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Zoé Valdés

La plaza a reventar

¿Merece ese pueblo la democracia y la libertad? Yo sigo empeñada en que sí, pero, aunque mi corazón aprueba ese sí, mi mente lo desaprueba con una rotundidad que me deja con espasmos y cefaleas.

Zoé Valdés
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¿Vieron las fotos del Primero de Mayo en Cuba? La plaza de la robolución, antigua Plaza Cívica, a reventar. Los que allí estaban, obligados o no, son los que comen de Miami, se visten de Miami y sueñan con largarse a Miami o a donde sea, con tal de vivir distinta la pesadilla, porque la pesadilla siempre se vivirá, estés donde estés.

Allí se desgañitaron los carneros, 59 años de sumisión, aplaudiendo hasta con las nalgas, entonando himnos y coreando consignas, son los mismos que lloriquean en los videos para YouTube y condenan el embargo con la misma intensidad con la que piden, mejor dicho, exigen, unos zapatos de marca y recarga para el teléfono. ¿Merece ese pueblo la democracia y la libertad? Yo sigo empeñada en que sí, pero, aunque mi corazón aprueba ese sí, mi mente lo desaprueba con una rotundidad que me deja con espasmos y cefaleas. Mi corazón me reitera en letanía: no, no merecen más que el desprecio, el más impetuoso de los desprecios.

Es un pueblo vencido, tienen miedo, son las excusas que me dan algunos. Pero es que llevan seis décadas en esa majomía, como bestias sometidas a gusto, saltando de tirano en tirano, demostrando –según las versiones– lo contrario a lo que sienten. Y pidiendo, cual gorriones, con el pico abierto, que los demás trabajemos para darles de comer, sin que ellos muevan un miserable dedo. Sólo por lo que ha trabajado el exilio para mantenerlos, para sostener a toda esa miserable isla, debieran pagarnos con creces. Una forma de pago decente sería no asistir a esas manifestaciones. ¿Que los botan del trabajo si no van? Pero si la mayoría de los que allí se desbaratan en contorsiones demagogas no trabajan, fingen trabajar o dejan de trabajar para que la familia exiliada les pague la subsistencia y los viajecitos a la Yuma mafiosa, y colorín colorao, y pin pon fuera, abajo la gusanera.

Mucha mafia y mucha gusanera, pero allí están, como Juan que se despetronca, con la lengua afuera, lo mismo para reprimir en nombre del nuevo y recién estrenado presidente de a dedo que para colgarse del avión que los destinará a un Presidente Supermarket donde llenarán las bolsas y las barrigas criadas con cerveza de pipa y ron de alambique.

Por ese pueblo murieron tantos, Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata Tamayo, Laura Pollán, Oswaldo Payá, Harold Cepero, la lista es larga, sólo cito a los más recientes y más conocidos. Por ese pueblo presos y presas Plantados cumplieron hasta más de 30 años de cárceles. ¿Lo merecían? No, de ninguna manera.

Deberíamos olvidarnos de Cuba, al menos por un buen tiempo, y no mandar ni un alfiler, y que se revuelquen en su mierda cederrista. Pero aquí seguimos, al menos sigo yo, pensando en un país que quizás idealicé, pero exigiendo la libertad de Eduardo Cardet, líder del MCL, sólo por hombres como él vale la pena. Nada más.

Todos esos que ayer inundaron otra vez la Plaza vociferando consignas en contra nuestra, en contra de los exiliados, un día, tal vez la inunden para aplaudir la libertad y la democracia que se habrá conseguido, que habremos logrado para ellos, para que la disfruten, aunque no sé si estarán aptos y capacitados para vivirlo y gozarlo con entereza.

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