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ANTES DE MORIRME

La vida y la muerte en Tessa

Sucede que a veces uno abre un libro por no morderse las uñas. Un libro con una portada insulsa o boba, de autor o título extraño, que nada prometa porque se trata de pasar el rato. Pero como sucede que la vida se impone a los planes, a veces las cosas no son lo que parece y el libro no pasa, el libro se queda.

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Esas dos teens de la portada de Antes de morirme que sorben del mismo batido no son el zorrón Zoey y Tessa, la protagonista de este libro que no es de tránsito; aunque sí, quizá, lo que quisieran ser: un par de quinceañeras normales y corrientes, tan felices con sus mensajitos, sus risitas y sus chillidos, tan insoportables para el resto del planeta. Pero como la vida es lo que pasa etcétera, ni Zoey ni Tessa, ya digo, van a tener ocasión de serlo: la una, porque enseguida va a ser madre soltera; la otra, porque pronto muy pronto estará muerta.

Y es que Tessa tiene cáncer. Un cáncer implacable, terminal, que la ha arrancado de su vida de siempre, dejado sin fuerzas –físicas– y hecho adicta al egoísmo, la bordería y la crueldad. "Odio a su madre [dice de la de su novio, una mujer madura a la que la vida ha golpeado a modo y con constancia y a la que pretende dejar sin su bastón, Adam], las arrugas que tiene en la frente y alrededor de los ojos. Odio su expresión de animal herido [ella, que tiene cara de ser lo que inmediatamente será]. Ha perdido a su marido, pero no ha perdido todo lo demás".

Su novio, Adam, es su vecino feo y quien la descabalgará del caballo desbocado en que se subió cuando supo que la muerte le iba pisando la sombra. Quería excederse en todo, andar como pollo sin cabeza, darse al fornicaje y tomar drogas para nada blandas: Adam, precisamente, le pasó unas setas y le puso de vuelta a Tessa. Y ya de nuevo en ella no quiso más desmanes demenciales, sino amar y ser amada sin descanso ni un respiro. Y ahí estuvo Adam. Hasta el final.

También su padre, cherchez le père!, nada menos que todo un hombre que ni se rinde ante la enfermedad, ni ante esa Tessa salida de madre ni ante la pijipi irresponsable de su ex, que jamás sabe estar en su lugar, ni siquiera o especialmente cuando se acerca a su hija ya inconsciente, ya en las últimas y, como si no la hubiera abandonado cuando era niña, como si no se hubiera escaqueado durante su muy larga enfermedad siempre que pudo, le suelta: "Si pudiera cambiarme contigo, lo haría, ya lo sabes".

Más tarde añade:

–Ojalá pudiera ahorrarte todo esto.


Tal vez crea que no la oigo.

Pero claro que la oía. Tessa seguía tomando nota. Y eso que ya había redactado su testamento, unas notas manuscritas para sus seres queridos con más órdenes que consejos y que, la verdad es la verdad, las más de las veces son para salir corriendo; no, ciertamente, las que dicta a la Pijipi:
Instrucciones para mamá

No renuncies a Cal [su hermano pequeño]. No lo abandones ni regreses a Escocia ni pienses que un hombre puede ser más importante que él. Te perseguiré desde la tumba si lo haces. Moveré los muebles, te arrojaré cosas a la cara y te asustaré tanto que te volverás loca. Sé buena con papá. En serio. Te estaré vigilando.
Por cierto, no es lo menos interesante de esta novela escrita por una ex actriz del circuito británico alternativo esto de que el bueno sea el padre (y el novio) y la regular la madre (y la amiga). ¿Será que Jenny Downham sigue afincada en la marginalidad? Sea como fuere, Dios quiera que estas páginas no lleguen a los dominios del Ministerio de Bibianidad.

Por cierto de nuevo y para el punto final: el otro día dije que la que acabo de hacer es la relectura de La muerte de Iván Ilich que menos me ha conmovido. Porque he encontrado el final feliz forzado. No hay tal en Tessa, que se apaga lírica y documental, de veras.


JENNY DOWNHAM: ANTES DE MORIRME. Salamandra (Barcelona), 2009, 313 páginas.

MARIO NOYA, director de
LD LIBROS. Pinche aquí para acceder al blog del programa. 
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