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EEUU aún tiene opciones en Siria

Es imprescindible la creación de zonas de seguridad en las que la Coalición Nacional pueda establecer un Gobierno funcional en territorio sirio.

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La semana pasada estuve debatiendo con el médico Jaled Joya, actual presidente de la Coalición Nacional de Fuerzas Opositoras y Revolucionarias Sirias, es decir, del Gobierno en el exilio. Intentó con todas sus fuerzas, como era de esperar, vislumbrar alguna esperanza en medio de una situación muy sombría: más de 225.000 de sus compatriotas han muerto y varios millones más han sido desplazados lejos de sus hogares. Sugirió –acertadamente, en mi opinión– que el poder del que gozan actualmente el Frente Al Nusra (afiliado a Al Qaeda) y el Estado Islámico entre las fuerzas rebeldes no indica que la mayoría de los sirios quieran ser gobernados por yihadistas radicales. Es algo que ha sucedido porque esos grupos tienen más financiación y armamento que los rebeldes moderados. Joya sostenía que, como consecuencia de ello, muchos combatientes relativamente moderados se han pasado al Frente Al Nusra, en concreto, pero que si los extremistas perdieran fuerza y los moderados la ganaran, muchos combatientes actuarían de forma oportunista y se pasarían al bando más fuerte y prooccidental.

¿Qué haría falta para poder disminuir el atractivo de los extremistas? El Dr. Joya consideraba que es imprescindible que Estados Unidos y sus aliados apoyen la creación de zonas de seguridad en las que la Coalición Nacional pueda establecer un Gobierno funcional en territorio sirio, libre de la amenaza de ataques aéreos del régimen asesino de Bashar al Asad. Además, sostiene que Occidente debe reforzar su adiestramiento y entrega de armas al Ejercito Libre Sirio, y, sobre todo, proporcionarle armamento antiaéreo.

El Dr. Joya tiene razón y debería escuchársele, ahora más que nunca. El régimen de Asad no ha logrado reconquistar Alepo y ha perdido Idlib. En su cúpula hay signos de discordia. Como señalan los sagaces editorialistas del Washington Post:

El cambio de ritmo podría crear una oportunidad para que Estados Unidos y sus aliados provocaran el cambio de dirigentes en Siria, cosa que el presidente Obama ya respaldó hace casi cuatro años. Pero ello también podría llevar al desastre si el régimen, que se está desmoronando, es reemplazado por las fuerzas yihadistas del Estado Islámico o de Al Qaeda, como ya ha sucedido en el Este de Siria.

Para aprovechar la oportunidad y evitar una nueva catástrofe, el Post defiende una "zona de seguridad respaldada por Estados Unidos, así como un programa ampliado de adiestramiento militar"; en resumen, prácticamente lo mismo que defiende Joya. Habría sido bastante mejor que la Administración hubiera hecho todo eso hace años, pero ni siquiera ahora es demasiado tarde. Estos modestos pasos no bastan para asegurar que una Siria libre de Asad no siga siendo refugio de radicales; para ello haría falta un compromiso bastante mayor con una fuerza de paz internacional, algo que resulta improbable en las presentes circunstancias. Pero hasta las propuestas de alcance más modesto, como crear zonas de seguridad y mejorar el adiestramiento, pueden contribuir a reducir la zona que controlan los extremistas. También supondrían un primer paso en la creación de una política siria coherente en la Administración estadounidense, algo que, como señala el Post, no existe actualmente.

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