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Pogromo en Cataluña contra funcionarios del Estado

Fernàndez y Rovira beben en las fuentes del txakurrak kanpora! y pueden decir lo que quieran sin cortapisas.

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David Fernàndez, el michelín de las batasunas CUP, es el político más valorado por los catalanes según las encuestas. Encuestas que tiempo atrás sostenían sin propósito de enmienda que Josep Duran Lleida era el político español con la nota más alta. Los sociólogos tienen una explicación para el fenómeno que reside en que a los votantes del bipartidismo Fernández, Duran y los residuales no les molestan tanto como los políticos de la competencia directa.

Fernàndez no se vuelve a presentar a las elecciones porque su partido tiene estrictas reglas respecto al apoltronamiento, pero continúa siendo una figura muy relevante en el panorama político catalán. Lidera la referencia proetarra en Cataluña, fue chófer, guía e introductor de Arnaldo Otegi en Cataluña y amagó con tirarle una chancla a Rato, lo que visto en retrospectiva podría explicar su buena fama entre amplios sectores de la población. Por lo demás, se abrazó con Mas el 9-N, presidió la sonrojante comisión Pujol y puso de moda en Cataluña el estilo cenizo de la izquierda abertzale. Camisetas revolucionatas, pantalones tejanos pitillo, chaquetas con capucha, patillas a lo Pernando Barrena y aspecto general de cantante de ska.

El sistema mediático catalufo está rendido a sus pies. Él es periodista y conoce el paño. En La Vanguardia le han hecho un comentario veraniego ditirámbico. En la sección estrella de las páginas de agosto, Fernàndez posa con sus abuelos. La iaia Edelmira es zamorana y va a cumplir cien años. El avi se llama Paco, castellano también. Todo muy familiar, republicano, pacífico y natural. Pero Fernàndez milita en un partido nada bucólico, un partido, las Candidaturas de Unidad Popular, que propone literalmente "replantearse la presencia en la ciudad de personas responsables de la administración central española". O sea, una formación que discurre lisa y llanamente la expulsión de los judíos. Han pedido un pleno municipal en Barcelona para abordar el particular del pogromo. Sólo son tres concejales, los mismos que tiene el PP, pero gozan de una cobertura mucho más amplia. Son populares y están en la onda, salen en los medios y disfrutan de simpatías en el sistema. Charnegos como Fernàndez o niñas bien de familia mejor, como Maria Rovira, la concejal que lleva el pelo cortado a tazón, borroka style, educada en la Escuela Aula, la misma de Mas y la alta burguesía condal.

"Replantearse la presencia en la ciudad...". Así, a palo seco, como el que dice que hay una plaga de caracol manzana y hay que fumigar el arrozal. Fernàndez y Rovira beben en las fuentes del txakurrak kanpora! y pueden decir lo que quieran sin cortapisas. No son los sospechosos habituales, a pesar de que asalten tiendas de Telefónica y estudien debatir la expulsión del funcionariado estatal. Nada, no pasa nada. Todo va bien en el Principado. Maria Rovira ha ido al mejor colegio posible y Fernàndez se ha cambiado el sentido de la tilde de su apellido. ¿Fractura social? ¿Acaso eres un funcionario español?

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