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Zoé Valdés

Robo de posesión

Es un día luctuoso, marca el fin de la libertad.

Zoé Valdés
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No vi el “robo de posesión” (título que tomo prestado a Yosdani Valenti) que se perpetró en Washington DC y que fue transmitido en directo –cómo no– también en Times Square por órdenes del alcalde izquierdoso de Nueva York, no me apetecía contemplar el robo de Norteamérica por parte de unos traidores y fraudulentos que no sólo destruirán ese país, expandirán su plaga miserable por el resto del planeta, porque se trata de la peor secuela de la plandemia del PCCh con la entrega del poder, no a un viejo manoseador y corrupto, sino a China y su desmadre totalitario, con la complicidad de todos, incluida hasta el momento en que escribo la del Ejército norteamericano.

Es un día luctuoso, marca el fin de la libertad; en este momento puedo entender más que nunca lo que sintieron mis padres y mis abuelos el primero de enero de 1959 en Cuba: tristeza e ira, asombro y al mismo tiempo la confirmación de una certeza más que de una duda que me rondaba e invadía desde hacía décadas, la semilla del comunismo estaba nutriendo frutos en Estados Unidos.

Debo añadir que si este nauseabundo fraude electoral que se le ha hecho a ese gran país y al mundo entristece profundamente, mucho más enerva y prende sentimientos perturbadores en los amantes de la libertad, sabiendo que un puñado de cubanos y de venezolanos votaron por esta indecorosa e indecente vía, la peor de todas. Y que lo hicieron por cobardes, por ignorantes, por traidores y memos.

Reitero que contra todos ellos va mi más profundo desprecio, como también estoy empezando a considerar dedicar parte de ese desprecio a todos aquellos que contribuyeron a demonizar a un hombre, al presidente Donald Trump, que trabajó para el bien de su país, que no condujo a Estados Unidos a ninguna guerra, que supo llevar su cargo con una dignidad y un patriotismo envidiables; sí, mi desprecio a todos esos que lo llamaron nazi y de mil modos insultantes, cuando el verdadero nazi es el viejo verde al que están sentado en la silla del poder, Joe Biden, al que se le ha fraguado un robo de posesión típico del nazismo en 1937 (sólo comparen el decorado). Pues, bien, subrayo: mi más honda repulsa contra todos sus colaboradores.

Es precisamente este amigo, Yosdani Valenti, quien desde el camión que conducía por las calles de Nueva York y a través de su móvil me fue contando que vio ciudadanos portando banderas rojas con la hoz y el martillo, a otros, cuya manera de diversión es la misma que cuando perdieron en 2016, concentrados en la destrucción y la quema.

No supieron perder y no saben ganar, porque son conscientes de que no ganaron, que robaron, que hicieron trampas, que no se gana hurtando de manera fraudulenta.

¿Han visto ustedes algún espectáculo de trumpistas arrancándose los pelos, gritando con la jaiba a todo lo que da, ofreciendo los ridículos espectáculos aquellos que dieron los clintonianos demócratas en el 2016? No lo han visto ni lo verán.

Los trumpistas no golpean a nadie por llevar una gorra –aunque debieran hacerlo, sólo sea por vengarse, que es un derecho muy humano–. Los trumpistas no queman ciudades ni perpetran amenazas que luego cumplen con nocturnidad y alevosía. Los trumpistas no se hacen pasar por lo que no son, ni allanan el Congreso, como está probado que sí hicieron los bidenistas demócratas, los miembros de Black Lives Matter y Antifa, que, pago mediante, asaltaron el Capitolio para que los medios de comunicación contaran luego que habían sido los rednecks trumpistas. Bullshit!

En cualquier caso, no olviden esas frases del que ha sido el más reciente discurso de Donald Trump, y no el último: “Esto no hace más que comenzar. Lo mejor está por venir”.

Espero sinceramente que así sea, que caigan las máscaras, y que los corruptos y pedófilos también caigan, así como los asesinos. Ansío que a las Lady Gagas y las JLo, y los Ricky Martin, que ninguna moral tienen como para imponerle enseñanzas de nada a nadie, porque no son más que faranduleros y bufones al servicio del comunismo (más de cien millones de víctimas), los pongan de una vez en el sitio que les corresponde.

Le zumba usar vientres de alquiler de pobres mujeres, que deben alquilar sus vientres a poderosos ricachones del espectáculo para traer niños al mundo y convertirlos en padres, cosa que habría que saber si verdaderamente merecen luego de verlos retratar a esos niños frente a una bandera churrosa de Black Lives Matter, siendo además blancos y bien remunerados con sus complejos de blancos y de bien pagados, y además traidores de la propia vida de sus hijos y de su futuro.

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