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Huber Matos, o esto es un hombre

Veinte años con todos sus días pagó el comandante Matos por su terrible delito: dar la vida por la Cuba Libre que asesinaron en la cuna sus compañeros de armas.

Mario Noya
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Esto no es un libro, es un hombre, Huber Matos Benítez, comandante de la Revolución Libertadora contra el tirano Batista devenida Robolución por el aún más cobarde que traidor Fidel Castro Ruz, en adelante, desde aquel promisorio pero infausto 1 de enero de 1959, Mefistófidel, Cabrera Infante dixit, cubanos sufferunt.

Cómo llegó la noche. Como un turbión de odio en el mismo, emblemático 1959. Huber Matos Benítez, comandante de la Columna 9 del Ejército Rebelde, se lo viene oliendo y temiendo desde la mera Sierra Maestra, "espectáculo magnífico" que, "vista de cerca", los entresijos del mito, "tiene sus fealdades".

He visto en Fidel cosas negativas, como sus exabruptos, los insultos a los oficiales y su tendencia al autoritarismo, a lo que se añade su tolerancia o complicidad con el negocio de la marihuana. Todo esto me tiene con un conflicto de conciencia y una seria preocupación con respecto al futuro. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que, como no podemos esperar perfección en la condición humana, y este hombre se ha ganado la confianza del pueblo, no debo dejarme vencer por los aspectos negativos de su carácter ni por su falta de consistencia ética. Si [fuéramos] exigentes queriendo medir a Fidel con la escala de valores de nuestros héroes, como José Martí, Ignacio Agramonte o Céspedes, habría que irse de aquí.

Así que se quedó, viviendo "de cara al sacrificio, al sueño y al hambre", por ver de materializar el ideal martiano: "Que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre"; pero en estado de permanente alerta, sobre todo cuando vio empotrarse en la Revolución Libertadora a los Liberticidas, los comunistas, que primero jalearon al Batista golpista, luego condenaron el putchismo de Fidel y sus barbudos en el asalto al Moncada y por último hieneaban sin disimulo en torno a los despojos del régimen tiránico.

Pero Fidel le negaba tres y trescientas veces que fueran a implantar el comunismo. A él y al pueblo ilusionado (también al mundo ¡y en inglés!). Santiago de Cuba, 1 de enero de 1959:

El espectáculo del parque es impresionante. No cabe una persona más. Miles de hombres y mujeres llenos de entusiasmo agitan banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio; los árboles también están adornados con banderas. La Revolución ha triunfado. […] Nuestro jefe da a su discurso un ímpetu de barricada. Pone énfasis en señalar que se ha dado fin a la dictadura y que ésta no se repetirá jamás en Cuba. "¡Porque no se trata de sustituir a un dictador por otro!". Fidel promete que los militares estarán a las órdenes de las leyes y la constitución de la República. Alaba el proceso electoral y democrático refiriéndose al tiempo limitado que un gobierno debe permanecer en el poder. Sus palabras arrancan de la multitud el más fervoroso de los aplausos. La alegría escapa a las palabras.

Se las llevó el viento. Un viento degenerado en el huracán Comunismo, que sigue azotando implacable y sañudo la Isla.

Fidel Felón se quitó sinvergüenza la careta el 16 de abril de 1961, cuando declaró "socialista" la Revolución (Bahía de Cochinos entró en los mapas al día siguiente). Y "marxista-leninista" su Gobierno el 2 de diciembre, por si le quedaban dudas a algún idiota después de las ominosas confiscaciones y la vesania de los nuevos tribunales que dictaban fusilamientos al grito de "¡La Revolución es fuente de derecho!". Para entonces Huber Matos ya estaba preso por traición. El juicio farsa lo perpetraron en La Habana, en el Campamento Columbia, sede del Estado Mayor; ¡en el cine-teatro! Para la ocasión deberían haberlo psicoanalíticamente renominado Proyecciones, pues los traidores, lo sabían de sobra, eran ellos: Fidel y Raúl Castro y su recua de matones ladrones bocones.

Veinte años con todos sus días pagó el comandante Matos por su terrible delito: dar la vida por la Cuba Libre que asesinaron en la cuna sus compañeros de armas. Veinte años atroces, que comprendieron siete años sin recibir una sola visita, toda clase de privaciones, incitaciones al suicidio, ultrajes, huelgas de hambre, torturas, intentos de asesinato. En estas páginas imprescindibles se nos da estremecedora cuenta del espanto. Que Matos dejó atrás el 21 de noviembre de 1979, cuando cumplida íntegramente la pena puso rumbo a Costa Rica, país sin Ejército que le brindó sus magras armas para derrocar a Batista y que le volvió a recibir con los brazos abiertos después de tantos años.

Allí estipuló el héroe que reposen sus huesos hasta que la Isla Cárcel deje de serlo y puedan entonces recibir definitiva sepultura en su Yara natal, la del célebre Grito.

Alguien que está más allá de lo terrenal y transitorio ha dicho: "La verdad os hará libres". No hay lugar, por recóndito que sea, donde la verdad no pueda llegar, reviviendo todo, transformando y devolviendo la fe a los hombres. La verdad nos hace libres. Y la libertad nos da a fuerza para defender la verdad.


Huber Matos, Cómo llegó la noche, Tusquets, Barcelona, 2002.

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