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Pablo Molina

Al vicepresidente le joroba

Para el socio de Sánchez, la libertad de información es una carga injusta que deforma la espalda imaginaria de toda una sociedad.

Pablo Molina
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Para el socio de Sánchez, la libertad de información es una carga injusta que deforma la espalda imaginaria de toda una sociedad.
Pablo Iglesias | EFE

El vicepandemias sigue bastante enfadado con los periodistas, aunque ha tratado de disimularlo en público las escasas veces que ha comparecido ante la prensa desde que se supo lo de su ex asesora y tal. Ya dijo en su día que la existencia de medios privados de comunicación era una amenaza para el sistema democrático que él tiene en la cabeza, así que no debe de extrañar que haga lo posible por erradicar esa lacra ahora que está en el poder.

A Iglesias le joroba este asunto de la libertad de prensa. Eso de que haya periodistas dispuestos a escudriñar a los poderosos y denunciar sus abusos es un peso que ha de llevar en sus cervicales con resignación marxista, al menos hasta que las condiciones objetivas hagan saltar por los aires la superestructura y permitan la llegada de un orden nuevo. Comunista, por supuesto.

Para el socio de Sánchez, la libertad de información es una carga injusta que deforma la espalda imaginaria de toda una sociedad. Los medios libres, según esa interpretación, son la giba que altera el trazado rectilíneo de los fenómenos históricos, algo que un objetivista epistemológico tolera con mucha dificultad.

Los votantes desocupados de su partido (la práctica totalidad) actúan en consecuencia y acosan diariamente en las redes sociales a los periodistas que critican a su líder, vertiendo en ocasiones no pocos insultos e incluso amenazas. Los dirigentes políticos normales actúan en estos casos con elegante hipocresía y arremeten contra sus partidarios demasiado efusivos, aunque internamente celebren esas muestras de afecto al líder. Iglesias es más sincero y aprovecha el Palacio de la Moncloa para asegurar que le parecen muy bien estas campañas perroflautas y un signo de fabulosa salud democrática que se insulte públicamente a "supuestos periodistas" como Vicente Vallés.

Todo este clima inaudito de violencia verbal desde el poder tiene dos efectos interesantes, a saber: el vicepandemias va a seguir siendo objeto de crítica como merece un comunista empotrado en un Gobierno democrático y el telediario que va a arrasar en los índices de audiencia (ya suma más espectadores que TVE-1 y La Sexta juntos) es el de ese presunto periodista del que usted me habla en las noches de Antena 3.

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