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Miguel del Pino

Fauna de vacaciones

Tanto si viajas con tu mascota, como si la dejas en una residencia, hay que tener en cuenta una serie de consejos y recomendaciones.

Miguel del Pino
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Tanto si viajas con tu mascota, como si la dejas en una residencia, hay que tener en cuenta una serie de consejos y recomendaciones.
Excursionista con perros. | Pixabay/CC/msandersmusic

Viajar acompañados por nuestras mascotas es una opción digna de tener en cuenta cuando planificamos las vacaciones, pero hay que considerar algunas normas elementales para que unos días de descanso no se conviertan en un problema.

La alternativa al acompañamiento turístico es la residencia, que es también una excelente posibilidad siempre que sea de garantía: repasemos ambas soluciones para evitar situaciones tan desagradables como el extravío o el contagio de parásitos o enfermedades a nuestros queridos animales de compañía.

En la Residencia

En los años setenta del pasado siglo, el aumento del número de animales de compañía generó la necesidad de resolver el problema de su manutención durante las vacaciones: así proliferaron las residencias, en principio para perros, pero pronto aparecieron residencias para gatos, para loros, para canarios y hasta para los reptiles exóticos.

Como cabía esperar después de la explosión de establecimientos de residencia vino un proceso de selección del que sobrevivieron las mejores, no sólo en instalaciones sino sobre todo en cuidados.

Lo primero que hay que tener en cuenta al elegir una residencia para nuestros animales de compañía es que tenga control y asesoramiento veterinario: no un veterinario permanente, basta con que exista una relación directa con un profesional que pueda intervenir con rapidez si el perro, gato, loro o la mascota de que se trate muestra algún trastorno que pueda ser preocupante.

Porque son muchos los trastornos que puede generar en un animal de compañía la ansiedad por separación de sus amos: algunos, especialmente sensibles, se niegan a comer o caen en una situación de postración que necesita la atención del personal en forma de paseos, juegos y caricias.

La neofobia alimentaria es otra de las dificultades que en muchas ocasiones tienen que soslayar los cuidadores de la residencia; este fenómeno, que consiste en la negación a tomar alimentos si son diferentes a los que el animal estaba acostumbrado a consumir, es especialmente frecuente en perros de razas pequeñas, y puede ser desesperante para quienes temen que el dueño pueda protestar si encuentra a su pequeño amigo notablemente desmejorado.

Para evitar la neofobia muchas residencias presentan un cuestionario previo al ingreso en el que el amo hace constar la alimentación que seguía su mascota, incluso con referencia a marcas concretas. Las mejores residencias respetan estas indicaciones.

Si es necesario, por razones de espacio, que el animal comparta parque o habitáculo con otros congéneres, en la residencia sabrán ubicarlo con compañeros que no sean peligrosos, lo que le beneficiará al proporcionarle sociabilidad y oportunidad para jugar. Todo es cuestión de profesionalidad y experiencia.

En el momento de la recepción, el establecimiento debe ser especialmente escrupuloso al exigir que la mascota tenga al día su cartilla de vacunaciones y desparasitaciones, y es exigible el collar antiparasitario.

De todas formas no es raro que al recoger el animal, una vez terminado el periodo vacacional, encontremos alguna garrapata escondida entre su pelaje. La mayor parte de las residencias se encuentran en el campo o sus cercanías, y por grande que sea la higiene puede ser imposible evitar una agresión esporádica, que es muy diferente a una presencia numerosa de parásitos que sería totalmente inaceptable.

Por lo demás no pida lujos humanizados, como los referentes a la decoración del hábitat o el ajardinado de los parques: limpieza, control y paseos diarios son las claves de la identificación de una buena residencia.

Compañero de viaje

Si tomamos la decisión de llevar con nosotros a nuestros animales queridos es imprescindible que consideremos algunas normas generales de gran importancia, como la forma de transporte y las medidas cuando lleguemos al lugar de destino.

Además es necesario repasar la legislación en materia de mascotas de los lugares que pretendamos visitar, especialmente si tenemos la intención de cruzar fronteras. Hay que saber los requerimiento de cada país en materia sanitaria, la necesidad o no de pasar cuarentenas, la obligatoriedad de tener un seguro y otros tantos aspectos legales y veterinarios que pueden arruinar nuestras vacaciones si salimos de viaje desprevenidos en este sentido.

Especial cuidado con el tráfico en carretera: los animales deben viajar siempre separados del espacio dedicado a las personas, e infringir lo legislado sobre esta cuestión puede exponernos a un accidente y casi seguro a alguna sanción. Transportines o mamparas son imprescindibles, pero deben ser modelos homologados, que son los únicos que evitarán denuncias o implicarán a los seguros contratados en caso de incidentes.

Una vez en el lugar de destino hay que tomar precauciones para evitar el "escapismo". La mayor parte de los animales domésticos extrañara su nueva ubicación, muy espacialmente los gatos, que son exploradores por naturaleza y pueden escapar y extraviarse.

La cifra de animales abandonados se incrementa estas fechas con la de los perdidos y es difícil separar ambas estadísticas. Toda precaución es poca para evitar grandes disgustos.

Al volver una ver terminadas las cortas vacaciones de esta estación será momento de revisar las condiciones veterinarias en que se encuentran los animales tras el cambio temporal de sus condiciones de vida. De ello nos ocuparemos en su momento.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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