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Se les acaba el tiempo

Se les acaba el tiempo, están requeteviejos, y además a Obama le queda poco como presidente. Así y todo no cesan de dar órdenes.

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Se les acaba el tiempo y ellos lo saben más que nadie. Por eso el General en Jefe hace discursos así, donde vuelve a repetir por enésima vez: "Jamás aceptaremos condicionamientos que laceren la soberanía y dignidad de la Patria…". Bla, bla, bla.

Se les acaba el tiempo, están requeteviejos, y además a Obama le queda poco como presidente. Así y todo no cesan de dar órdenes, de tiranos a demócrata. Cuando hablo en plural me refiero a los dos Castro. Aunque Castro I esté más muerto que vivo, pero todavía continúa rumiando su ira colosal.

Se les acaba también Venezuela, entonces apurados extienden cada vez más largo el brazo, la mano en forma cóncava, mendigando desvergonzadamente.

Los discursos de Castro II no son como eran los de su hermanazo, largos, victoriosos. Estos discursos son relativamente breves, amenazadores (también lo eran los del hermano), y además pedigüeños. Detrás de cada palabra está el peso de la edad, detrás de cada frase rezuma una fatiga peligrosa. Los tiranos, cuanto más ancianos más crueles.

"Tomorrow, tomorrow, and tomorrow" susurró Macbeth al oído de su esposa muerta, desatado en locura. El mañana le parecía incierto, aunque no ignoraba que Dunsinane se le acercaría. Lo mismo les pasa a los Castro, obsesionados por el oráculo y por el mañana, cada vez más claro y desesperanzador para ellos, cada vez más cercanos del final de la tragedia.

Escribo esto y sin embargo no me siento optimista, sé que tras ese final, el de esas vidas, sólo habrá desolación, y que ningún nuevo rey andará espada en mano en medio de los bosques, en este caso en medio de las calles, cual símbolo libertario.

No quedará nada, ni siquiera el reconocimiento al padecimiento sufrido durante años. A ellos se les acaba el tiempo, a nosotros también. Nacimos, crecimos, y estamos envejeciendo junto a ellos. El mañana es ahora y tarda demasiado en quedarse arrimado a las costillas.

Mi padre me lo decía: "Esto es una marca para toda la vida. No habrá otra vida para limpiarnos del castrismo". Y que haya una sola vida a nadie le importa, para colmo.

Se nos acaba el tiempo, muchos han muerto ya, entre ellos mi padre, y mi madre, y los amigos. Y ahí siguen éstos, dando por el sainete póstumo, aferrados a su maldad, cabeceando frente a los micrófonos, pero hablando, sí señor, hablando incluso medio muertos. Lo que trajo el barco.

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