ahmidan (el Chino), y la islamista, articulada en torno a Serhane Farkhet (el Tunecino). A continuación se da cuenta de los prolegómenos de la masacre, indicando la participación que cada una de esas tramas tuvo, y se narran los hechos sucedidos el 11 de marzo.

La parte V, la fundamental, analiza las distintas pruebas fundamentales del caso. Es un relato minucioso, pero muy ameno, que no podrá dejar de escandalizar a quienes no hayan seguido las investigaciones del 11-M y no estén al tanto de la infinidad de indicios de manipulación de pruebas existentes en la causa.

Particularmente memorable es el capítulo 15, dedicado a los explosivos, en el que De Pablo analiza, con una contundencia y una ironía notables, las declaraciones en el juicio del que fuera jefe de los Tedax, Sánchez Manzano; las de su jefa de laboratorio; las afirmaciones de la Fiscalía y las pruebas periciales de explosivos realizadas. Son tan abrumadoras las evidencias de cómo se mintió en el juicio para justificar la inexistencia de análisis de los restos encontrados en los trenes y para evitar, en definitiva, que sepamos qué estalló aquella mañana, que resulta imposible no preguntarse cómo pudo el juez Gómez Bermúdez no tomar medida alguna para castigar el perjurio, obligar a la entrega de toda la documentación existente y repetir los análisis hasta que se aclarase cuál fue el arma del crimen.

Tras acabar la parte V, ningún lector puede dejar de compartir la conclusión de José María de Pablo: la propia historia oficial demuestra que tuvo que existir otra trama de implicados, a los que no se ha juzgado y que serían responsables de la autoría intelectual del atentado, de buena parte de la logística del mismo y de la posterior manipulación de las pruebas y de las investigaciones. El libro finaliza con unas reflexiones acerca de la posible identidad de esa cuarta trama, aunque el autor deja constancia de que no sabemos todavía quién la forma y de que nos movemos, por tanto, en el terreno de las hipótesis.

En conjunto, la obra de De Pablo resulta imprescindible para todos aquellos que quieran saber lo que hasta ahora constituye la verdad judicial del 11-M o que se hayan perdido hace tiempo entre la maraña de datos sobre el atentado y quieran tener una panorámica general de las investigaciones. También resultará enormemente útil, como referencia, para todos aquellos que sí hayan seguido las investigaciones y quieran refrescarse la memoria con los detalles relativos a las pruebas principales del caso, a los principales grupos de implicados y a los episodios más significativos que componen el relato de los hechos.

Estas personas más familiarizadas con las investigaciones periodísticas sobre el 11-M echarán de menos en el libro una actitud un poco más crítica con determinadas verdades oficiales, que José María de Pablo parece aceptar sin cuestionarlas. Por ejemplo, toda la delirante historia del transporte de los explosivos desde Asturias en el fin de semana del 28 de febrero de 2004, que presenta como un hecho probado, cuando todas las evidencias apuntan a que aquel viaje nunca se produjo.

Pero es que el enfoque del libro obligaba a dar por buenas ciertas partes de la historia, aun teniendo dudas sobre su falsedad, so pena de no poder basar las argumentaciones en documento oficial alguno. Cuestionar cada aspecto de la versión oficial del 11-M hubiera llevado a De Pablo a recurrir a informaciones periodísticas que jamás se llegaron a analizar en el juicio, lo que hubiera permitido que se desechara su obra como un producto más de la teoría de la conspiración. Lo que da valor al libro es, precisamente, que está escrito por un abogado del juicio que acepta, al menos en el plano teórico, las sentencias que la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo han emitido y que basa sus argumentos en lo que la Audiencia y el Supremo han analizado.

Así que me parece un acierto que De Pablo se haya centrado en aquello que es demostrable a partir de la propia documentación oficial. Con sólo eso ya se desmonta la falsa historia del 11-M, que desde un principio nos quisieron vender.

En resumen: un libro muy oportuno, muy bien documentado, muy bien estructurado y muy bien escrito, que no dejará indiferente a nadie que intente comprender con un mínimo de objetividad en qué consistió en realidad el 11-M.


JOSÉ MARÍA DE PABLO: LA CUARTA TRAMA. Ciudadela (Madrid), 2009, 432 páginas.

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