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APROVECHEN EL VERANO

Para desprogramar a la chavalería

Algunos padres preocupados por la estricta dieta progre que reciben sus hijos en el colegio o el instituto ven en las vacaciones estivales una ocasión para acercarles a otra manera de ver las cosas, a libros que recogen puntos de vista que es improbable sean tenidos en cuenta en esos espacios para el adoctrinamiento que reciben el nombre de "aulas".

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El año académico suele concluir con una ceremonia de graduación en la que un personaje que pertenece o ha pertenecido al mundo de la política, la cultura, las ONG o la academia cuenta a los chavales lo noble y hermoso que es ingresar en esos ámbitos, en vez de en el de los negocios.
 
Sólo en muy raras ocasiones cuestionan los educadores los discursos de ese jaez. Sí lo hace el extraordinario libro de Randal O'Toole The Best-Laid Planes (Los planes mejor ideados), en el que se da cuenta del lado más oscuro de políticos, expertos y ecologistas; de cómo esta gente ha llevado la ruina a no pocas ciudades del planeta.
 
Los muy elogiados planes urbanísticos de los grandes expertos han provocado no pocos desastres económicos y sociales tanto en Europa como en Estados Unidos. El problema es que la gente, ay, no quiere vivir como las élites quieren que viva. Pensemos, por ejemplo, en el complejo Pruitt-Igoe de Saint Louis, con unos niveles de desocupación que alcanzaron el 65% antes de que, finalmente, fuera demolido. Por desgracia, la piqueta no se llevó por delante también las ideas que lo convirtieron en fracasada realidad.
 
En el libro de O'Toole se recoge un dato que deja a los pies de los caballos el dicho ecologista que dice que hay que legislar, y mucho, para evitar que el desarrollo urbanístico acabe ocupando todo el espacio disponible: las áreas urbanas no representan sino el 3% del territorio continental de los Estados Unidos. El dato es aún más llamativo si se tiene en cuenta que O'Toole emplea la definición de "urbano" que emplea el censo: toda comunidad con más de 2.500 habitantes.
 
Adolf Hitler.Liberal Fascism (Fascismo progresista), de Jonah Goldberg, es otro notable libro pintiparado para espabilar al personal. Como los progres no dejan de agitar el espantajo del fascismo para denostar las ideas conservadoras, puede que muchos se sorprendan al descubrir que el fascismo primigenio tiene mucho más en común con la izquierda que con el conservadurismo. Los izquierdistas de hoy en día dirán que nanay, pero lo cierto es que sus homólogos de los años 20 reconocieron en aquél una doctrina afín. Sólo cuando Mussolini y Hitler dieron en invadir territorios ajenos y, por ello, en convertirse en parias internacionales decidió la izquierda recolocarlo en los dominios de la derecha.
 
Más libros. Echen un vistazo a A Bound Man (Un hombre atado), de Shelby Steele, sobre Barack Obama: darán con hechos y puntos de vista que no suelen aparecer en los medios de comunicación.
 
Por lo que hace a mis propias obras, puede que la más interesante para jóvenes legos en economía sea, precisamente, Basic Economics (Economía básica). Al parecer, muchas personas lo encuentran más comprensible que la mayoría de los libros sobre la materia. De hecho, ya ha sido traducido a seis idiomas. Ahora bien, mi libro de economía más reciente es Economic Facts and Fallacies (Hechos y falacias económicas), donde analizo por lo menudo asuntos como la vivienda, los niveles de renta, la discriminación racial y sexual, el Tercer Mundo y la manera en que aborda la economía el establishment académico...
 
Las falacias no tienen por qué ser ideas inmediatamente reconocibles como demenciales. De hecho, normalmente se trata de ideas que suenan muy bien, lo cual facilita que políticos, intelectuales, medios y toda clase de movimientos sociales se sirvan de ellas para sacar adelante sus causas o carreras. Precisamente por su poder de arrastre –especialmente en años electorales–, necesitamos observarlas detenidamente y dar con los errores que las convierten en recetas para el desastre.
 
 
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