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Miguel del Pino

Los "ecodecretazos"

Las medidas anunciadas por el Gobierno son precipitadas, faltas de sustancia científica, pésimamente comunicadas, carentes de ejemplaridad, arbitrarias y confiscatorias.

Las medidas anunciadas por el Gobierno son  precipitadas, faltas de sustancia científica, pésimamente comunicadas, carentes de ejemplaridad, arbitrarias y confiscatorias.
Mando de un aire acondicionado a 27º | EFE

Las medidas anunciadas por el Gobierno para limitar el consumo energético son: precipitadas, faltas de sustancia científica, pésimamente comunicadas, carentes de ejemplaridad, arbitrarias y confiscatorias.

El pueblo español ha demostrado en múltiples ocasiones su sentido de solidaridad ante las catástrofes de cualquier tipo: "Buen vasallo si hubiera buen señor". En esta ocasión, ante la amenaza de decretazos por parte del gobierno de Sánchez soplan vientos de rebeldía o al menos de desconcierto e insumisión. ¿Qué está pasando?

Iluminado por su creencia de ser la representación descorbatada de la reserva ecologista de Europa, Sánchez decreta y amenaza con multazos e impuestazos mientras asombra a Europa con su empecinamiento antinuclear y sus disputas dialécticas contra nuestros proveedores de energía. ¿Cómo va a entenderlo el pueblo soberano?

En primer lugar falta ejemplaridad, y no nos referimos solamente a las largas vacaciones presidenciales sino a su falta de medida al consumir energía en sus no siempre bien justificados viajes: supercoche, superpuma y superfalcon, con los correspondientes ida y vuelta de los componentes de su séquito.

Pésima la comunicación de sus proyectos amenazadores a los ciudadanos, tanto particulares como comerciantes e industriales. Pedirles que pasen calor o que se resfríen mientras se cierran nuestros últimos recursos nucleares o se prohíbe todo tipo de explotación de los combustibles tradicionales es realmente difícil, pero por añadidura la forma de hacerlo es desastrosa.

Aunque hay que reconocer que una ministra de "transición" ¿hacia dónde?, carente de imagen empática y de facilidad de palabra, titubeante y confusa, es la mejor demostración de la falta de credibilidad del proyecto que pretende promover.

No faltan las presiones impositivas, que son especialmente graves para los comerciantes, aún tambaleantes por el vapuleo de la pandemia. Las multas anunciadas para quienes incumplan las complejas y confusas medidas exigidas por los "ecodecretazos" no son simples sanciones, sino una verdadera confiscación de los recursos imprescindibles para su supervivencia.

Imaginamos que ya estarán en marcha los cursillos de formación para los "inspectores térmicos" que van a ser necesarios para controlar la climatización de estancias, especialmente las cocinas de los restaurantes; antaño, cuando la cultura rural era más amplia que en nuestros días, alguno de estos "controladores" se habría refrescado en el pilón de la plaza del pueblo, que era una reserva hídrica con múltiples funciones si llegaba el caso.

Pero el tema no se presta a ser tomado a broma. Tras lo que venimos comentando se esconde una verdad incuestionable: la falta de estudios científicos que sustancien unas medidas tan drásticas y tan costosas para el bolsillo de los ciudadanos. La infeliz ministra afirma ¡que no es necesario comunicar la naturaleza de dichos estudios! ¡Otra vez los planteamientos enigmáticos que tanto daño hicieron en la divulgación de la pandemia y sus circunstancias!

Al menos esta vez no nos engañan con el cuento de los comités de expertos que finalmente se demostró que no existían. Lo dice Sánchez y basta, aunque su prepotencia asombre a Europa y deje en la estacada a su ministra de "transición ecológica". ¡Menuda papeleta tener que comunicar lo incomunicable!

Recaudar a manos llenas a costa de comerciantes arruinados respondería a la maldición bíblica contra los "ladrones de los dineros de los pobres". Los restauradores y los propietarios de establecimientos comerciales no son "justiciables con la cualificación de parte contraria al Gobierno". Son trabajadores que luchan por sobrevivir sin echar el cierre, y digo el cierre, que lo de las "persianas" es una novedad que nunca se había dicho, al menos en Madrid.

Las persianas que defendían de la insolación nuestras ventanas, especialmente en la canícula, y muy especialmente aquellas de madera pintadas de verde oscuro eran una verdadera delicia; los cierres bajados por la ruina comercial son una irreparable desgracia.

La afirmación de que "la ley se cumple" que el presidente de Gobierno arroja contra los disidentes merece una repuesta contundente que no puede ser otra que poner ante sus ojos lo que está pasando con nuestro idioma castellano en la Comunidad Catalana. ¿Dónde tiene usted la coherencia?

Información y buena comunicación, ayuda y colaboración, tolerancia y estudios científicos que avalen los decretos, publicación de los nombres de personas y entidades que sustenten con sus tesis la necesidad de sacrificios, retorno a la utilización de todas las fuentes de energía disponibles para paliar la crisis energética que padecemos: estos son algunos de los mecanismos que hay que poner inmediatamente en marcha para no desconcertar a los ciudadanos.

Amenazar con multas, gobernar a decretazo limpio y poner el radicalismo ideológico ecologista por delante de la realidad es una verdadera precipitación en el vacío por parte del presidente Sánchez en el que sin duda arrastrará a su gobierno. Y no discutan sobre su cruzada contra las corbatas. El pueblo habrá adivinado de inmediato que se trata de una cortina de humo de naturaleza tragicómica.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales

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