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Fauna escupidora

Algunos animales escupen a su agresor cuando se sienten intimidados: los camélidos, algunos peces, varias serpientes venenosas y también el hombre

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La vicuña es uno de los animales que escupe para defenderse | Alexandre Buisse - Wikipedia

Los mecanismos de agresión en el mundo animal pasan por una regla general que consiste en la necesidad de entrar en contacto con el enemigo para defenderse o para atacarlo; sólo unas pocas especies escapan a esta norma y pasan a agredir a distancia: escupir es una de las formas de conseguirlo.

Como acabamos de comprobar tras la reciente y triste anécdota parlamentaria, también el hombre puede agredir o al menos tratar de mostrar desprecio por medio del lanzamiento de saliva. Las cámaras sólo han podido mostrar un ritual previo de hinchazón de carrillos por parte del diputado en cuestión, pero en cualquier caso todo resulta triste por no decir desolador.

La costumbre humana de escupir no llega a considerarse como verdadero ataque, sino como un acto de desconsideración, aunque en el siglo XIX y primera mitad del XX la educación tratara de moderar esta costumbre, propia de la parte más ineducada de la población, por miedo a la posible difusión de la tuberculosis a través de los esputos. De hecho ninguna persona educada prescindía de su pañuelo, generalmente llevado bien visible como marchamo de su buen estilo.

Los animales que escupen

No son demasiado abundantes los ejemplos de animales capaces de escupir ante un presunto enemigo: los camélidos, no sólo la llama andina, las cobras escupidoras y algunos peces como los llamados "arqueros": vamos por partes.

Casi todos los camélidos, especialmente las llamas y las vicuñas, lanzan un material que no es saliva, sino más propiamente mezcla de la misma con el rumen, material vegetal de reciente ingestión y en proceso inicial de rumia. La composición de tal munición resulta especialmente ingrata para quien recibe el impacto, que el animal suele enfocar directamente a los ojos del importuno.

No se trata de una agresión en toda regla sino de un mecanismo de disuasión ante un posible ataque, que se combina con sonidos amenazadores y gestos complejos que incluyen tirarse al suelo, rodar por el mismo y cocear. El intruso suele tomar la decisión de alejarse y dejar en paz al irritable camélido.

Más grave es el caso de algunas especies africanas de serpientes del género Naja, conocidas por el nombre genérico de "víboras escupidoras". En este caso la impulsión del veneno procedente de sus glándulas salivares modificadas al respecto se consigue gracias a unos orificios situados en los colmillos acanalados; escupir es un acto defensivo porque para matar, la cobra muerde e inocula así su veneno.

Diversos investigadores norteamericanos se han afanado en investigar sobre la precisión que el reptil es capaz alcanzar al enfocar su saliva hacia los ojos del enemigo, y sobre cómo consigue la fuerza necesaria para llegar a impactar hasta más de dos metros de distancia. Una serie de movimientos ondulantes del cuello y una fijación profunda sobre la mirada del atacado son definitivas en este sentido.

Los peces de agua dulce del género Toxotes son conocidos como "peces arqueros"; lanzan con el impulso de su boca diminutas esferas de agua que tienen como destinatarios a los insectos que, una vez impactados, caerán al medio líquido y serán ingeridos. Ahora no se trata de un mecanismo intimidatorio, sino de una verdadera técnica cazadora.

Si recordamos que tanto los camélidos como las serpientes cobra disparan su saliva sólo para intimidar y así defenderse, el pez arquero sería el único depredador que caza escupiendo, lo que implica romper la regla natural de tener que ser capaz de alcanzar físicamente a una presa para poder acceder a su captura.

El "Homo escupidor".

Seguramente el hombre ha llegado a la costumbre de escupir de manera despectiva hacia sus semejantes por evolución de una conducta de limpieza, casi refleja, de sus vías respiratorias, ya que la mayor parte de los procesos catarrales son oclusivos y generan mucosidad.

Cuando no basta el movimiento de los epitelios ciliados bronquiales y nasales para limpiar dichos conductos es necesario ayudar a este mecanismo por medio de golpes violentos, llámense tos, estornudo o, con perdón "escupitajo", o más técnicamente esputo.

Algún "genio higienista" probablemente aconsejó a los futbolistas en las pasadas décadas la costumbre de escupir para aliviar sus vías respiratorias, y ellos, fieles a tal norma, lo hacían tan profusamente que presenciar un partido, con el detalle que ofrecen las transmisiones televisivas, llegó a convertirse en un espectáculo escatológico. Parece que esta costumbre va decayendo, de lo cual nos alegramos profundamente.

Como muchos jóvenes seguían de manera mimética el gesto de sus ídolos futboleros, cada vez era más visible la costumbre de escupir en la vía pública, por lo que, de no mejorar el ejemplo de los campos de fútbol, hubiera sido necesario resucitar aquellos viejos carteles del metro que advertían "no se permite escupir en los coches", como consecuencia del miedo a la tisis a que antes nos referíamos.

Como conclusión final queremos resistirnos a creer que un parlamentario electo pueda convertirse, ni siquiera de modo esporádico, en "Homo escupidor". La pérdida de la cortesía parlamentaria es una desdichada realidad, pero llegar a estos extremos sería algo tan impresentable como grave. Agradecemos a las cámaras del Parlamento que no lo hayan mostrado con suficiente detalle.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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