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Pablo Planas

Gracias, Antonio

No hay una sola señal que no remita al pesimismo más absoluto. Por todo eso y por lo que queda por venir, gracias, Antonio.

No hay una sola señal que no remita al pesimismo más absoluto. Por todo eso y por lo que queda por venir, gracias, Antonio.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

En todos los vertederos se pueden encontrar tesoros y Twitter no iba a ser menos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido tendencia durante horas bajo la etiqueta "Gracias, Antonio". Una parte del personal que merodea en las redes sociales ha convenido tomarse con humor el dato de la inflación, oficialmente del 10,2%. Ahora se entiende mucho mejor la decapitación del presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE), Juan Rodríguez Poo. A nuestro Antonio no le gustan las malas noticias y la ha pagado con este desdichado. Estilo Calígula.

El dato oficial de la inflación es nefasto y el real, seguramente catastrófico, en abierta deriva hacia la argentinización de España. No es fácil destruir la economía española, pero este Gobierno se las arregla perfectamente solo, porque los precios empezaron a subir mucho antes de la invasión rusa de Ucrania. Y no hay más que ver los efectos de su intervención sobre los mercados de los combustibles, el gas y la electricidad. Un éxito, pero al revés.

Los decretos contra la inflación del Gobierno de Pedro Sánchez y otros genios de la economía como Nadia Calviño o Alberto Garzón pasarán a los manuales universitarios en el apartado de pegarse un tiro en la sien. Igual que los fijos discontinuos y demás hallazgos de Yolanda Díaz, gran heroína del comunismo del Consejo de Ministros.

El gran hombre está desatado. Celebró el Ramadán entregando el Sáhara a Mohamed VI y viene de pactar con Bildu que se investiguen los crímenes del franquismo hasta 1983, los GAL incluidos. Como no es previsible que vaya a poner en aprietos a Felipe González, tampoco es descartable que se acabe juzgando a Franco de cuerpo presente por asesinatos perpetrados post mortem. Seguro que Bolaños lo arregla. Y qué decir de los muertos en el lado marroquí de la valla de Melilla. Acostumbrados como estábamos a ver a un Sánchez sobrado, displicente y de la era Aquarius, este Sánchez insensible con los muertos, pero modosito, apocado y encogido ante el sultán de Rabat causa auténtica impresión. Resulta que existe una versión del presidente de Gobierno que no es la de un perdonavidas.

Cuando lo del Sáhara, Mohamed VI ofreció un festín a Sánchez con el escudo de la bandera de España boca abajo. La escena se ha vuelto a repetir en la cumbre de la OTAN en Madrid. El escudo del banderín español del pupitre de Sánchez también estaba mal. Tal vez fuera una señal, algo así como un código secreto, un mensaje dirigido a alguien que pueda estar chantajeando a Antonio. Hay que decir que en la cuenta de Twitter a nombre de una portavoz de la OTAN llamada Oana Lungesku se decía que "por un error, la bandera española se colocó incorrectamente al inicio de la Cumbre. El error se corrigió de inmediato, como se puede ver en la foto. #NATO se disculpa sinceramente por este error y agradece a España por la excelente organización de la Cumbre". Ya es mala suerte, dos veces la misma piedra. Y eso que Joe Biden le había distinguido con un saludo que ya quisieran muchas papeleras.

Dadas las circunstancias, ganan fuerza las especulaciones de quienes sostienen que Sánchez no se presentará a la reelección. Es una hipótesis plausible por las paupérrimas condiciones en las que se encontrará España después de su brillante ejecutoria. Todo es susceptible de empeorar, pero es muy probable que el PP gane las próximas generales. Se cumpliría así el ciclo de destrucción y recuperación que ha marcado la política económica española en las últimas décadas. Con la izquierda hay paro, inflación y miseria; con la derecha de los grises funcionarios se recuperan unas ciertas constantes vitales y los pobres suelen vivir algo menos mal. Eso es lo que podría ocurrir con suerte.

Hay una cosa en la que a Sánchez no se le puede discutir la maña. El control de Indra y luego de casi todos los medios a través de las maquinaciones del ciudadano armenio que manda en Prisa. La operación es de unas dimensiones estratégicas desorbitadas. Indra controla los procesos electorales, el recuento de votos y la certificación de los resultados en España y en gran parte de Hispanoamérica. También tiene notables intereses en materia de defensa. En el PSOE son grandes pacifistas, pero hay una notable tradición de emprendedores y la industria militar es el nuevo Eldorado. De ahí ese discurso sanchista inédito en la izquierda favorable a aumentar el gasto en defensa en un país cuyo baluarte crítico, Gibraltar, está en manos del Reino Unido y de los Estados Unidos, que para cualquier cosa antes llaman a Rabat que a Madrid. Mucho se tendría que aumentar el gasto militar para que España fuera un país digno de consideración, a pesar de la excelencia y el sacrificio de sus militares.

Se dice que Sánchez no se volverá a presentar, se tuitea todo el rato de Franco y se habla de la maldición de Tutankamón. La estampa de un Antonio de hinojos ante Mohamed VI, el escudo nacional del revés dos veces, el hedor de los africanos sin nombre que agonizaron amontonados peor que esclavos en presencia de los gendarmes marroquíes, la inflación, la excepción ibérica, el recibo de la luz, la cesta de la compra, la gasolina, el diésel y la guerra en Ucrania, sí. No hay una sola señal que no remita al pesimismo más absoluto. Por todo eso y por lo que queda por venir, gracias, Antonio.

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