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Miguel del Pino

Cinco mentiras sobre los zoos

El radicalismo ideológico de quienes pretenden proteger a los animales acabará llevando a la extinción a los huéspedes del zoológico moderno.

Miguel del Pino
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Miguel del Pino - Cinco mentiras sobre los zoos
Un chimpance en el zoo de Leipzig (Alemania) | Wikipedia

Las amenazas que desde hace algunos años venían acechando al antaño precioso Zoo de Barcelona parece que están a punto de consumarse en virtud de la ordenanza municipal del pasado mayo; la sombra del animalismo de la señora Colau y sus seguidores se cierne implacable sobre las instalaciones de la Ciudadela.

Prohibido que se reproduzcan los animales que no estén en peligro de extinción y que no se puedan devolver a la naturaleza, prohibido criar otros anfibios que no sean el tritón del Montseny, prohibido, prohibido, prohibido. ¿Pero no quedábamos en que estaba "prohibido prohibir"?

Por extensión parece que numerosos medios aceptan la tesis de que los zoológicos no tienen sentido en el mundo animalista que algunos quieren imponer y que se encuentran abocados a la desaparición por ser algo comparable a "prisiones para animales". Nada de esto es cierto, ni lógico, ni científico.

Las cinco grandes mentiras

  1. Los zoológicos son instituciones obsoletas destinadas a exhibir animales sin otro objetivo que el puramente admirativo, o como mucho, el recreativo.
  2. No está justificado criar animales silvestres sólo para mantenerlos en el zoo sin posibilidad de devolverlos a la naturaleza.
  3. Los animales mantenidos en el zoológico carecen de valor educativo al estar separados de su hábitat natural.
  4. Los animales llevan una vida de triste cautiverio que los hace languidecer hasta la muerte.
  5. Existe un lucrativo negocio carente de control que potencia el problema del tráfico internacional de especies en peligro.

La situación real de los zoológicos modernos

Si caemos en el error de admitir los postulados del animalismo radical que se pueden resumir en las cinco mentiras que denunciamos, quedaría claro que los zoológicos deben cerrase y terminar por extinguir su vida cuando lo haya hecho la de sus últimos moradores.

Para evitar el sacrificio de los animales considerados "prisioneros", se propone su traslado a "santuarios", que deberían estar generosamente incentivados por dinero oficial para asegurar a los pobres desalojados una "existencia digna" hasta el final de sus días.

Nada de lo anterior es cierto, ni podemos consentir en que se nos venda como dulce este amargo caramelo envenenado.

Porque en realidad no habla la ciencia, ni los científicos, sino el radicalismo ideológico de quienes pretenden proteger a los animales llevando a la extinción a los tranquilos huéspedes del zoológico moderno. Muchos científicos, como etólogos, veterinarios, biólogos y administrativos ambientales callan por miedo a esta marea tan de moda: no es nuestro caso.

Porque los problemas y las maldades que los animalistas radicales pretenden adjudicar a los zoológicos de la actualidad hace décadas que quedaron superados y hoy pertenecen a un pasado obsoleto: es muy injusto seguir con estas acusaciones cuando todo, afortunadamente ha cambiado o está en el buen camino para cambiar.

La necesidad de crear una reserva genética de especies animales raras o en peligro es algo no discutido por los científicos; en el zoológico muchas especies encuentran el último reducto de seguridad para evitar en muchos casos la extinción, y en otros la situación de riesgo poblacional por estar disminuyendo sus efectivos.

En los países civilizados no hay en estos momentos ningún zoológico que no tenga establecidos programas de educación ambiental que convierten sus instalaciones en la mejor posible de las aulas de estudio, observación y defensa de los animales. Conocer es el punto de partida imprescindible para pasar a la etapa de admirar y después a la de proteger, y eso se consigue disfrutando de los animales con los cinco sentidos, aunque no sea más que viendo una vaca o una oveja.

Pero es que son infinidad las especies animales procedentes de hábitats lejanos que los niños no podrían ni siquiera imaginar en plenitud sólo por las fotografías o los documentales, hay que disfrutar de la fauna amiga plenamente, así de sencillo.

Por supuesto que hay que mejorar y ampliar las instalaciones, pero sobre todo hay que conocer la etología de las diferentes especies para que en el zoo puedan desarrollar lo más completamente posible su inventario de comportamiento, que puedan trepar, escalar, bucear o embarrarse en función de lo que serían sus actividades vitales en plena naturaleza.

No es momento de recordar el larguísimo inventario de logros de los zoológicos en la reproducción de especies en peligro y en la creación de grupos familiares y de crianza que, al prosperar en sus instalaciones, permiten albergar la esperanza de que no perderemos su irrepetible patrimonio genético si éste estuviera algún día abocado a la extinción en sus países de procedencia.

Tratar de reproducir animales sólo para liberarlos después es todo un ejercicio de utópica ensoñación. Muchas especies, como los gorilas de montaña, se encuentran en fronteras humanas eternamente amenazadas por la guerra tribal, de manera que el hecho de que no sepamos todavía reproducirlos en nuestra proximidad hace muy problemática su supervivencia.

Sabemos que, brindando al sol, es hoy día mucho más fácil conseguir subvenciones para establecer centros de cría si se enfoca su actividad hacia la liberación en la naturaleza de los productos obtenidos pero la realidad es muy terca al demostrarnos que muchas veces la liberación es tan problemática que condena al proyecto a convertirse en un despilfarro insostenible, por hermoso que sea filmar el momento de la suelta del animal criado.

En definitiva, deberíamos negarnos a admitir que es normal la muerte proclamada del precioso zoológico de Barcelona; pensemos para consolarnos que España posee en otro rincón también muy querido el mejor Zoológico del mundo. Está en el tinerfeño Puerto de la Cruz, y se llama Loro Parque Fundación.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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