La planta que desafía al invierno: por qué poner crisantemos en la terraza
Mantiene su color en otoño e invierno, destacando entre el resto de plantas del jardín por su adaptabilidad y valor ornamental.
La mayoría de las plantas dejan de florecer durante el otoño y el invierno; sin embargo, los crisantemos destacan por mantener su belleza durante esta época del año. Con su gama de colores —blanco al amarillo, rosa, naranja y rojo— conservan el color del jardín cuando otras flores desaparecen.
Esta planta, originaria del este de Asia —donde siempre ha sido apreciada por su valor ornamental y simbólico—, es también muy popular por su facilidad para adaptarse a distintos climas gracias a su rusticidad. Su flor compuesta, de pétalos radiantes y centro luminoso, combina resistencia y delicadeza. Los botánicos la consideran una de las especies más versátiles del género Chrysanthemum.
Diferentes significados
En Asia, los crisantemos representan longevidad, nobleza y felicidad, reflejando valores profundamente arraigados en la cultura de Japón y China. En Japón, esta flor se vincula con la familia imperial y simboliza perfección y respeto, mientras que en China se asocia con vitalidad y alegría durante las celebraciones de otoño. Su presencia en festivales y ceremonias evidencia la importancia de la flor como emblema de la vida y la prosperidad. Además, los crisantemos se utilizan en el arte y la literatura, reforzando su carácter simbólico y cultural.
En contraste, en España los crisantemos adquieren un significado más sombrío, relacionado con la muerte y el luto, predominando su uso en funerales y cementerios. Esta divergencia refleja cómo una misma flor puede transmitir mensajes opuestos según el contexto cultural, generando asociaciones de vida o de memoria. En otras palabras, el crisantemo demuestra la influencia del entorno cultural sobre la interpretación simbólica de la naturaleza.
Cómo cuidar esta planta
Los crisantemos requieren luz abundante pero indirecta, riego constante sin encharcar y sustrato bien drenado, así como abonado periódico para favorecer la floración. La poda de flores marchitas prolonga el ciclo de floración y mantiene la planta estética. La ventilación adecuada previene enfermedades fúngicas que afectan hojas y tallos. Estos cuidados básicos aseguran un desarrollo saludable y vigoroso de la planta.
El cultivo en maceta limita el espacio de las raíces, lo que requiere trasplantes periódicos y riegos más frecuentes. La movilidad permite controlar la luz y proteger frente a vientos y temperaturas extremas. Sin embargo, restringe el tamaño final y la densidad de flores. Esta modalidad ofrece control pero exige atención constante a necesidades específicas.
En el jardín, los crisantemos aprovechan la profundidad del suelo y la retención natural de humedad, favoreciendo un crecimiento expansivo. La interacción con el entorno potencia floración y resistencia, pero implica vigilancia frente a plagas y cambios climáticos. El microclima no puede controlarse fácilmente. La ubicación determina salud, vigor y desarrollo ornamental de la planta.
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