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Pablo Planas

Rahola y la mafia en TV3

Hasta la mafia cuida más las formas que los independentistas que se disputan el control de TV3, una auténtica fábrica de mentiras y manipulación.

Pablo Planas
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Hasta la mafia cuida más las formas que los independentistas que se disputan el control de TV3, una auténtica fábrica de mentiras y manipulación.
Pilar Rahola | TV3

El gran error de ese tándem nefasto que formaban Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría fue no aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución de manera indefinida. De ahí cuelga otro lamentable fallo: no haber cerrado TV3 o no haber convertido esa televisión autonómica en un canal dedicado al cine del Oeste. Por razones relativas a la ignorancia en materia de comunicación, los antecitados debían de pensar que TV3 era una televisión normal, un medio con espacios informativos y de entretenimiento en vez de un canal dedicado a la manipulación, el adoctrinamiento y la desinformación que destila odio a España hasta en los concursos. El PP dice en su descargo que no clausurar esa cadena fue una de las condiciones que impuso el PSOE para apoyar el 155 desnaturalizado.

Cerrar TV3 no hubiera supuesto un golpe contra la libertad de expresión e información, sino un considerable ahorro para los ciudadanos residentes en Cataluña y una gran aportación a la higiene mental de la sociedad catalana. Dada la orientación estrictamente nacionalista del ente, lo coherente sería que tal televisión la pagaran los partidos de la cuerda independentista y quienes libremente quisieran contribuir a su sostenimiento, no aquellos que son insultados, despreciados y marginados en todos y cada uno de los programas de la parrilla autonómica. Y eso si es que una televisión que miente, desinforma y extiende el odio contra España y los españoles puede considerarse legal y mantenerse abierta.

Una televisión de partido cabe perfectamente en el ordenamiento mediático español. De hecho, los grandes grupos de comunicación responden perfectamente a la lógica de los Gobiernos de turno, que son el anunciante de mayor poderío. Sin embargo, lo de TV3 no tiene comparación posible ni límite alguno. Una de las conversaciones interceptadas por orden judicial a David Madí, componente del llamado estado mayor del proceso (la cúpula del golpe separatista), corresponde a una charla con Pilar Rahola, musa del proceso y propagandista de Puigdemont en La Vanguardia y TV3. Rahola se queja de que le quieren restar protagonismo en la televisión pública, que dicha televisión está en manos de los "estalinistas de ERC", que los encargados de ejercer el control en TV3 por parte de Junts per Catalunya (cita a un tal Francesc Pena y al diputado Albert Batet) son unos incompetentes y que al director de la cadena, Vicent Sanchís, se lo tienen que hacer pagar. Hasta la mafia cuida más las formas que los independentistas que se disputan el control de TV3, una auténtica fábrica de mentiras y manipulación.

Rahola alega en su descargo que la conversación con Madí era de carácter privado. Cierto, pero se trataban asuntos públicos como el sesgo y la dirección de una televisión que, insistimos, pagan todos los ciudadanos de Cataluña sin distinción. Además, esa misma Rahola no ha lamentado jamás sino que ha aplaudido hasta con las orejas cuando se han difundido conservaciones de políticos del PP o de ERC. En esos casos le ha parecido siempre estupendo, un ejercicio de puro periodismo, el colmo de la profesionalidad y una aportación imprescindible al debate público.

Ahora se trata exactamente de lo mismo, una conversación de dos personajes públicos que ilustra sobre cómo funciona TV3 y los planes de Junts per Catalunya para arrebatar el control de la cadena a ERC. Sólo falta saber cuánto cobra doña Pilar. Se estima que unos sesenta mil euros al año sin contar la paga de la productora de Buenafuente, ahora en manos de Roures, que tarifa al margen del control público. Y todo, como dice ella, por diez minutos dos días a la semana.

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