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Pedro de Tena

El melón andaluz

El centro derecha se enfrenta al voto sentimental de los andaluces que siempre ha decantado la balanza a favor de los socialistas.

Pedro de Tena
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El centro derecha se enfrenta al voto sentimental de los andaluces que siempre ha decantado la balanza a favor de los socialistas.
Pedro Sánchez se abraza con Susana Díaz. | EFE

Le oía decir a mi padre que al abrir un melón había que estar atento a su quejío. Melón que rechina, pá la cochina, recordaba de sus años infantiles. Algo rechina cuando produce un ruido que origina dentera, grima o repelús. En el caso del melón, indica que está apepinado y no es comestible salvo hambruna. Pues algo ha debido percibir Alfonso Guerra, gran maestro de sondeos demoscópicos en 1982 y siguientes, cuando ha concluido que la encuesta del CIS para Andalucía, guisada y condimentada por su examigo José Félix Tezanos, le rechina. Dice que lo que le canta la gallina es el triple empate de PP, C´s y Podemos-IU, pero, puede, como él mismo insinúa, que lo que le rechine sea que la estrategia de dar por tan ganado el partido para Susana Díaz invite a la abstención a los cada vez menos aficionados socialistas.

Rechina mucho más una realidad repetida desde años atrás y es que la mayoría de los encuestados confiesan que desean un cambio y que el PSOE deje de gobernar Andalucía después de 36 años, 40 si se cuentan municipios y diputaciones. Sin embargo, al final, siempre se consuma que el régimen andaluz sigue dominando la Junta de Andalucía y marcando el rumbo pésimo de la región. Recuerden las elecciones de 2012, cuando era un clamor que el PP ganaría las elecciones por mayoría más que absoluta y que – muchos creemos que gracias al propio PP de Rajoy que hizo perder a su partido 400.000 votos en tres meses -, el luego procesado Griñán pudo gobernar con la infame complicidad Izquierda Unida.

Ahora, la encuesta rechinante del que lleva camino, ignominioso, de convertirse en un vulgar Centro de Intoxicaciones Socialistas (nuevo CIS) arroja el mismo resultado. Nada menos que el 58,4 por ciento de los 4.895 encuestados ha dicho que Andalucía necesita un cambio. Sólo una tercera parte de ellos quiere que el PSOE siga gobernando y casi la mitad considera la gestión del PSOE en la Junta mala o muy mala mientras sólo un 11 por ciento la considera buena o muy buena. Y con estos mimbres, se concluye que Susana Díaz va a obtener una cómoda mayoría, e incluso mejorar su porcentaje de votos, descendente desde hace diez años.

Rechina, desde luego, pero no es la primera vez que algo así sucede. En la encuesta del CIS, preelectoral de 2015 y sin Tezanos al horno, más del 80 por ciento creía regular, mala o muy mala la gestión socialista. Casi el 44 por ciento creía mala o muy mala la actuación del PSOE en la Junta. Casi el 54 por ciento consideraba que debía gobernar un partido distinto al PSOE. ¿Y qué pasó?

Pues pasó y pasa que los ciudadanos, también los andaluces, no tienen tiempo para analizar precisa y racionalmente la realidad de los datos y van elaborando sus juicios de valor y sus conclusiones a lo largo de años según lo que ven y oyen en los más próximos líderes de opinión (los "enterados" de la familia, los amigos, el barrio, el club, el trabajo o el bar), los medios de comunicación bien penetrados por la izquierda y las cada día más relevantes redes sociales, usadas como plataformas de propaganda sistemática. Dicho de otro modo, la mayoría de los andaluces votará sentimentalmente, como siempre. Y en esos terrenos, liberalismo, centro derecha o como se quiera llamar a la opción de cambio tan necesaria, o no están presentes persistentemente o no tienen ni idea de cómo funciona realmente esa decisión emocional.

El melón andaluz, que debería haber sido el desayuno necesario para un cambio nacional de calado, rechina y corre el riesgo, salvo milagro, de ser pasto y postre de cochinera. Otra vez, salvo que la mayoría real que desea el cambio se atreva de una vez a dar un votazo en las mesas electorales e impida que se cumplan 40 años seguidos de dominio de una oligarquía socialista inútil e incapaz de sacar a Andalucía del pozo de las penas y del monte del olvido. Dios me oiga.

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