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Miguel del Pino

Amnistía para los plásticos

Las mamparas protectoras y las viseras se han vuelo imprescindibles en la lucha contra el coronavirus. No todos los plásticos son tan malos...

Miguel del Pino
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Las mamparas protectoras y las viseras se han vuelo imprescindibles en la lucha contra el coronavirus. No todos los plásticos son tan malos...
Un camarero con pantalla de protección y mascarilla. | EFE

Durante los meses previos a la pandemia que padecemos estaba a punto de iniciarse un nuevo pandemonio ecologista que podemos denominar "la guerra del plástico". No sólo el mundo del ecologismo, moderado y radical, sino hasta la propia Unión Europea se manifestaban contra el consumo de plásticos considerando estos materiales como los más terribles enemigos del planeta, y en particular de los océanos.

Es cierto que la Unión Europea matizaba que las prohibiciones que anunciaba se referían especialmente a los plásticos de un solo uso, pero no siempre se hacía semejante reflexión a la hora de atacar este tipo de materiales derivados del petróleo y de uso diversificado al máximo.

En la lucha sanitaria contra la pandemia los materiales plásticos se han reivindicado en forma de mamparas protectoras, viseras y toda clase de accesorios sanitarios que resultan imprescindibles para tratar de frenar los contagios o como integrantes de accesorios de hospital o de laboratorio. Resulta que no todos los plásticos son tan malos como se decía.

La plastiesfera

Los plásticos se han impuesto en la industria recorriendo todas sus facetas en un tiempo verdaderamente record, y también ha sido imparable su carrera como residuos contaminantes.

Porque el gran problema que generan los materiales plásticos es la dificultad de su degradación, que en algunos casos puede implicar cientos de años. No podemos negar que los restos de plásticos, cuyo registro ponderal debe expresarse ya en millones de toneladas, ocho millones de toneladas métricas anuales según datos facilitados por la revista Nature en referencia a sus estadísticas del año 2015.

La masa de residuos plásticos acumulada en los últimos cincuenta años en su vertedero final, que no es otro que los océanos, ha dado en ser conocida como "Plastiesfera": no se trata de una capa homogénea, sino que se distribuye en los fondos marinos en forma de "islas de basura".

Esta "sopa de plásticos" que se reparte los diferentes océanos del planeta mantiene una parte importante de su masa en forma de materiales flotantes o nadadores, tanto de tamaño visible como de diminutas partículas con forma de briznas o de microesferas. La palabra "microplástico" fue considerada la más importante del año 2019 desde el punto de vista ambiental, y también la más alarmante.

Finalmente todo, o al menos la mayor parte, del plástico que se vierte en los mares termina por depositarse en los fondos formando masas que permanecerán sin degradarse décadas e incluso siglos; junto con los residuos nucleares formará parte de nuestra herencia a las generaciones futuras como muestra de nuestra falta de responsabilidad para gestionar nuevos recursos, que despilfarramos antes de conocer cómo utilizarlos con sentido de futuro.

Las grandes "islas de basura plástica" acumuladas en los océanos se reparten de la siguiente forma: una en el Índico, dos en el atlántico (Norte y Sur) y dos en el Pacífico (Norte y Sur). No suele decirse que una parte fundamental de los vertidos (podría ser superior al noventa por ciento del total) se debe a los grandes ríos asiáticos, lo que convierte en asimétrico el problema de los aportes.

El icono ecologista

Toda campaña ecologista necesita su icono, recuerden el bebé foca y las espeluznantes escenas de las matanzas peleteras; en este caso el icono elegido es la tortuga, una bellísima y longeva tortuga marina enredada en una bolsa de plástico o en plena ingestión de la misma, lo cual es real, ya que suelen confundir las bolsas suspendidas en la masa de agua con las grandes medusas que constituyen una importante parte de su dieta.

Por cierto, cuando llegue el próximo verano en que nos anuncien la presencia masiva de medusas en la playa y las correspondientes dificultades para bañarnos, recordemos que la disminución de estos reptiles acuáticos es una de las causas de que los bancos de medusas proliferen en exceso. Las medusas están formadas casi por un 98 por ciento de agua, por lo que una gran tortuga marina tiene que consumir ingentes cantidades; podríamos decir que más que comer "beben medusas".

Uno de los grandes enemigos de las tortugas marinas son las artes de pesca inadecuadas, pero también los residuos plásticos. De todas formas, a la hora de buscar responsabilidades sobre la influencia de la pesca en el problema de la contaminación marina, sólo un 28 por ciento de los residuos se debe a esta actividad mientras el 49% procede de vertidos continentales, El resto de las actividades contaminantes varias causadas por plásticos alcanza sólo el 6%.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar es necesario dejar de satanizar el empleo de plásticos y conceder una "amnistía parcial" a su utilización. Los plásticos permiten reducir notablemente el empleo de materiales nobles o escasos, como la madera o el metal, en la construcción de estructuras y utensilios cuyo uso es hoy día imprescindible. No es cuestión de retroceder cien años en la era industrial, sino de gestionar eficazmente los residuos.

A la hora de estudiar prohibiciones hay que distinguir entre el uso de plásticos para industrias tan necesarias como la de los materiales hospitalarios, construcción de automóviles y edificios o accesorios domésticos y urbanos, y el despilfarro de plásticos de un solo uso, como envases, muchas veces innecesarios, bolsas para la compra o instrumentos de fácil sustitución. Recordando la famosa regla de "las tres erres" (reduce, recupera, recicla), la clave ecológica principal se encontraría en la primera de ellas: hay que reducir todo lo posible el empleo de plásticos de un solo uso, al tiempo que es necesario investigar para mejorar las posibilidades de reciclado siempre que esto, que es muy difícil, no sea una utopía.

Las reflexiones anteriores las dedicamos a nuestras autoridades: no piensen en arreglar el problema mediante subida de impuestos, que algún quiróptero humano debe de estar ya afilándose los colmillos.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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