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Miguel del Pino

La tragedia del Mar Menor

Poco a poco y entre todos estamos formando nuestro propio 'Mar Muerto'.

Miguel del Pino
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Poco a poco y entre todos estamos formando nuestro propio 'Mar Muerto'.
Peces muertos en playas del Mar Menor. | EFE

Hay ecosistemas especialmente delicados, lo son los medios acuáticos costeros en los que el agua del mar sufre interacciones con al agua dulce: salinas, mares interiores como nuestro Mar Menor o esteros como los de las costas de Cádiz son excelentes ejemplos.

El Mar Menor constituye un caso particular ya que es un espacio acuático salino, es decir, un mar, pero no completamente cerrado sino susceptible de recibir aportes de agua dulce, bien por vertidos de cursos interiores próximos o bien por desbordamientos en casos de lluvias tropicales o "diluvios por gota fría", que ahora hemos dado en llamar DANA.

Como la "gota fría" es un fenómeno que se produce en nuestras latitudes por diferencias de temperatura entre continente y mar, generalmente al llegar el comienzo de la estación otoñal tenemos que resaltar la extrema delicadeza de ecosistemas como el Mar Menor o la Albufera valenciana.

Por añadidura son zonas acuáticas muy ricas en diversidad pesquera, y no nos referimos sólo a los peces, sino a crustáceos como diferentes especies de gambas, langostinos y también de moluscos, como la llamada "almeja blanca", que son extremadamente delicados ante la contaminación cuando ésta se produce.

A todos nos han impresionado las fotografías que muestran en la prensa una ingente biomasa de seres marinos muertos o agonizantes, basta observarlas para reparar en la gran diversidad de los organismos marinos que han sucumbido ante la tragedia, e inmediatamente surge la pregunta: ¿por qué ha sucedido esta mortandad masiva?

Entre todos los matamos, sería la respuesta, porque es innegable que la entrada de gran cantidad de agua dulce como consecuencia de los recientes "diluvios" sufridos por la zona costera podría ser suficiente para provocar el desastre, pero hay algo más: una suma de circunstancias como la contaminación o la eutrofización de las aguas por exceso de aportes orgánicos procedentes de la agricultura.

Para quienes no sean expertos en ecología convendría aclarar algunos de los términos que venimos empleando, por lo tanto recordaremos que el ecosistema es el conjunto de la comunidad viviente (también llamada biocenosis) y del medio físico en que ésta vive, de manera que biocenosis y biotopo en suma constituyen el ecosistema, que podemos considerar la unidad funcional ecológica.

La división clásica del ecosistema comprende dos grandes grupos: ecosistemas terrestres y acuáticos, y estos últimos a su vez comprenden las subdivisiones principales de marinos y dulceacuícolas: los intermedios, como estos mares y lagunas costeros, son precisamente los más vulnerables.

El término eutrofización, que también hemos empleado, se refiere al exceso de materia orgánica que acumula un ecosistema; etimológicamente quiere decir "demasiado alimentado", lo que se traduce en medios acuáticos dulceacuícolas por un característico color verdoso, debido a las algas que proliferan gracias a estos nutrientes.

Suele decirse que a los poetas les gustan las aguas azules y a los biólogos las verdes, lo cual es cierto ya que las limpias aguas azuladas se encuentran en lagos y arroyos de montaña donde todavía no ha tenido oportunidad de instalarse la vida; las verdes son aguas ricas en nutrientes y en vida, pero frágiles porque precisamente esta vida proliferante consume oxígeno, y si lo agota se producirán la muerte y la putrefacción, a veces en masa, de todos los seres que contuviera.

Que es exactamente lo que ha ocurrido en nuestro Mar Menor: en estos momentos, a falta de estudios, que imaginamos se iniciarán de inmediato, no es fácil pronosticar cuándo se alcanzará un nuevo equilibrio y las poblaciones de importancia pesquera recuperarán, al menos parcialmente, sus efectivos.

Pero desde medios conservacionistas se especula sobre la concurrencia de otros factores que podrían haber influido en el carácter masivo de la mortandad: como puede ser la llegada al mar costero de aportes de agua dulce que vinieran contaminados por pesticidas empleados en la agricultura de los campos colindantes, en este caso el desastre tendría un remedio mucho más lento y debería conducir a tomar medidas para evitar que vuelva a producirse.

Parece condenado a perpetuarse el mito de "cañas y barro" nacido de la pluma de Blasco Ibáñez, la eterna lucha entre al agricultor y el pescador, en la que la experiencia viene demostrando que es el pescador quien se suele encontrar en inferioridad de condiciones.

Se quejan los pescadores de que la tragedia no se reduce a la gran biomasa de peces muertos o contaminados, sino que se agiganta por el deterioro comercial de las pesquerías por miedo a la contaminación del pescado; todos los que hablemos del tema nos veremos obligados a ser prudentes, no aventurar causas hasta que éstas se conozcan con certeza, y solidarizarnos con las familias que viven de la pesca. A pesar de las "aguas revueltas" en sentido político que tenemos en estos momentos que soportar, hay que reclamar de las autoridades la atención, el apoyo económico y hasta la subvención que necesiten los pescadores hasta que su actividad pueda reanudarse: ellos que no tienen la culpa.

La diversidad de peces, crustáceos y moluscos muertos es enorme, pero si quieren un símbolo o un logotipo para luchar contra la muerte del Mar Menor proponemos el caballito de mar, ese curiosísimo pez que es único en su cualidad de ser el macho quien gesta las crías y las da a luz en el agua. El aparente milagro se produce gracias a que estos "Hipocampus", como se denominan científicamente, encierran la puesta de sus hembras en un repliegue de su epitelio ventral y allí, en esa bolsa incubadora, tiene lugar la gestación: por cierto, los curiosos caballitos de mar podrían extinguirse por sobrepesca para comprarlos como recuerdo una vez desecados, pero hoy no es ese nuestro tema.

Estudio profundo de la ecología del fenómeno, prudencia al divulgar y especular sobre ellas y ayuda a los pescadores, éstas son para nosotros las tres claves de una tragedia que, al menos en parte, podría haberse evitado.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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