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Valls e Hidalgo

Al inicio parecía que ambas personalidades se llevaban muy bien, y que sus orígenes los unían todavía más. Duró poco la armonía.

Zoé Valdés
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No cabe duda de que Manuel Valls y Anne Hidalgo, dos políticos franceses de origen español, fueron los grandes ganadores de las pasadas elecciones municipales en Francia.

¿Qué duda va a caber si el primero ha llegado a ser primer ministro del gobierno, y la segunda, que era segunda del alcalde de París, consiguió el puesto de primera mujer alcaldesa de una ciudad nada fácil de gestionar? Valgan las dos redundancias en los términos.

Al inicio parecía que ambas personalidades se llevaban muy bien, y que sus orígenes los unían todavía más. Duró poco la armonía. Era de esperar.

Mientras que Hidalgo heredó una ciudad muy bien gestionada por su antiguo alcalde Bertrand Delanöe y en la que ella misma fue parte y significó mucho en esa gerencia, por el contrario nadie pagaba un céntimo por Valls, como nadie lo pagaba por Hollande antes de ser elegido presidente por un país que quiso castigar a Nicolas Sarkozy. Los propósitos de Valls acerca de los rumanos complicaron las cosas.

El primer ministro, para colmo, acaba de proponer un plan de restablecimiento de la economía, muy depauperada aquí como en toda Europa, una reducción descomunal y la recuperación de 50 millones que le exige la Unión Europea. El plan de Valls ha sido rechazado por la mayoría de los políticos de su mismo partido, el Partido Socialista, y se ha ganado insultos, bromas, y por nada lo apalean en las sesiones parlamentarias.

Por su parte, Anne Hidalgo se ha convertido en el látigo de este plan de reducciones. ¿Por qué? Pues porque Hidalgo ganó precisamente las elecciones proponiendo una cantidad tremenda de renovaciones en la capital, lo que implicará por supuesto más gastos.

He seguido muy atenta estas discusiones tan aburridas y tan exentas de ideas que solucionen lo que hay que solucionar para que en el futuro la economía sea completamente sanada más que recuperada a la mitad. Porque de lo que se trata no es de ponerle la curita o el parche al grano. De lo que se trata es de asegurar el futuro de una manera radical de las generaciones, que ya son unas cuantas, para que deseen quedarse en su país y que no pretendan exclusivamente salir corriendo a exiliarse económicamente en otros países, a los que por otra parte no les va mejor.

Habría que preguntarse si no habría sido mejor que Valls se hubiera convertido en el alcalde de París e Hidalgo en primera ministra, o sea a la inversa. El país necesita más recursos en estos momentos que la capital.

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