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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La incompetencia

Abundan las colecciones de libros abominables, escritos para ejecutivos y emprendedores de escasas luces, que se venden sobre todo en estaciones de AVE y aeropuertos; se trata de una vertiente business de la autoayuda y suelen ser un centón de citas mezcladas de Ortega y Tagore, Paulo Coelho y Warren Buffet. No obstante, en ese montón de títulos que, imagino, servirán a alguien, aparece de tanto en tanto una perla.

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Es el caso de La dictadura de la incompetencia, de Xavier Roig, que apareció primero en catalán y que ahora ha sido traducido a nuestra lengua común.

El hecho de que esta obra haya tenido éxito en su lengua de origen habla bien de la sociedad civil catalana, que está hasta las orejas de incompetencia pública, de una clase política que, si bien se parece mucho al conjunto de la española, está bastante más alejada de la realidad, que ya es decir. Y que conste que esta afirmación no excluye ni exime a las demás administraciones autonómicas. No es un libro sobre Cataluña ni sobre España, sino sobre la incompetencia generalizada.

No me resisto a reproducir aquí el primer párrafo de Roig, que a mí me enganchó al texto. El capítulo se titula "Una extraña sociedad civil". Y dice así:
Hace un tiempo, un consejero de la Generalitat reunió a diez personas, entre las cuales estaba un servidor. Quería que aportáramos algunas ideas útiles. Nos había convocado para conocer la opinión de lo que calificó como "sociedad civil". Cuando ya hacía un buen rato que la reunión había comenzado, eché un vistazo a mi alrededor y me di cuenta de que, de los diez invitados civiles, sólo tres nos ganábamos la vida con el dinero del sector privado. Había profesores, miembros de fundaciones, directivos de entidades que no eran sociedades anónimas, etc. De todos aquellos individuos, sólo tres recibíamos un salario procedente de bolsillos privados.
La cita explica sobradamente el sentido de la obra.

Vivimos en un Estado elefantiásico en el que los políticos medran a lo largo de toda su vida. El 70 por ciento de nuestros representantes electos son funcionarios públicos en excedencia, y hay un sector, al que casualmente pertenece el presidente del gobierno, que nunca ha hecho nada que no fuera política, consista esta actividad en lo que consista. La relación de estos últimos con la realidad se vio claramente reflejada cuando nos enteramos de que el presidente desconocía el precio de un café en el bar de la esquina porque jamás iba allí.

El divorcio entre ese Estado paquidermo, la casta que lo administra y la sociedad en general es absoluto. Por eso, como nos revela un cuadro elaborado por Roig con datos de la OCDE, en Australia se tarda un par de días en dar de alta una empresa, en Estados Unidos unos siete, y en España cuarenta y cinco. Además, existe una relación directa entre la demora y los costes fiscales, a los que se añade un mes y medio de espera con todo dispuesto, esperando los papeles y perdiendo dinero.

Xavier Roig, que no es en absoluto un talibán del liberalismo pero es un empresario con gran experiencia –dedicado a nuevas tecnologías– y enseña en el Máster en Globalización de la Universidad de Barcelona, eleva su muy bien razonada protesta contra las dimensiones insuperables del Estado en España y aboga por la globalización y la agilidad en el comercio. Desconfía, y con sólidos argumentos, de las solidaridades internacionales que, como alguien explicó, "consisten en quitar dinero a los pobres de los países ricos para dárselo a los ricos de los países pobres".

Hace muchos años, un gran poeta cubano me dijo que el subdesarrollo es "un problema mental". Creo que es cierto, y que tal vez hubiese que agregar a la fórmula la palabra moral. El triunfo de la incompetencia hunde profundamente sus raíces en un generalizado odio a la excelencia, propio de los populismos más rasos. Y me cuesta encontrar en gobierno y oposiciones varias de la España actual opiniones y actitudes que no sean populistas, buenistas, oenegistas, solidarias, etc.. Se ha visto en los últimos días en el empeño oficial en desmantelar la poca obra que le permitieron hacer al anterior ministro de Cultura, César Antonio Molina. (De paso sea dicho, entre los ministerios por suprimir, debería estar ése: las actuales funciones de Cultura tendrían que resolverse en Industria, y si la Biblioteca Nacional va a ser una subdirección, sobra con una Secretaría para manejar –mal– nuestro patrimonio. ¿Qué mejor prueba de odio a la excelencia que la degradación administrativa de la Biblioteca?).

Pues bien: Xavier Roig expone en detalle los problemas mentales y morales que, a causa del desarrollo canceroso del Estado, nos impiden prosperar como sería debido. Félix de Azúa escribió en El País que La dictadura de la incompetencia es "un libro demoledor sobre la administración pública y especialmente contra sus políticos consentidos e incompetentes", y estoy de acuerdo; pero pienso que la cosa va más allá: que a la crítica, ciertamente tremenda, se suma una serie de propuestas practicables para emprender una senda de cambio.

Recomiendo su lectura y hasta propongo a los lectores que compren más de un ejemplar y lo difundan. Es extraordinariamente didáctico y trata de cosas que todo el mundo sabe, aunque no sepa ni quiera saber que las sabe.


vazquezrial@gmail.com

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XAVIER ROIG: LA DICTADURA DE LA INCOMPETENCIA. Gestión 2000 (Barcelona), 2010, 160 páginas.
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