
Entrenar a un gato es posible. Y no solo eso: puede mejorar su comportamiento, reducir problemas en casa y fortalecer el vínculo con su dueño. La clave, según la guía práctica para el entrenamiento y la modificación de conducta en los gatos presentada por Asociación Médica Veterinaria Felina, es apostar por el refuerzo positivo y desterrar los castigos.
Los gatos aprenden todo el tiempo. Asocian lo que hacen con lo que ocurre después. Si una conducta trae algo agradable, la repetirán. Si provoca miedo o estrés, aprenderán a evitarla… y también a evitar a la persona que se lo causó. Por eso, los expertos insisten: gritar, reñir o usar el clásico spray de agua no funciona. Solo genera ansiedad y empeora el problema.
Las 5 claves para educar a tu gato sin dramas
1. Premia lo que hace bien (en el momento justo)
El refuerzo positivo funciona mejor si la recompensa llega justo después del comportamiento deseado. Puede ser comida, juego o caricias. No todos los gatos son igual de "comilones": muchos prefieren atención o juego antes que una golosina.
2. Sesiones cortas y frecuentes
Olvida entrenamientos eternos. Los gatos se concentran mejor en sesiones de 5 a 10 minutos, varias veces al día. Es más efectivo y evita frustraciones.
3. Entrena en un ambiente tranquilo
Si hay ruidos, gente entrando y saliendo o el gato está nervioso, no aprenderá nada. El estrés bloquea el aprendizaje. Mejor un entorno calmado y predecible.
4. No intentes "corregir" comportamientos naturales
Rascar, trepar o cazar con juguetes no son malas conductas: son comportamientos normales del gato. La solución no es castigar, sino ofrecer alternativas: rascadores, zonas altas, juegos interactivos.
5. Empieza pronto (pero nunca es tarde)
Cuanto antes se empiece, mejor. Aun así, los gatos adultos también pueden aprender. La paciencia es parte del entrenamiento.
Problemas típicos (y cómo abordarlos)
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Se sube a la encimera: no castigues. Retira la comida y ofrece un lugar alto alternativo desde el que pueda observarte. Premia cuando use ese sitio.
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Maúlla para pedir atención: si siempre respondes, refuerzas la conducta. Mejor anticiparte con rutinas de juego y atención en momentos concretos del día.
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Araña el sofá: coloca rascadores en los puntos donde ya araña y refuérzalo cuando los use. Cambiar el entorno es más eficaz que reñir.
Entrenar también es cuidar
El adiestramiento en positivo no solo sirve para trucos. También ayuda en situaciones prácticas: que el gato entre solo en el transportín, tolere el cepillado o coopere en pequeñas manipulaciones. Esto reduce el estrés en visitas al veterinario y mejora su bienestar general.
En resumen: los gatos no aprenden a base de castigos, sino de buenas experiencias. Quien quiera un gato más tranquilo, colaborador y feliz, tiene en el refuerzo positivo su mejor aliado.
