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Obama culpa a los iraquíes del fracaso de EEUU

A EEUU le interesa mejorar la calidad de las fuerzas iraquíes, pero no habrá tal si no asumimos un mayor compromiso.

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Hay un montón de material interesante en la entrevista de Barack Obama con Jeff Goldberg enThe Atlantic, empezando por esta declaración del presidente: "No, no creo que estemos perdiendo, y yo hablo con nuestros comandantes del Centcom y con los muchachos que están sobre el terreno". No puedo recordar al secretario de Defensa Rumsfeld o al presidente George W. Bush diciendo algo así en 2003-2006, ni siquiera cuando estábamos perdiendo de manera manifiesta. La Tierra llamando al Despacho Oval: ¡que los comandantes le digan que no estamos perdiendo no significa que tengan razón!

El Ejército de EEUU es la mejor fuerza de combate del mundo, pero sus mandos tienden a ser demasiado optimistas; he aquí una versión del estilo yes, we can. Resulta llamativo que este presidente que cotidianamente ignora los consejos de los militares (que le pidieron que no impusiera un límite temporal al incremento de tropas en Afganistán y que no prohibiera a los asesores destacados en Irak que abandonaran sus bases, por ejemplo) abrace ahora sus planteamientos, aunque estén profundamente equivocados –pero, ciertamente, le convienen–. Igual que las manifestaciones emanadas de la Casa Blanca en 2003-2006 que hablaban de avances en Irak, tampoco éstas se las va a creer demasiada gente.

Pero no es aquí donde quiero poner el foco. Sino en esta declaración del presidente:

Si los propios iraquíes no quieren o pueden llegar a los acomodos necesarios para gobernar, si no quieren luchar por la seguridad de su país, nosotros no podemos hacerlo por ellos.

Esta declaración es muy probable que tenga amplia repercusión incluso entre los republicanos. De hecho, fue un lugar común en los debates de 2006-7 sobre si mandar más tropas a Irak. Muchos a derecha e izquierda se preguntaban por qué EEUU debería ayudar a los iraquíes cuando los iraquíes parecían no estar dispuestos a ayudarse a sí mismos.

Esto revela incomprensión en varios puntos.

En primer y principal lugar, no estamos en Irak, más que como estuvimos durante el periodo 2003-2011, para ayudar a los iraquíes. Estamos allí para ayudarnos a nosotros mismos porque percibimos amenazas a nuestra seguridad nacional. Antes, esas amenazas procedían de Al Qaeda y de las milicias chiíes respaldadas por Irán; hoy, del ISIS y de las milicias chiíes respaldadas por Irán. Necesitamos trabajar con los iraquíes para hacer avanzar nuestros intereses, pero si sentimos que los iraquíes no se esfuerzan lo suficiente no podemos simplemente alzar las manos con desespero y marcharnos; sería un tremendo revés para los intereses norteamericanos en la región. En vez de eso, necesitamos pensar cómo motivar mejor a los iraquíes para que luchen duro.

Las acusaciones de Obama dejan de lado las críticas circunstancias en las que se desenvuelven los iraquíes. Imagine que una feroz banda callejera anda aterrorizando un barrio de Detroit o de Los Ángeles. ¿Deberíamos culpar a sus habitantes por no estar dispuestos a enfrentarse a ella por sí mismos y concluir por tanto que no merecen ser salvados? Por supuesto que no. Porque sabemos que unos cuantos criminales fuertemente armados pueden aterrorizar a un vecindario; y si son lo suficientemente feroces pueden incluso amedrentar a las fuerzas del orden locales. Eso no quiere decir que los habitantes del barrio en cuestión quieran vivir dominados por la banda, como no quieren los iraquíes vivir dominados por el ISIS o la Fuerza Quds. El problema es que no se sienten lo suficientemente fuertes como para alzarse contra estas organizaciones terroristas.

Multitud de iraquíes se han mostrado más que dispuestos a luchar por su país: baste recordar cómo las Fuerzas Armadas iraquíes y los Hijos de Irak, en cooperación con las tropas norteamericanas, derrotaron a Al Qaeda en 2007 y después al Ejército Mahdí. La razón de que hoy en día veamos a pequeñas formaciones del ISIS vencer continuamente a unidades muy superiores del Ejército iraquí es que éstas han sido socavadas por la corrupción y el sectarismo. Los soldados iraquíes están mal entrenados, mal dirigidos, mal pertrechados y mal motivados. Pero eso no es culpa del soldado raso. La culpa es de los chiíes sectarios que han dominado Bagdad desde la retirada norteamericana de 2011. Si las fuerzas iraquíes estuvieran mejor dirigidas, entrenadas y provistas, como lo estuvieron en 2007-8, lucharían más efectivamente.

A EEUU le interesa mejorar la calidad de las fuerzas iraquíes, pero no habrá tal si no asumimos un mayor compromiso, no sólo enviando más tropas sino reduciendo las restricciones que actualmente impiden a nuestros asesores trabajar codo con codo con las unidades iraquíes, la única manera de impulsar significativamente el desempeño de éstas en combate.

Las palabras de Obama desprenden el aroma del cúlpese a la víctima, pues son los iraquíes del común las principales víctimas de los terribles extremistas sectarios que imperan en su país. La mayoría de los iraquíes querrían un Gobierno más moderado, como el que disfrutaron hasta la salida de EEUU en 2011, y es de nuestro interés ayudarles a conseguirlo. Pero no culpemos a los iraquíes de no estar dispuestos a hacer frente a los rebanapescuezos del ISIS o a la Fuerza Quds. Ambas organizaciones tienen un sustancial apoyo exterior, y hacerlas retroceder requerirá que fuerzas más moderadas –especialmente de las tribus suníes–, así como EEUU y sus aliados, les procuren un apoyo igual de sustancial.

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