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Claves Personales

Todo criminal tiene un punto débil: así lo encuentran los investigadores

Aprende a leer la mente criminal con Juan Manuel García "Pincho": técnicas de observación, lenguaje corporal y psicología que salvan vidas.

Quienes se dedican a investigar crímenes y asesinatos en situaciones límite saben mejor que nadie que el mejor arma que tienen no es física sino mental; entender a las personas y conocer su psicología es la clave para combatir el delito. Claves Personales recibe a Juan Manuel García "Pincho", @cienciasdelcomportamiento, agente de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y experto en gestión de crisis por el FBI. Su trabajo lo resume de forma sencilla: todo el mundo tiene una debilidad y un punto donde su fortaleza mental se resquebraja. Y encontrarlo suele ser tan fácil y complicado al mismo tiempo como observar y escuchar. Detrás de cada persona, siempre se esconden miedos, dudas y heridas que condicionan su forma de actuar e incluso las mentes que parecen más cerradas, siempre suelen dejar alguna puerta entreabierta.

La delincuencia, como casi todo, también ha cambiado con el tiempo. Los avances tecnológicos han abierto un mundo de posibilidades para quienes viven bordeando la ley, lo que obliga a las fuerzas de seguridad a adaptarse constantemente. Lo que no han cambiado han sido las motivaciones que llevan a alguien a delinquir, ahí siguen estando el siempre dinero, el poder, la venganza y la desesperación. Y aunque actualmente entran en juego elementos como la inteligencia artificial o la evolución tecnológica, que en algunos casos pueden dar ventaja al criminal en los primeros momentos, el trabajo policial sigue apoyándose en pilares muy clásicos: formación, experiencia y observación.

Juan Manuel García recuerda uno de los casos en los que la Guardia Civil tuvo que trabajar con uno de los perfiles delincuenciales más complejos: "El Solitario", un atracador que durante años consiguió mantener en jaque a los investigadores. Parecía meticuloso, calculador, casi imposible de atrapar. Sin embargo, como suele ocurrir, terminó cometiendo errores. Incluso los delincuentes más fríos acaban dejando algún rastro, muchas veces relacionado con su entorno personal o con pequeños hábitos cotidianos. Para los investigadores, esas grietas son a menudo la clave que termina resolviendo el caso.

Comprender cómo piensa un agresor, ponerse en su piel y comprender su psicología es la clave de este juego. García insiste en que uno de los fallos más habituales es intentar analizar estos comportamientos desde la lógica de una persona que nunca cometería un delito. No todos los crímenes responden al mismo patrón. Hay delitos impulsivos, que estallan casi sin filtro, fruto de una reacción inmediata. Y otros que se planifican con calma y frialdad, jugando con la estrategia, la paciencia y el intento deliberado de burlar a la justicia.

Sin embargo, existe un terreno donde todo esto se pone realmente a prueba: las negociaciones de crisis. Intentos de suicidio, personas atrincheradas o situaciones en las que alguien ha perdido el control de sí mismo. En esos momentos hay una regla básica que los negociadores repiten casi como un mantra: no juzgar. En cuanto una persona percibe reproche o crítica, levanta un muro. Por eso la escucha activa se convierte en la herramienta más valiosa. A veces apenas hay unos segundos para captar la atención del interlocutor y empezar a construir una mínima relación de confianza. Ese primer contacto puede marcar el rumbo de todo lo que viene después.

Con el tiempo, muchos negociadores llegan a la misma conclusión: en la mayoría de estos casos, las personas no quieren morir. Lo que realmente desean es dejar de sufrir.

El comportamiento humano, además, está lleno de pequeños atajos mentales que utilizamos sin darnos cuenta. Uno de los más conocidos es el sesgo de confirmación: la tendencia a buscar solo la información que encaja con lo que ya creemos. Algo parecido ocurre con el llamado efecto halo, que nos lleva a juzgar a alguien de forma más favorable simplemente por su apariencia o por una buena primera impresión. Son mecanismos cotidianos que influyen en nuestras decisiones y en la manera en que interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor.

Y luego está todo lo que el cuerpo dice sin palabras. El lenguaje no verbal es un terreno complejo, pero también muy revelador. La mirada, la postura, pequeños cambios en la expresión facial o incluso la dilatación de las pupilas pueden dar pistas sobre lo que una persona está sintiendo en realidad. Eso sí, los especialistas advierten de que ningún gesto puede interpretarse de forma aislada. Primero hay que conocer cómo se comporta normalmente alguien —lo que se conoce como establecer una línea base— y solo después observar si aparece algo fuera de lo habitual.

Porque, al final, por mucho que intentemos controlar lo que mostramos, la coherencia termina imponiéndose. El cerebro humano es sorprendentemente bueno detectando cuando algo no encaja del todo.

Quienes quieran profundizar en estas ideas sobre psicología criminal, negociación y comunicación no verbal pueden encontrar la conversación completa con Juan Manuel García Pincho, autor del libro Ciencias del Comportamiento, en el canal de YouTube de Claves Personales y en diferentes plataformas de podcast.

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