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¿Qué es un pangolín?

Este extraño mamífero está amenazado de extinción porque la medicina asiática atribuye propiedades medicinales a sus escamas.

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Un grupo de mamíferos que tienen como carácter común la reducción extrema de la dentadura planteó serios problemas a los zoológos a la hora de encuadrarlos en la clasificación natural, es decir, de parentesco, dentro de su clase. En principio se los agrupó en un orden llamado "desdentados" que posteriormente fue dividido en otros tres: los pangolines, africanos y asiáticos fueron incluidos en uno de ellos, llamado orden Folidotos.

Los otros dos órdenes producto de tal desdoblamiento científico se llaman hoy Xenartos y Tubulidentados: el primero engloba los perezosos sudamericanos, restringiéndose el tercer orden para un curiosísimo devorador de termitas llamado cerdo hormiguero (Oricteropo)

Respondiendo al titular del artículo, los Pangolines son mamíferos del orden de los Folidotos que comprende en la actualidad una sola familia: los Mánidos, a su vez con un único género llamado Manis.

Hay actualmente ocho especies de pangolines que se distribuyen por el Sudeste Asiático y el Centro de África. En estos momentos las ocho especies se encuentran en peligro de extinción, y nosotros, los humanos, somos los culpables.

Los pangolines presentan algunas características verdaderamente atípicas entre los mamíferos, como la presencia de unas formaciones epidérmicas muy duras que parecen escamas lo que les hace asemejarse, aunque sólo de manera superficial, a la morfología externa de los reptiles. Estas falsas escamas se imbrican como las tejas de un tejado.

La longitud de estos animales oscila entre los treinta y los noventa centímetros, según las especies, todas con cola bien desarrollada proporcionada a la dimensión del tronco. La pilosidad está muy reducida y se extiende sólo por la parte ventral, es decir, allí donde no hay escamas. La cabeza es corta, cónica, con orejas muy cortas y a veces casi inapreciables, las extremidades son plantígradas y están provistas de cinco dedos, con robustas uñas. Las especies arborícolas presentan cola prensil.

Como los hormigueros americanos, con los que antiguamente se les englobaba, estos mamíferos de aspecto tan extraño carecen de dientes, pero tienen una lengua muy larga y protráctil, que se hace muy viscosa debido a la gran secreción de su glándulas salivares; con ella capturan hormigas y termes que constituyen la parte fundamental de su dieta.

En cada parto la hembra del Pangolín da a luz un solo pequeño, que transporta bien sujeto al dorso o la base de la cola. Es muy típica la posición arrollada en que se coloca el animal cuando se siente amenazado y que da origen a su nombre, derivado de una voz dialéctica india que significa "bolita".

Los mánidos o pangolines viven sobre todo en bosques y sabanas y tienen costumbres nocturnas; pueden caminar por el suelo en marcha plantígrada, pero donde realmente se sienten seguros es en las ramas de árboles y arbustos. Las especies africanas y asiáticas se distinguen sobre todo por diferencias en las filas de escamas dorsales; son las africanas las que carecen por completo de orejas.

Entre las especies africanas itaremos el pangolín arbóreo (Manis tricuspis), de los bosques de Liberia, Uganda y Angola; el pangolín de cola larga (Manis tetradactyla), el de Temmincki (Manus temmincki), más robusto y de cola corta. Entre las asiáticas recordaremos al pangolín chino (Manus pentadactyla), difundido desde China meridional hasta Indochina, donde coexiste con el pangolín malayo (Manus javanica), que se extiende hasta Java y Filipinas.

Amenazados de extinción

Si traemos hoy a nuestras páginas a estos mamíferos tan poco conocidos es porque sus ocho especies actuales se encuentran en absurdo peligro de extinción, y decimos absurdo porque la razón de la caza masiva que viene sufriendo se debe a la superstición de que sus escamas tienen supuestas propiedades medicinales. Una vez más la falsa "medicina oriental" amenaza la supervivencia de interesantes e inofensivas criaturas.

Así lo ha denunciado la eminente primatóloga británica Jane Goodall en una reciente conferencia que ha pronunciado en Barcelona, conferencia para la que, como es habitual en ella, agotó las localidades del auditorio de CosmoCaixa.

En dicho acto Goodall advirtió del repunte del comercio ilegal de especies de animales y plantas, problema que, en los últimos años, parecía estar relativamente controlado internacionalmente. En España hay que mostrar una vez más el mayor agradecimiento a Seprona por su labor en este sentido.

El comercio ilegal supone la segunda amenaza más grave para las especies silvestres después del de la destrucción de sus hábitats; en la actualidad ocupa el tercer puesto en el volumen mundial de tráfico delictivo, tras el de armas y el de drogas. Así lo ha recordado en Barcelona quien es una auténtica institución para todos los amantes de la naturaleza, especialmente por lo que ha supuesto el ejemplo de su vida y la importancia de sus trabajos, desarrollados en el corazón de África en contacto directo con los chimpancés.

Bilis de oso, dientes de tigre, huesos pulverizados de otras muchas especies, pieles, conchas de carey, loros, plantas y otras tantas joyas de la naturaleza se despilfarran y en algunos casos son conducidos hacia la extinción víctimas de la ignorancia o la superstición. Volviendo hacia nuestro protagonista de hoy, el pangolín, según el último informe de WWF entre 2013 y 2017 se confiscaron más de 100.000 ejemplares en operaciones de lucha contra el tráfico ilegal: por eficaz y constante que sea esta batalla, tales cifras hacen muy difícil la supervivencia de los inofensivos mamíferos comedores de hormigas y termitas.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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