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ANTOLOGÍA DE LA REVISTA VITRAL

Prueba de cargo

La revista Vitral nació en Pinar del Río en mayo de 1994. La suya fue la primera voz independiente que se oía en Cuba desde que, en los años 60, la dictadura de Fidel Castro estableciera el monopolio informativo del Estado. Siguiendo sus huellas, y siempre al amparo de la Iglesia Católica, fueron surgiendo nuevas publicaciones que reflejaban ese ansia de libertad de todo el pueblo cubano.

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Desde el principio Vitral fue diferente. Su director, Dagoberto Valdés, optó por hacer una revista "tan abierta y serena como las marinas de Tiburcio Lorenzo, tan cubana como los medio punto de Amelia, tan participada como un danzón de los Rubalcaba, tan audaces y sugerentes como los balcones de Oliva…, tan pinareña como el Valle de Viñales". Vitral era una voz de alarma ante el estado de una sociedad que, asfixiada por el totalitarismo castrista, se iba destruyendo por dentro, empujada por doctrinarios empeñados en el error y seres humanos que sólo podían pensar en sobrevivir al hambre mientras gritaban: "Sálvese quien pueda".
 
Era una llamada al compromiso, para escépticos, pesimistas, desconfiados, teóricos, idealistas, escapistas, calculadores, tremendistas, mesianistas, egoístas y desorientados. Era una reivindicación constante de cambio. Pero de cambio real, de fondo, como el que acomete el cirujano que no se limita a señalar los problemas, en un país en el que sobran diagnósticos, sino que abre en canal y comienza a operar a corazón abierto. Era una ventana abierta, que lo enseñaba todo y a la que todos se podían asomar. Por sus páginas desfilaron Juan Pablo II, Dulce María Loynaz, Jorge Guillén, José Martí, Alfredo Guevara, Maritain..., cualquiera que tuviera algo que aportar a la verdad.
 
Vitral era la revista de la diócesis de Pinar del Río, y había convertido en su razón de ser el comienzo de la constitución pastoral Gaudium et spes:
Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.
No hay que ser cubano, ni cubanólogo, para asomarse a esta ventana. Sus temas son apasionantes; su lógica, plena de sentido común, aplastante; su reivindicación de la persona como centro y de la verdad como idioma, universal. Como Terencio, Vitral asumió desde el principio que nada de lo humano le era ajeno, y ofrecía bimensualmente una dosis de realidad con la que hacer frente al miedo y a la propaganda mesiánica. Por eso se atrevía con todo. No había temas prohibidos para ella: educación, salud, libertad de expresión, derecho a la vida, la cultura... No faltaban en sus páginas las denuncias a la corrupción, la censura, el hambre, la falta de agua o los cortes de luz. Pero su análisis era siempre reposado, siempre profundo. Se trataba de buscar las causas desde la base de la dignidad de la persona entendida como centro y razón de ser de cualquier sistema político, económico y social.
 
De ahí que su lectura sea recomendable para todos. Los creyentes encontrarán la fe hecha carne, mundo, en el día a día; los no creyentes, una lección de lo que supone vivir en la verdad, a pesar de los pesares, que son muchos. Todos encontrarán un tratado práctico sobre el protagonismo de los ciudadanos, de la sociedad civil; del poder silente derivado del ser coherente cueste lo que cueste; del trabajo como tarea estimulante; de la responsabilidad; de la eficacia de las buenas obras, por pequeñas que parezcan, de su contribución a la construcción del futuro. Puede que incluso a algunos les resulten cercanos problemas como los de la educación doctrinaria o el Estado ateísta…
 
Vitral dejó de existir en abril de 2007, cuando todos los que la hacían posible fueron animados a abandonar el proyecto. Hoy dicen que Vitral no ha muerto. Pero no es Vitral, aunque así la llamen. Si en marzo de 2003 las sentencias condenatorias de los 75 demócratas encarcelados en la Primavera Negra se fundamentaban en delitos como la posesión de una grabadora, de una máquina de escribir, de periódicos extranjeros, o de la Declaración de los Derechos Humanos, hoy la sentencia no escrita que decidió poner fin a la Vitral que conocimos no tendría más que buscar en este libro para declararla culpable.
 
Culpable de llamar al diálogo y la moderación (las palabras más repetidas en este libro). Culpable de no casarse con nadie y de sufrir los ataques de todos. Culpable de comprometerse con la verdad, y de contar en sus páginas lo que los medios oficiales ocultaban (el caso Ochoa, la tragedia del remolcador 13 de Marzo, las detenciones de marzo de 2003, el éxito del Proyecto Varela…). Y, sobre todo, culpable de mantener viva la esperanza, que es lo que más temen los que viven de sembrar el miedo y la fatiga. Los enemigos de la libertad.
 
 
DAGOBERTO VALDÉS (ed.): LA LIBERTAD DE LA LUZ. COMPILACIÓN DE EDITORIALES DE LA REVISTA VITRAL. Pinche aquí para acceder al texto completo del libro (en PDF).
 
RAFAEL RUBIO, presidente de la Asociación Española Cuba en Transición.
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