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Las palabras no van a derrotar al ISIS

Derrotar al ISIS requerirá tropas sobre el terreno y poderío aéreo. Serán necesarias decenas de miles de soldados.

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La idea orwelliana de que se puede controlar la realidad controlando el lenguaje está viva y bien viva en la guerra contra el ISIS. Por lo general, manipular el lenguaje es una de las tácticas preferidas por regímenes totalitarios que gustan de denominarse "repúblicas democráticas populares" cuando no son nada por el estilo. Pero ahora un montón de gente bienintencionada parece pensar que la manipulación del lenguaje puede ser un arma formidable contra el más poderoso grupo terrorista que jamás se haya visto.

Estuve este fin de semana en Canadá, en la Conferencia Halifax de Seguridad, donde una serie de oradores incidieron en lo de referirse al ISIS como "Daesh". Se trata de un vago acrónimo árabe de Al Dawla al Islamiya al Irak al Sham, es decir, el Estado Islámico de Irak y "al Sham" (que se traduce como "Siria" o como “el Levante”). Al parecer, el ISIS detesta que se le denomine Daesh porque tiene “varios trasfondos negativos”, dado que suena similar a las voces árabes daes (que alude a quien pisotea algo) y dahes ("el que siembra la discordia").

El ISIS prefiere ser denominado "Estado Islámico", designación que muchos rechazan porque se niegan a conceder que el ISIS sea Estado e islámico. Incluso he oído a una mujer sugerir que no se use el acrónimo ISIS porque es el nombre de una importante deidad del Egipto antiguo.

Valoro la intención de aquellos que quieren denominar al ISIS con un nombre que el ISIS detesta, pero están incurriendo en una suerte de pensamiento mágico si piensan que el ISIS va a ser severamente lastimado, y mucho menos derrotado, por el mero hecho de ser denominado de otra manera. Lo cierto es que Estado Islámico es una descripción adecuada, porque el ISIS es una organización islámica (por mucho que difícilmente represente al islam preponderante) y es un Estado en la medida en que está siendo capaz de controlar y administrar una porción sustancial de territorio, aunque otros Estados no lo hayan reconocido formalmente.

Hay algo tonificante en afrontar la realidad del Estado Islámico, en vez de incurrir en acrobacias verbales que tienen nulo impacto en la derrota de esta organización maléfica. Pero eso no quiere decir que con sólo repetir una y otra vez que el enemigo que afrontamos es el "extremismo islámico" –como insisten en hacer algunos republicanos– se vaya a vencer en la guerra contra el terrorismo. El presidente Obama y sus asistentes han ido tan lejos como para evitar la expresión "Estado Islámico" por temor a ofender a los musulmanes respetuosos de la ley, pero algunos republicanos han llegado tan lejos como para abrazar el término como si el etiquetado del enemigo bastara para vencer.

Igualmente fútiles son los bienintencionados esfuerzos para contrarrestar el atractivo online del ISIS tratando de convencer a su audiencia digital de que no es una organización admirable. Ahí se ignora la realidad de que hay gente a la que atraen organizaciones como el ISIS, como las hubo atraídas por las SS o por los Jemeres Rojos; y precisamente por, no a pesar de, sus infaustas intenciones.

Derrotar al ISIS requerirá tropas sobre el terreno y poderío aéreo. Serán necesarias decenas de miles de soldados. Esas fuerzas de tierra no las ha procurado EEUU, pero pueden ser aportadas por otros; no obstante, por el momento no es una opción que se vislumbre en el horizonte.

No puedo dejar de pensar que la gente que se enreda en juegos retóricos a fin de replicar el mensaje del ISIS se están apartando de la dura realidad de qué es lo que hay que hacer para derrotarlo.

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