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Miguel del Pino

Andando entre cenizas

Cada vez apagamos mejor los incendios forestales, pero cada vez los prevenimos peor.

Miguel del Pino
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Miguel del Pino - Andando entre cenizas
Incendio que asoló el municipio de Almorox en Toledo | EFE

Después de que los primeros grandes incendios de este caluroso verano hayan arrasado privilegiados paisajes de Cataluña y de la Comunidad de Madrid, es tiempo de reflexión y de poner manos a la obra cuanto antes.

El fantasma del fuego parece saber elegir los mejores entornos ecológicos para llevar a cabo su acción demoledora, y no es por casualidad: muchos entornos de especial belleza paisajística y gran valor naturalista están parcialmente urbanizados, lo que aumenta el riesgo de incendios y dificulta su extinción.

Comentando las consecuencias de los incendios en los maravillosos entornos madrileños de Cadalso de los vidrios, Cenicientos y zonas próximas de Ávila y Toledo, me dicen algunos naturalistas que los han vivido de cerca que han faltado sistemas de gestión para su protección, y que se siguen cometiendo imprudencias.

¿Es lógico que se sigan celebrando en pleno verano fiestas populares que implican la utilización de pólvora para fuegos artificiales? Cualquiera pensaría que no, pero hay que reparar en la dificultad que supone para las autoridades municipales prohibir tradiciones que a veces están muy arraigadas, de manera que ¡vengan cohetes! a veces en entornos muy próximos a masas forestales.

La eliminación de basureros en zonas limitantes con carreteras o arbolado es otra necesidad de especial urgencia, y no nos referimos sólo a escombreras, testigos de actividades de urbanización no siempre respetuosas con el ambiente, sino también a acumulaciones de residuos orgánicos, papeleras y tantas otras bombas de relojería que sólo necesitan una leve activación de las circunstancias de riesgo para degenerar en un fuego demoledor.

No todos los habitantes de las urbanizaciones y los pueblos situados en entornos naturalistas o próximos a ellos, saben que una simple botella abandonada en el monte puede ocasionar un fuego al provocar un "efecto lupa" al concentrar el calor de los rayos solares proyectándolo sobre el pasto. Así se han originado algunos GIF (Grandes incendios forestales) de consecuencias demoledoras.

Se quejan algunos de los últimos pastores que sobreviven con ganado lanar en zonas próximas a urbanizaciones, del rechazo que sufren por parte de los "urbanitas de fin de semana", quienes no gustan de sufrir el olor del rebaño cuando pasa cerca de su hotelito o de su merienda campestre y mucho menos de compartir el baño con tales vecinos lanudos cuando se encuentran en el río más próximo.

Protección especial a las vidas y a los bienes humanos

Cuando se declara un incendio forestal cerca de un pueblo o de urbanizaciones dispersas por el entorno rural no hace falta decir que los medios de extinción tienen que ocuparse de manera preferencial por la protección de la vida humana y de los bienes de las personas.

Hay que incluir entre las prioridades de extinción la salvación de los animales domésticos, lo que suele realizarse también con diligencia y abnegación, a veces con actuaciones de verdadero heroísmo por parte de los miembros de los equipos de extinción, civiles y militares, al menos que gocen de nuestra gratitud, que bien merecen.

En los últimos incendios de la Comunidad de Madrid ha habido que vigilar algunos nidos de especies en peligro, como uno de los pocos de águila imperial que alojaban pollos aún incapaces de salvarse volando por ser demasiado jóvenes. Ha habido naturalistas que colaborando eficazmente con los equipos de extinción han logrado evitar que las descargas aéreas de agua afectaran al final de la cría: esto es verdadero ecologismo… del bueno.

Varios tipos de incendios

Según la duración de un incendio, que se traduce en una progresiva elevación de las temperaturas sufridas por el entorno, son las consecuencias sufridas por éste y las posibilidades de recuperación a corto y medio plazo, por eso es tan importante que la extinción tenga lugar en el menor tiempo posible, aún después de haberse efectuado el corte de los frentes y la limitación del perímetro de la zona afectada.

Los incendios de copas se transmiten a gran velocidad, pero si se extinguen con prontitud muchos de los árboles rebrotarán al poco tiempo a partir de los tocones aún vivos. Los fuegos que duran más afectan también a la base del arbolado y la recuperación suele necesitar la tala y la replantación, lo que resulta más costoso y es mucho más lento.

Pero los peores incendios son los que por durar mucho tiempo afectan también al suelo, y hay que aclarar que éste no es sólo un sustrato mineral, sino formado por roca disgregada y por un importante componente biológico formado por micro- vegetación y fauna, que en ecología se denominan "edáficos". También viven en el suelo numerosos seres microscópicos, como hongos y bacterias, todos los cuales cooperarán en la regeneración tras el fuego si han logrado sobrevivir.

Un incendio de suelo es el más terrible de todos los tipos de ellos, y convierte el sustrato en algo parecido al regolito lunar, el polvo inorgánico sobre el que botaban los astronautas del Apolo. Extinguido el componente biológico del suelo, la regeneración puede ser cosa de décadas o de siglos.

Por todo ello cumplimos con nuestro deber de gratitud al felicitar a todos los que participan en la extinción de incendios forestales y les pedimos que extremen sus precauciones ya que, demostrados sobradamente su valor y su eficacia nos preocupa que tengan que poner en riesgo sus vidas por causa de desaprensivos o de irresponsables.

Finalmente en nombre de todos los naturalistas españoles mostramos nuestra alegría por la recuperación del naturalista y gran divulgador Luis Miguel Domínguez que ha salido del coma inducido en el que se encontraba y acaba de hacer sus primeras manifestaciones al dirigirse a todos los amigos que hemos seguido fielmente la petición de su familia de que se respetara su silencio hasta este momento. Luis Miguel reaparece muy en su línea con un mensaje positivo y valiente: nos da las gracias y nos dice que "del ictus se sale". Un abrazo, querido Luismi.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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