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Noé y las cuarenta tortugas

El diputado ha sido denunciado por acumular cuarenta tortugas palustres en su casa.

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El diputado de Cs, Toni Cantó | EFE

El diputado y actor, o viceversa, Toni Cantó, ha saltado a las portadas de la prensa "acusado" de mantener cuarenta tortugas palustres en una casa de su propiedad situada en determinada urbanización madrileña. Casi se le trata como un verdadero peligro público.

Parece que todo procede de la denuncia de un vecino, que se ha complicado al no disponer Cantó de la estructura legal denominada "núcleo zoológico": en estos momentos el tema es investigado por el Seprona, de manera que lo más probable es que se impongan la razón y el sentido común frente a las exageraciones animalistas.

¿Qué es un núcleo zoológico?

Se trata de una forma de control de tenencia de animales de compañía que contempla la necesidad de que aquéllos que tienen como mascotas un número determinado de animales, cinco en el caso de los perros por ejemplo, tengan que mantenerlos censados, con la conformidad de los vecinos y bajo la responsabilidad de un veterinario.

El concepto de núcleo zoológico es interesante y respetable, pero es necesario aplicar criterios que eviten la exageración y las denuncias carentes de sentido real, como parece ser la que afecta al "tortugario" del político-actor. No sabemos cuál de estas dos facetas de su actividad habrá tenido más peso a la hora de hacerle saltar a la prensa, porque no parece lógico pensar que, en una instalación de jardín las tortugas puedan molestar a nadie.

Lo primero que investigará el Seprona es la procedencia de los animales, y si están dotados de los papeles que acrediten que no pertenecen a especies protegidas ni del comercio ilegal: si todo está en regla, carpetazo y se terminó el asunto.

El mundo de los aficionados a los reptiles como animales domésticos es mucho más complejo y voluminoso de lo que puedan suponer los profanos; no es extraño que quienes comienzan con unas tortuguitas de terrario o con un lagarto exótico, que siempre deben pertenecer a especies legales, terminen siendo verdaderos especialistas en herpetología capaces de aportar datos interesantes a los propios científicos sobre la biología y la patología de sus mascotas. Otro tanto diríamos del de los amantes del acuario, que pueden llegar a criar y cuidar no ya cuarenta, sino centenares o miles de pececillos sin que ello suponga peligro alguno para sus vecinos ni para el entorno.

Porque el núcleo zoológico, y sobre todo la limitación del número máximo de mascotas susceptible de ser mantenidas por un aficionado se basa en la necesidad de evitar la aglomeración en domicilios de perros y gatos, relativamente frecuente y conocido como "Síndrome de Noé".

El "Síndrome de Noé"

Se trata de una variante del llamado "Síndrome de Diógenes", que mueve a algunas personas a acumular en sus casas toda clase de objetos en un volumen que excede a sus posibilidades de mantenimiento. Cuando esta conducta de acumulación se refiere a animales, por lo general recogidos de su situación de abandono, se llega a resultados realmente dramáticos.

Suelen ser las denuncias de los vecinos, alarmados por ruidos o malos olores, quienes ponen sobre aviso a la policía municipal y en muchos casos al Seprona: es necesario recoger a los animales y, aunque se trata de evitar su sacrificio colocándolos en protectoras, no siempre es posible llegar a este final feliz, con el consiguiente desconsuelo del infeliz propietario.

Las personas víctimas del "Síndrome de Noé" no responden a una tipología única, ni social, ni económica ni psicológica; suele tratarse de amantes de los animales que terminan por no controlar sus fuerzas y por convertirse ellos, y sus pobres mascotas, en un verdadero problema. El triste destino final de su "zoológico doméstico" es conmovedor y es necesario tratar de convencerlos de que recurran a entidades protectoras antes de que sea demasiado tarde.

Las cuarenta tortugas

Desde luego las supuestas cuarenta tortugas de Toni Cantó no colocan al diputado en el perfil del paciente del síndrome que comentamos: el único peligro sería que alguno de los ejemplares perteneciera a una especie no autorizada como mascota o que careciera de la documentación al respecto. Sirva la anécdota para recordar a todos los aficionados la necesidad de cumplimentar la normativa sobre tales obligaciones antes de adquirir ninguna mascota NAC, iniciales de ese concepto de "nuevos animales de compañía".

Si acaso, sirva de reflexión, sobre las exageraciones a que puede conducir el aprovechamiento con exageración de las normas sobre mascotas por parte del sector animalista radical, el mismo que ha conseguido imponerse en la legislación sobre animales de compañía recientemente aprobado en La Rioja con el apoyo de Ciudadanos, partido por el que Cantó consiguió su acta de diputado.

Por lo demás deseamos que, tras la inspección positiva de sus tortugas por parte del Seprona, siga disfrutando de sus reptiles, que seguramente le defraudarán bastante menos que sus congéneres parlamentarios.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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