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Una lacrima sul viso

No hubiera estado mal comparar a las ministras de Monti con nuestras ministras, aunque se les hubiera estropeado la moraleja. A Leire Pajín o a Bibiana Aído, elevadas a ministras por la venada de Zapatero , o a la misma Carmen Chacón.

Maite Nolla
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Hace unos días comparaban en La Sexta a las diputadas de Berlusconi con las ministras del señor Monti. Aunque con una extraña intención ideológica, lo cierto es que esta vez no les faltaba razón: las de Berlusconi, fichadas con el criterio básico de la profundidad y la extensión del canalillo, y las de Monti, todas ellas doctoras, magistradas o intelectuales de primer nivel. "Tecnócratas", que se dice con desprecio. De todas formas, pese a ser La Sexta, no hubiera estado mal comparar a las ministras de Monti con nuestras ministras, aunque se les hubiera estropeado la moraleja. A Leire Pajín o a Bibiana Aído, elevadas a ministras por la venada de Zapatero –dícese, ataque de locura–, o a la misma Carmen Chacón que, como se ha publicado, fue hecha ministra de Defensa por ser catalana, mujer y estar embarazada. Tecnócratas contra modelos; modelos del sectarismo y de la nada, claro.

Supongo que están ustedes al corriente de que una de las ministras de Monti soltó una "lacrima sul viso" al presentar al pueblo italiano las medidas de ajuste. Desde luego, una lágrima de tertulia: ¿le pudo la presión? ¿Lloraba por la dureza de las medidas? ¿O simplemente se quedó en blanco? La verdad es que da igual, aunque es posible que fuera por un poco de todo. Pero, volviendo a las comparaciones, qué diferencia con la frivolidad y la arrogancia de Elena Salgado que cada vez que mentía sobre los datos o las previsiones, encima se ponía a discutir y a despreciar la realidad, que era básicamente la que solía llevarle la contraria. O a los sucesivos ministros de Trabajo y sus Maravillas Rojo de turno, que se han hartado de mentir y de tratarnos como si fuéramos idiotas. No me los imagino llorando cuando el contador pasó de tres a cuatro y de cuatro a cinco; a cinco millones de parados. Lo más emocionante que se les ha podido oír ha sido pedir perdón por no haber "pinchado antes la burbuja inmobiliaria", y echarle la culpa al PP por no "arrimar el hombro".

Ya les digo que no sé si lo de la ministra italiana fue una lágrima por el exceso de responsabilidad o no, pero es que aquí lo que hemos tenido es todo lo contrario: la irresponsabilidad como principio. Viendo la silla vacía de España en la negociación del nuevo Tratado de la Unión, creo que no hemos valorado lo suficiente el hecho de que Zapatero haya completado prácticamente su legislatura; ni que no convocara elecciones hace un año, o en mayo, después de las municipales, ni que vaya a pasar más de un mes desde las elecciones hasta que el nuevo Gobierno tome posesión. Eso sí es para echarse a llorar.      


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