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HISTORIA

Toreno contra Godoy

No se trata de un producto más de la maniquea historia de las dos Españas. La controversia entre el Conde de Toreno y Manuel Godoy encierra una cuestión no sólo personal, sino profundamente política. ¿Cómo llegó España a la crisis de 1808, que desembocó en la guerra por la independencia?

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El Príncipe de la Paz publicó –en París y Madrid– los seis tomos de sus memorias entre 1836 y 1842. Carlos IV, su rey, le procuró el por qué cuando, atormentado por la triste situación de 1808, le espetó: "Escribe con libertad la verdad lisa y pura, y pasaremos en revista nuestras obras y nuestros afanados esfuerzos para salvar la España de los males que han venido sobre ella". Las memorias de Godoy son una fuente extraordinaria para conocer el reinado de Carlos IV, y sirven, como escribió aquí José María Marco, para reivindicar a aquél. Su pluma dio lugar a controversias con historiadores como Pradt o con Escoiquiz, consejero privado de Fernando VII; pero ningún debate tuvo el trasfondo y la intensidad que el que le enfrentó con Toreno.
 
José María Queipo de Llano, séptimo conde de Toreno, publicó su célebre Historia del Levantamiento. Guerra y revolución en España en 1835. El uso de esos tres términos –levantamiento, guerra y revolución– tiene que ver con una visión particular de la Guerra de la Independencia que no podía más que ser una crítica al reinado de Carlos IV y de su último ministro, Manuel Godoy.
 
La interpretación liberal de Toreno se basaba en la consideración de que el Gobierno de Godoy había sido una tiranía que venía a certificar la decadencia de España, obra fundamentalmente de los gobiernos absolutos precedentes. El resultado, decía el asturiano, no podía ser otro que el empobrecimiento moral, político y económico del país, del que se aprovecharon las potencias europeas, en concreto la Francia de Napoleón. La crisis de 1808 fue de tal envergadura, con la dinastía rendida en Bayona tras un motín y una miserable disputa personal, que la nación se levantó en armas para recuperar su destino.
 
Francisco de Goya: LA FAMILIA DE CARLOS IV (detalle).La clave del reinado había sido la errada política exterior, lo que no deja de ser curioso para un país cuyos historiadores tradicionalistas e izquierdistas han insistido (e insisten) en el acrisolado aislamiento hispano. Las relaciones con Francia e Inglaterra, afirma Toreno en las primeras páginas de su Historia..., determinaban la políticas que se adoptaban en España, incluida la americana.
 
Juan Manuel Martínez Valdueza lo apunta en el prólogo a la edición que ha publicado Akrón del texto de Toreno, que incluye notas y cartas relacionadas con la polémica que mantuvo éste con Godoy a propósito de una misión de Argüelles en Londres. Y es que Queipo de Llano, como bien señala el prologuista, culpaba de la profunda crisis española de 1808 al Príncipe de la Paz. Su política exterior fue dubitativa y, por ende, desastrosa: al tiempo que se certificaba la dependencia respecto a Francia, obligada desde el Tratado de San Ildefonso (1796), se intentaban acuerdos con Inglaterra, Rusia y Prusia, en guerra con los franceses.
 
Strogonov, embajador del zar Alejandro, persuadió a Godoy de la posibilidad de hacer con éxito la guerra a Napoleón, sobre todo tras la toma de Buenos Aires por los ingleses, el 27 de junio de 1806. En octubre Godoy decía contar con 180.000 hombres, entre tropas de línea y milicias, con los que creía posible ocupar, al mando del general monárquico francés Moreau, el Rosellón. El acuerdo precisaba el inestimable apoyo inglés, por lo que Strogonov envió el 4 de octubre a Londres a su secretario, Ossipov, y Godoy a Agustín de Argüelles. Al día siguiente, el valido español dio un manifiesto en el que se llamaba a los españoles al alistamiento en defensa de la religión, la patria y los soberanos de ésta. Unos días después, las tropas napoleónicas derrotaban a las prusianas en Jena y el Emperador entraba en Berlín. Godoy, comprobando su mal cálculo y públicamente arrepentido, volvió sobre sus pasos y redobló la sumisión a Francia. La ocultación de este error le llevó a negar en sus memorias que enviara a Londres a Argüelles, que en 1808 era íntimo de Toreno.
 
La interpretación de la crisis de 1808 es distinta en las obras de estos dos hombres. Godoy acusaba a Fernando VII de haber acabado con la legalidad con el motín de Aranjuez, y de poner el Reino a los pies de Napoleón. Toreno descalificaba la política exterior del "veleidoso e inconstante" Godoy, que había generado una "humillante" dependencia de Francia y, por ende, la crisis nacional. Godoy analizaba la historia como un ilustrado; Toreno, como un liberal de su tiempo. Godoy se aferraba a la política de Carlos IV; Toreno hablaba de la libertad de las naciones y de los procesos revolucionarios para romper con el Antiguo Régimen: ésta es la razón por la que comienza su Historia en 1807, cuando las tropas francesas cruzaron el Bidasoa con la excusa de la invasión de Portugal para cambiar de una vez para siempre los destinos de España.
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