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Pedro de Tena

Y van redondos

Lo de ir redondos viene a significar no creer en nada para que pueda creerse en todo.

Pedro de Tena
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Pedro de Tena - Y van redondos
Pedro Sánchez | EFE

Cada vez más redondos van. Otra cosa es que sepamos a dónde se dirigen, y lo que es más inquietante por involuntario, que sepan a dónde nos dirigen. Ya sé que en Andalucía ser "redondo" tiene connotaciones plenisexuales que habrá delicados a quien le parezcan ofensivas. Sin embargo, en principio, lo que se quiere decir con que alguien es "redondo" es que le gusta todo y de todo. Pero no. Yo no utilizo el adjetivo "redondo" como algo lindante con lo sexual de aldea o de dogma de género - yo sólo sé del género humano -, sino como algo, entre otros muchos lugares y sentidos, que tiene plaza y ruedo en la tauromaquia. Mucho antes que Cossío en el Vocabulario sobrevenido de su Biblia, Sánchez de Neira en sus tomos sobre El Toreo ya mencionaba los "redondos". Se trata de dar pases naturales seguidos metiendo el engaño en la cara del toro y siendo cada uno de ellos un segmento del círculo o redondo total que se compone. O sea que al toro y al maestro lo disfrutan todos los tendidos, hasta los más irritantes y saboteadores. Es como una vuelta al ruedo, circular, completa, tremenda, pero con el astado hispánico dentro.

Precisamente esto es lo que, en el ruedo ibérico sin Portugal, aunque tal vez con él, están haciendo los del Manual de Resistánchez con el toro español, qué gran metáfora para unos ciudadanos, ustedes, ellos, todos, yo, que sólo nos alzamos contra el castigo cuando este se hace sangriento y doloroso. Este Pedro Sánchez, que pasó de maletilla sin futuro y sin amores con la luna a propietario del coso nacional y a primera figura como consecuencia de la lógica del espectáculo, nos está lidiando a todos en redondo. Primero, puso cara a los tendidos de la izquierda y a los de los "entendidos" en trincar en las reventas nacionales otro porcentaje más jugoso para tirar la plaza abajo. Luego, fue virando al centro para tratar de convencer a los primerizos que no saben de manos, ni de las derechas ni de las izquierdas, en terrenos de nadie o de quien sabe usarlos como juegos de trueque en los callejones. Y finalmente, ha seguido rolando hacia la derecha para mostrar que sabe cómo usar la muleta para que el morlaco no se rebele contra el truco ni el respetable sepa de qué va la trastada.

Que Susana Díaz se haya picado un puyazo pro-sanchista descabellando, de paso, a sus bravos de dehesa, ya indica cuál ha sido el nivel del redondazo. Que Sociedad Civil Catalana, que nació para oponerse al separatismo catalán y sus pansueños lingüístico- imperialistas, se haya amansado en tablas hasta el punto de recalificarse como sociedad servil catalanista sin que haya habido arrimadas de peones para impedirlo, ha sembrado el silencio en los pañuelos. Que en Navarra haya pasado lo que ha pasado tras los sanfermines, que los puntilleros de hombres salgan a hombros de las manadas, esas tanto como otras, y que en Aragón haya un Echenique que capea más que Lambán, nos da una idea -si sumamos los excesucesos de los cosos de Castilla La Mancha, Extremadura y otros -, de cómo ha sido el entrenamiento del redondo en el salón de las aulas taurinas de la Moncloa.

O sea, terminemos, que lo de ir redondos significa ir adonde sea, con quien sea, del modo de que sea y para lo que sea con tal de que el largo caballero de la Resistánchez de Manual sea el bombero-torero que corte las orejas, el rabo, las criadillas y las patas de lo que quede de nosotros después de esta lidia a la que han contribuido todas las cuadrillas. Vamos, que lo de ir redondos viene a significar no creer en nada para que pueda creerse en todo, no ser nada para poder serlo todo o nadie, no defender nada, ni a los propios muertos, con el fin de defenderlo todo, lo bueno, lo malo, lo regular, lo estúpido, lo banal, lo venal, lo que sea con tal que sea posible la Resistánchez en La Moncloa.

La culpa la tiene Cela el magnífico. El que resiste, gana, epitafió en su tumba sin precisar, jodíos refranes, ante qué había que resistir para ganar qué. Pues ahí tiene a un alumno, el que perpetró, eso dicen, su tesis para resistirnos a todos y convertirnos en arena, esa de la que decía Nietzsche que nos uniformaba a todos haciéndonos muy pequeños, muy "redondos", muy tolerables, muy aburridos y, añado yo, muy esclavitos.

Por eso, porque las diferencias son incómodas y heterodoxas, vamos cada vez más, y van, redondos, equidistantes de toda verdad, de todo sentido, de toda moral salvo la del poder, que es la de siempre.

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