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Ricardo Ruiz de la Serna

Los cristianos y el Ejército israelí

Las comunidades cristianas más antiguas del planeta solo sobrevivirán en sociedades democráticas, donde la libertad religiosa sea un valor y no un problema.

Ricardo Ruiz de la Serna
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Las comunidades cristianas más antiguas del planeta solo sobrevivirán en sociedades democráticas, donde la libertad religiosa sea un valor y no un problema.

El hombre de la imagen se llama Gabriel Nadaf, es un sacerdote ortodoxo griego de Yafia, un pueblo entre Migdal Haemek y Nazaret, y preside el Foro de Reclutamiento de Jóvenes Cristianos. Todos lo conocen como padre Nadaf y su nombre resuena por todas las comunidades cristianas de Israel y Oriente Medio, porque este joven pope ha hecho algo revolucionario: ha invitado a los jóvenes cristianos de lengua árabe que viven en Israel a unirse a sus Fuerzas de Defensa, el Tsahal. Desde la creación del foro, el número de alistamientos se ha duplicado y ronda el centenar. En términos numéricos son muy pocos soldados, pero en el plano simbólico es muchísimo.

Por eso, el asunto ha puesto nerviosa a mucha gente. En primer lugar, al patriarca de Jerusalén, que ve en la iniciativa un riesgo para las comunidades cristianas que viven en el territorio de la Autoridad Palestina. Ellas pagarán, dice, el compromiso militar de los cristianos de Israel. La verdad es que el argumento es un poco débil, porque eso supone admitir que las comunidades sirvan como rehenes políticos. En realidad, el debate radica más bien ahí: en romper la espiral de ciudadanía de segunda clase y dhimmitud que padecen los cristianos en sociedades islámicas. Pueden hacerse matices –la Autoridad Palestina es distinta de Egipto– pero me parece que la desigualdad que padecen los cristianos respecto a los musulmanes es clara. El contraste entre la libertad religiosa y de conciencia que se vive en Israel y la ausencia de todo eso que padecen, por ejemplo, en la Autoridad Palestina, es clamoroso. Así, la cuestión de fondo es si los propios cristianos confían en que salir de esa situación es posible. Por lo pronto, se ha llegado a hablar de riesgo de cisma aunque creo que la palabra es excesiva. Sí es cierto que supone un desafío al compromiso que hasta ahora los cristianos tenían con las Fuerzas de Defensa de Israel.

Además de al patriarca, Gabriel Nadaf preocupa a los islamistas que han gozado de la legitimidad que les brindaba hablar en nombre de "los árabes" agrupando bajo esa denominación a la mayoría musulmana y a la minoría cristiana. Esto venía reforzado por la memoria de los cristianos inspiradores del movimiento panarabista y de aquellos que recurrieron al terrorismo para combatir contra el Estado de Israel. El laicismo de aquellos movimientos ha cedido en favor de la pujanza del islam político, si me permiten la redundancia. El ejemplo del Egipto de Morsi –que tuvo que ser derribado por un golpe militar– y el sufrimiento de los coptos se ha unido a la espantosa visión de la guerra civil en Siria, a pocos kilómetros de la frontera con Israel, donde los cristianos sufren la violencia de los yihadistas que combaten contra Asad. Nadaf ve en Israel la clave para la liberación de los cristianos.

Desde luego, el asunto es espinoso. Por una parte, supone un debate en el seno de las propias comunidades cristianas. La introducción de una nueva denominación para referirse a ellos –cristianos de lengua árabe, en lugar del clásico árabes que los agrupaba junto a los musulmanes– es la punta del iceberg de un cambio en el juego de poderes y relaciones del Estado de Israel y de las comunidades cristianas de Oriente Medio. Hasta ahora, los líderes religiosos gozaban de la preeminencia que les brindaba representar a una comunidad que se diferenciaba precisamente por su fe, de modo que ésta condicionaba su ciudadanía. Romper este vínculo supone admitir que la plenitud de derechos es independiente de la fe que se profese y que la religión –el derecho de tener la que se quiera o de no tener ninguna, lo que aún es un anatema para muchos– no puede determinar el catálogo de derechos en la comunidad política. El tránsito de ser árabes a ser cristianos de lengua árabe o, más aún, israelíes cristianos abre muchas incógnitas en una región donde la religión no se refiere solo a las creencias sino a la adscripción completa a un grupo social. La identidad religiosa influye en la red de relaciones, el mercado de trabajo, el matrimonio, el ciclo de fiestas e, incluso, y esto es crucial en Israel, en el servicio militar.

Así, este debate se relaciona con la obligatoriedad de servir en el Ejército para todos los israelíes sin excepción religiosa y con el dilema entre laicidad y confesionalidad que sacude cada cierto tiempo los cimientos del Estado de Israel.

La incorporación de los cristianos al Ejército –quizás siguiendo el modelo de los beduinos o los drusos–, por muy voluntaria que se quiera, supone un cambio muy importante en la narrativa del Estado de Israel. La entrada de los cristianos reforzaría la idea de la naturaleza intrínsecamente democrática del Estado y sería un ejemplo y un patrón de contraste para las comunidades cristianas en Egipto, Irak, Turquía y Jordania.

Por otra parte, el servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel sería el cauce para la plena integración de los cristianos en la sociedad israelí. Como recordaban Dan Senor y Saul Singer en Start-Up Nation, los jóvenes que terminan el servicio militar nutren las filas de las empresas de alta tecnología y gozan de los contactos y las amistades que les permitirán desde comprar una casa hasta encontrar socios para un proyecto empresarial. La experiencia militar es, pues, un cauce de socialización y movilidad social del que se beneficiarían los cristianos de Israel. Por lo pronto, el Ejército va a dirigirse a los cristianos personalmente por carta cuando lleguen a la edad de reclutamiento señalándoles que, en su caso, el servicio militar es voluntario.

El padre Nadaf va con escolta y debe tener cuidado. Ya ha habido agresiones contra él y los miembros de su organización. No obstante, es posible que a los cristianos de Oriente Medio no les queden ya muchas alternativas. Los de Siria han tenido que tomar las armas para combatir por Asad y los del Líbano ven con preocupación la creciente debilidad del Ejército nacional frente al poder de Hezbolá. En toda la región, desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, los cristianos son cada vez menos y están cada vez más aislados. El sueño panarabista de Estados laicos que superasen la división religiosa ha fracasado. Las comunidades cristianas más antiguas del planeta solo sobrevivirán en sociedades democráticas, donde la libertad religiosa sea un valor y no un problema.

© elmed.io

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