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La "basuraleza"

La invasión de los plásticos se sitúa en la cima de la montaña de basura que genera actualmente el ser humano.

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Contenedor de basura. | Pixabay/CC/RitaE

Seguramente les extrañará la nueva palabra que, recién acuñada, trata de designar una nueva parte de nuestro planeta: la montaña de basura generada por la Humanidad y que soporta en la actualidad la naturaleza.

Es pronto para saber si la ocurrencia será afortunada y si este término alcanzará la popularidad que pretenden sus inventores. "Basuraleza" ha nacido para reforzar los mensajes conservacionistas que se lanzan a la opinión pública con ocasión del "Día Mundial de la Naturaleza", que se celebra el tres de marzo.

Hay que admitir que el hombre desarrollado genera en nuestra época una cantidad de residuos infinitamente superior a la que producían nuestros antepasados, y que estos restos son de naturaleza diversa; la invasión de los plásticos figura a la cabeza de esta montaña de basura.

La basura orgánica es más o menos degradable a corto o medio plazo: la inorgánica es otra cuestión, y muy especialmente la que se basa en moléculas sintéticas como las que forman los variados materiales conocidos genéricamente como plásticos. El tiempo de permanencia de ciertos plásticos en el medio se mide en centenares e incluso en miles de años; a corto plazo muchos son realmente indestructibles.

Las leyes del reciclado natural

En la naturaleza silvestre la evolución ha tomado medidas para que nada se acumule de forma indefinida saltando la ley de devolver al medio los materiales que se incorporan al ciclo de la vida. La energía fluye, pero los materiales vuelven de manera inexorable al punto de partida.

Ese punto de origen puede ser la atmósfera o los sedimentos, sean superficiales o profundos, y así los ciclos se dividen en "atmosféricos", como el del carbono, que vuelve a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, o "sedimentarios", como el del fósforo, que se incorpora a la tierra en forma de los correspondientes fosfatos.

El carbono incorporado a la materia viva retorna a la naturaleza, en este caso a la atmósfera, a través de la respiración de animales y plantas o bien de la descomposición de sus restos tras morir; pero en ciertas condiciones que a veces se han producido en el medio ambiente a lo largo de la historia del planeta, algunos seres han sido tramposos respecto a esta obligación: es el caso de la formación de los combustibles fósiles.

Estas acumulaciones de biomasa en forma de carbono y de petróleo se acumularon en trampas desprovistas de oxígeno, como los enterramientos o los depósitos submarinos: en tales condiciones la materia orgánica fue evolucionando hacia carbono mineral o hacia compuestos de tipo hidrocarburo durante millones de años.

Estas ingentes cantidades de biomasa y sus posibilidades de convertirse en recurso de producción energética tardaron siglos en ser descubiertas por el hombre y, cuando lo fueron, dieron lugar a la famosa civilización industrial. La combustión en apenas doscientos años de lo que había tardado millones de ellos en formarse es la causa fundamental del aumento de la contaminación atmosférica que ha dado lugar a la polémica, aún no resuelta científicamente, sobre el llamado "cambio climático".

Ha habido algunos otros "tramposos ambientales" que no han cumplido con la condición de devolver al medio los materiales que han acumulado durante su vida: nos referimos a los árboles gigantescos que tras supervivencias de centenares, o incluso de miles de años, han depositado buena parte de su materia orgánica en forma de una sustancia que no está al alcance de la descomposición bacteriana: nos referimos a la lignina, uno de los componentes de la madera de los grandes troncos.

En el hemisferio sur del planeta este problema lo solucionan los insectos sociales del orden de los Isópteros que conocemos como "termitas". Las termitas comen madera y la digieren, pero no porque sus jugos digestivos contengan baterías milagrosas capaces de atacar a la lignina, sino porque se han asociado con unos protozoos, los Polimastiginos, que se constituyen en los únicos seres vivos capaces de hacerlo. Las termitas son tan demoledoras para nuestras construcciones como útiles en el medio ambiente tropical.

En el Hemisferio Norte no hay termitas, de manera que los árboles gigantescos de la Tundra o del Bosque Templado pueden permanecer muchos años sin descomponerse, dando lugar a un bloqueo de materiales que no estaba escrito en las leyes ecológicas.

La basura humana

Mucho más grave que la acumulación de materiales naturales es la basura generada por el hombre. Dentro del concepto de "Basuraleza" se confiere especial importancia al plástico, como referíamos al comienzo.

Una gran tortuga gigante marina persiguiendo una bolsa de plástico a la que confunde en el agua con una medusa podría ser el gran icono para ilustrar la invasión del plástico en los mares, y es cierto que muchas tortugas y otros animales marinos mueren al acumular plásticos ingeridos por error, pero es aún mayor el problema que ocasionan los "microplásticos" y "nanoplásticos", que son partículas diminutas originadas en la evolución de la destrucción de estos materiales.

"Micro y Nano plásticos" se concentran actualmente en los mares en cantidades potencialmente insostenibles: no se ven, pero son mucho más preocupantes que las bolsas flotantes o que las botellas acumuladas en los fondos.

No está de más por lo tanto que jornadas como la que acabamos de celebrar el 3 de marzo nos muevan a la reflexión sobre la necesidad de reducir los volúmenes de nuestras basuras; reciclar no es suficiente y es el momento de recordar aquella vieja regla de las "tres erres" del catecismo ecologista: "reduce, recupera, recicla".

La patente de la nueva palabra "ecobasura" se la adjudicamos a la colaboración de Ecoenves y Seo Birdlife, que la han lanzado a los medios de comunicación en dicha jornada. El tiempo dirá si se hace popular o pasa al olvido.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

En Tecnociencia

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