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Mitos animales desmentidos: de la memoria de pez a los toros

La ciencia desmiente que los peces olviden rápido o que los toros carguen por una tonalidad. Repasamos los falsos mitos sobre la fauna silvestre.

Pixabay/CC/Ray_Shrewsberry

Durante décadas hemos repetido la frase "tienes memoria de pez" como sinónimo de despiste crónico. La imagen del pez dorado que olvida todo cada tres segundos se convirtió en verdad popular, reforzada por personajes como Dory en Buscando a Nemo, la entrañable coprotagonista de Pixar.

Pero la biología lleva años desmontando esa caricatura. La memoria de los peces no se mide en segundos, sino en días, meses e incluso más. De hecho, diversos estudios con cíclidos africanos demostraron que estos peces pueden recordar asociaciones durante al menos 12 días. Desmintiendo así el mito de los tres segundos… En los experimentos, se les entrenaba para acudir a una zona concreta del acuario donde recibían comida. Tras casi dos semanas sin refuerzo, seguían mostrando preferencia por ese lugar.

Otros trabajos han observado que especies como el pez dorado pueden aprender rutas, reconocer formas, colores, sonidos e incluso a sus cuidadores. Según el investigador Kevin Warburton, especializado en comportamiento de peces, algunas carpas evitan anzuelos durante un año después de haber sido capturadas. No parece precisamente la conducta de un animal amnésico.

Desde el punto de vista evolutivo, la explicación es sencilla: recordar dónde hay alimento o dónde acecha un depredador es una ventaja clara para la supervivencia.

Elefantes: cuando el mito sí es cierto

En contraste con el error sobre los peces, la expresión "memoria de elefante" tiene base científica. Investigaciones publicadas en Proceedings of the National Academy of Sciences han demostrado que las hembras de Loxodonta africana reconocen llamadas de más de cien individuos distintos y recuerdan sonidos de familiares tras años de separación.

En el Parque Nacional de Amboseli, en Kenia, se comprobó además que distinguen voces humanas según etnia, edad y género, ajustando su comportamiento defensivo en función del nivel de amenaza percibido. Aquí la sabiduría popular acertó: su memoria es realmente prodigiosa.

Toros y el color rojo

Otro clásico: el toro embiste porque odia el rojo. En realidad, los toros son daltónicos para ese color. No distinguen el rojo como lo hacemos los humanos. Lo que desencadena la embestida es el movimiento del capote, no su tonalidad.

Si la tela fuera azul o verde y se agitara del mismo modo, la reacción sería idéntica. El rojo tiene una función práctica en la tauromaquia: disimula mejor la sangre ante el público.

Avestruces que no se esconden

La imagen de la avestruz enterrando la cabeza cuando tiene miedo es pura ficción. Si lo hiciera, se asfixiaría. Lo que ocurre es más interesante: al sentirse amenazada, puede agacharse y estirar el cuello sobre el suelo para camuflarse. Desde lejos, parece que la cabeza ha desaparecido.

El mito nace de esa ilusión óptica y de su costumbre de bajar la cabeza para alimentarse o ingerir pequeñas piedras que facilitan la digestión.

Murciélagos que sí ven

"Ciego como un murciélago" es otra expresión injusta. Aunque estos mamíferos son célebres por su ecolocalización, muchas especies tienen una visión funcional e incluso excelente en condiciones de baja luz. La ecolocalización es una herramienta de precisión para cazar insectos, no un sustituto de la vista por incapacidad. Algunas especies, además, perciben longitudes de onda que los humanos no podemos detectar.

Más que caricaturas

Los mitos animales suelen simplificar conductas complejas para convertirlas en metáforas humanas. El pez despistado, el toro furioso, la avestruz cobarde o el murciélago ciego son construcciones culturales, no descripciones científicas.

La realidad es más fascinante: peces capaces de aprender tareas, elefantes con redes sociales sofisticadas, mamíferos voladores que combinan vista y ultrasonido, aves que aplican estrategias de camuflaje. Quizá el verdadero problema no sea la memoria de los peces, sino la nuestra. Seguimos repitiendo leyendas incluso cuando la ciencia hace tiempo que las dejó sin agua.

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