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Escándalo intolerable en Afganistán

EEUU tiene en el país asiático aliados verdaderamente repugnantes.

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El New York Times ha publicado un reportaje verdaderamente espeluznante de Joseph Goldstein, en el que se dice que las tropas norteamericanas desplegadas en Afganistán habrían ignorado pruebas de que mandos de la Policía y los guerrilleros afganos que trabajan con ellas son culpables de abusos sexuales a menores.

El artículo informa de que Dan Quinn, excapitán de las Fuerzas Especiales, dio una paliza a un comandante guerrillero que tenía un niño encadenado a la cama como esclavo sexual; y que, en vez de haber sido premiado con una medalla por lo que hizo, fue relevado del mando y hubo de abandonar el Ejército. Al parecer, las Fuerzas Armadas están tratando de retirar también al sargento de primera Charles Martland, que ayudó a Quinn a apalizar al pederasta.

Esto es un escándalo y una villanía.

¿Por qué está haciendo esto el Ejército? El NYT dice:

La política norteamericana de no intervención tiene por objeto mantener buenas relaciones con la Policía afgana y las unidades guerrilleras que EEUU ha adiestrado para combatir al Talibán. También refleja una reluctancia a imponer valores culturales en un país en el que abunda la pederastia, particularmente entre los poderosos, para quienes estar rodeados de muchachos puede ser una muestra de estatus social.

Eso es relativismo cultural salido de madre. Ciertamente, la pederastia no es infrecuente en Afganistán, pero eso no quiere decir que la gente acepte las prácticas de los señores de la guerra de raptar a los jóvenes para convertirlos en esclavos sexuales. Nada más lejos de la realidad. Como refería el NYT ya en 2002:

Las relaciones con muchachos de los señores de la guerra y de sus comandantes desempeñó un papel en el levantamiento talibán (…) En 1994 el Talibán, entonces un pequeño ejército de idealistas estudiantes del Corán, fueron llamados a rescatar a un chico por quien habían peleado dos comandantes. Ellos liberaron al muchacho y la gente respondió con gratitud y apoyo.

En otras palabras, el auge del Talibán es directamente achacable al repudio popular de las prácticas que el personal americano está condonando hoy día. Es profundamente contraproducente para el personal americano mirar hacia otro lado cuando se perpetran crímenes sexuales ante sus narices, en aras de "establecer relaciones" con caudillos depredadores. Beneficia poco a América mejorar relaciones con caudillos infames que se están alienando el apoyo de la población.

Ciertamente, Estados Unidos no puede imponer todos sus valores en Afganistán. El Ejército de EEUU no está allí para imponer la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, por ejemplo. Ni deberíamos necesariamente brindar todas las salvaguardas del sistema legal americano a los talibanes capturados. Pero no deberíamos consentir la violación de niños más que la violación de mujeres. Esta conducta evoca a lo que hace el Estado Islámico.

Lo que esos comandantes afganos están haciendo es tan estúpido como utilizar una tremenda potencia de fuego para bombardear las aldeas en que los talibanes encuentran refugio temporalmente. El Ejército norteamericano sabe de sobra que causar víctimas civiles de manera indiscriminada es contrapdorucente. Pues también lo es permitir que nuestros aliados perpetren crímenes horribles. Esta errónea manera de proceder es probablemente la mejor arma de reclutamiento de que puedan disponer los talibanes.

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