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Percival Manglano

Las noticias que las televisiones nos ocultan

Nos encontramos con noticieros que repiten constantemente la misma historia e ignoran las realidades con las que nos vamos a encontrar en septiembre.

Percival Manglano
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Una característica de las vacaciones de agosto es que acabamos por olvidar en qué día de la semana estamos. "¿Hoy es miércoles?", nos preguntamos un viernes. O, mejor aún, perdemos el concepto mismo de día de la semana. El ritmo vacacional hace que sea irrelevante el día en el que estamos para seguir haciendo lo que nos apetece hacer.

A esta desconexión con la realidad contribuyen con entusiasmo los noticieros televisivos. Da igual cuándo los veamos porque siempre dicen lo mismo. Entran en un bucle que, lejos de informar, aturde; su función básica es servir como introducción para la siesta.

Nos encontramos así con noticieros que repiten constantemente la misma historia e ignoran olímpicamente las realidades con las que nos vamos a encontrar en septiembre.

Este verano hemos conocido todos los detalles sobre los millonarios artistas que se solidarizan delante de una cámara con los refugiados rescatados en el Mediterráneo. También sobre un artista al que otras artistas acusan –en su mayoría, sin dar la cara- de acosos sexuales supuestamente perpetrados hace unos treinta años.

Poco se nos ha dicho, sin embargo, sobre otras cuestiones clave para millones de españoles. Se me ocurren por lo menos dos. Una es la cada vez más evidente llegada de una recesión económica. Y la otra es la constatación de que Barcelona se ha convertido en una ciudad sin Ley.

Cualquiera que haya seguido la Bolsa este verano (ya son ganas) se habrá quedado desvelado sin siesta. El IBEX 35 está casi en mínimos de tres años. Y la Bolsa de Nueva York sufrió esta semana su mayor retroceso del año. El nerviosismo de los mercados se debe no sólo a los tuits de Trump sino, más bien, a múltiples indicadores que evidencian que la economía mundial puede entrar en recesión en breve. La economía china se ralentiza, la alemana y la británica se contraen, la curva de rendimiento de los bonos en Estados Unidos se invierte por primera vez desde la Gran Recesión de 2008 y el oro (el gran refugio en épocas de tribulaciones económicas) está en máximos de seis años. Todo esto nos pilla en España con un Gobierno socialista en funciones cuya única posibilidad de gobernar es llegar a un acuerdo con los comunistas. Miedo da pensar que estos serán los que deban enfrentarse a una nueva crisis económica y a la inevitable subida del paro.

Al mismo tiempo, el ayuntamiento de Ada Colau acaba de admitir que Barcelona se enfrenta a una "crisis de seguridad." Se han debido producir siete asesinatos en cuarenta días (siete, sí, ha leído bien) para que, por fin, Colau y los suyos admitan lo evidente. La alcaldesa que dijo que no cumpliría con las leyes que le pareciesen injustas se encuentra ahora con que ciertos barceloneses le han tomado le palabra y han convertido la ciudad en un violento infierno. La defensora de los más necesitados, la empática, la cruzada de la justicia social ha robado a los barceloneses de uno de sus bienes sociales más preciados: la seguridad. No habrá buenas palabras ni lágrimas de cocodrilo delante de las cámaras que se la devuelvan.

Disfruten de las vacaciones, relájense, descansen. Pero no olviden que la realidad les estará esperando en septiembre.

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