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Pablo Planas

En manos de Rufián

A estos extremos de degradación ha llegado la política nacional tras el nefasto paso por el Gobierno de personajes como Soraya Sáenz de Santamaría o su mentor, Mariano Rajoy.

Pablo Planas
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A estos extremos de degradación ha llegado la política nacional tras el nefasto paso por el Gobierno de personajes como Soraya Sáenz de Santamaría o su mentor, Mariano Rajoy.
Gabriel Rufián y Joan Tardá | EFE

La situación de España se puede resumir en que la gobernabilidad depende de un tipo como Gabriel Rufián y Carmen Calvo exige al Tribunal Supremo que suelte a Oriol Junqueras porque según ella eso es lo que pide el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). A esos extremos de degradación ha llegado la política nacional tras el nefasto paso por el Gobierno de personajes como Soraya Sáenz de Santamaría o su mentor, Mariano Rajoy.

Rufián ha hecho una carrera meteórica forjada a base de puñetazos. En Súmate, la facción de ERC para quienes no hablan habitualmente catalán, se las tuvo tiesas con José Rodríguez, alias Trinitro, que hoy es diputado también, pero en el Parlamento regional. Corría 2015 y ambos jóvenes tenían algunas diferencias de matiz sobre el procés que Rufián no dudó en tratar de resolver a leches. Rodríguez, muy digno, se quitó las gafas y le dijo: "Si esto lo arreglamos con una hostia, adelante". No hizo falta. Se impuso Rufián porque le hacían gracia a Junqueras esos aires de camorrista de Santako (por Santa Coloma de Gramenet).

Rufián ha trabajado lo justo. Dice que descargando camiones, de dependiente en tiendas de moda masculina y en empresas de trabajo temporal. Más vale creérselo que ir a comprobarlo. Lo que es seguro es que estaba en el paro cuando le surgió la oportunidad de ejercer de portavoz de la Assemblea Nacional Catalana y de ahí al infinito y más allá. Hoy es la cabeza más visible del equipo negociador de ERC, junto a Josep Maria Jové, el genio que levantaba acta en una agenda y una libreta de las reuniones secretas de la plana mayor del proceso separatista.

Delante tienen a Adriana Lastra, poca broma. La campeona socialista, cosecha del 79, vive del partido y los cargos públicos desde que tenía 18 años. Así es que ha conseguido no solo sobrevivir sino medrar incluso en esos bidés infestados de pirañas que son los partidos políticos. Como para fiarse y no echar a correr.

Pues en manos de gentes así (asín, que decía Rufián antes de dar el salto a Madrid) está el futuro del país, mientras los principales dirigentes de la derecha tocan la lira como si el incendio de España no fuera con ellos, igual que cuando dejaron escapar a Puigdemont, que no solo se ríe de Junqueras, sino de todos los españoles, mientras cobra como diputado autonómico, tiene oficina de expresidente y va a ganar casi cuarenta mil euros al mes (9.000 de sueldo, 25.000 para asistentes y 4.500 para el despacho) en el Parlamento Europeo. Y eso gracias en parte a que la antedicha Sáenz de Santamaría lo tenía todo controlado bajo la supervisión del gran Mariano.

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