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Pablo Molina

Modelo de yupis, espejo de podemitas

Gracias a Mario, decenas de miles de jóvenes intentaron también convertirse en tiburones de los negocios, y como tales comenzaron a actuar. Hoy votan a Podemos.

Pablo Molina
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Gracias a Mario, decenas de miles de jóvenes intentaron también convertirse en tiburones de los negocios, y como tales comenzaron a actuar. Hoy votan a Podemos.
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De los cientos de fotografías de Mario Conde en la época en la que tenía a todo el país (también en mayúscula) rendido a sus pies, la que mejor define al personaje es su pose cuidadosamente estudiada en el acto de entrega del doctorado honoris causa por la Complutense. En el Aula Magna de la universidad, y en presencia de los más principales de España, del rey abajo, Mario Conde escuchaba los ditirambos dirigidos a su persona con las manos juntas, apoyadas en el mentón, y la mirada baja. Era una mezcla atorrante de fingida sencillez y capacidad reflexiva, en plan "soy el tío más jodidamente humilde del mundo y al que insinúe lo contrario le compro la empresa y se la regalo a su principal competidor". Solo él sabe las horas ante el espejo que le llevó interpretar a la perfección ese gesto tan singular.

Hubo una época en España en que todo el mundo quería ser como Mario Conde. Fue justo después de que Carlos Solchaga, ministro de Economía y Hacienda del PSOE, dijera aquello de que nuestro país era el sitio donde más rápido podías hacerte rico. No hizo más que constatar una realidad. Conde era la prueba.

Gracias a Mario, decenas de miles de jóvenes intentaron también convertirse en tiburones de los negocios, y como tales comenzaron a actuar. Había quien se dedicaba a dar a probar a los clientes del Carrefour un nuevo queso o trocitos de fruta, y si les preguntabas por su ocupación te respondían que estaban en el sector de la promoción de ventas. "Pero es algo puntual", añadían, sólo para coger carrerilla y dar el pelotazo como aconsejaban los socialistas.

Yo he visto a un yupi con traje de tres piezas en una calle de Murcia, en pleno verano, gritando a un colega "¡Acho, este viernes nos reunimos!", y la escena resultaba de lo más natural. ¿De qué iba a tratar en su encuentro semejante par de gañanes? Eso era lo de menos. Lo importante era llevar gomina, el maletín de reglamento y reunirse mucho durante la semana. Los millones acabarían llegando. Era solo cuestión de tiempo.

Pero no, el dinero no llegó, sino una crisis, anticipo de la actual, que dejó a los yupis sin gomina y les cambió el maletín por una bayeta de camarero. Su icono del momento, el gran Mario Conde, acabaría poco después en la cárcel, llevándose con él los sueños de todos. Ahora siguen en el sector de la promoción de ventas, pero a domicilio. Por supuesto, votan a Podemos. Viniendo de donde vienen, era su destino natural.

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