
Con la llegada del buen tiempo, uno de los problemas más habituales en los jardines es la proliferación de malas hierbas. El frío y la reducida exposición solar de los meses de invierno debilitan el césped y generan zonas menos densas que actúan como puntos de entrada para especies no deseadas. Algunas de ellas, como el ranúnculo rastrero o la verónica, son especialmente persistentes: soportan los cortes regulares, resisten el paso peatonal y producen gran cantidad de semillas que se dispersan con rapidez.
Hacer frente a este problema no requiere necesariamente recurrir a herbicidas de síntesis. Existen métodos manuales y caseros que, aplicados con regularidad, permiten controlar la maleza de forma eficaz y segura.
Rastrillar primero, cortar después
Una de las técnicas más recomendadas por los especialistas en jardinería consiste en rastrillar el césped antes de pasar el cortacésped, especialmente en las zonas con mayor presencia de maleza. El rastrillado ayuda a levantar las malas hierbas, permite que el cortacésped arranque sus tallos con mayor eficacia y contribuye además a eliminar semillas acumuladas que, de otro modo, germinarían en las semanas siguientes. Para obtener mejores resultados, conviene realizar esta operación con el césped seco, usando movimientos cortos y controlados para no dañar la hierba que se quiere conservar.
Cortar el césped con regularidad es, por sí solo, una de las medidas preventivas más efectivas. Mantener una altura uniforme dificulta que las malas hierbas reciban suficiente luz para prosperar, especialmente las de hoja ancha.
El herbicida casero: eficaz, pero con matices
Para zonas del jardín sin césped, como caminos, terrazas o bordes, una mezcla de vinagre, sal y jabón líquido es una alternativa habitual a los productos comerciales. El jabón actúa como agente tensioactivo que mejora la adherencia de la mezcla sobre las hojas, mientras que el ácido acético del vinagre daña las membranas celulares de la planta y provoca su deshidratación.
Sin embargo, la eficacia de esta solución depende en gran medida de la concentración del vinagre utilizado. Investigaciones de la Universidad de Maryland concluyen que el vinagre doméstico, con una concentración de ácido acético del 5%, solo resulta efectivo contra plantas jóvenes con una o dos hojas; las malas hierbas más desarrolladas suelen sobrevivir al tratamiento y rebrotar desde la raíz, ya que el ácido acético no penetra en el sistema radicular. Concentraciones del 20%, empleadas en productos hortícolas comerciales, ofrecen resultados significativamente superiores, aunque a esa concentración el producto puede causar quemaduras en piel y ojos y debe manejarse con precaución.
Otro aspecto a tener en cuenta es que tanto la sal como el vinagre son herbicidas no selectivos, afectan a cualquier planta con la que entren en contacto, por lo que su aplicación cerca de flores, arbustos o zonas de césped que se quieran conservar requiere precisión.
Para proteger el jardín de cara al invierno siguiente, la Real Sociedad de Horticultura Británica recomienda cubrir el suelo con una capa de mantillo orgánico —compost, corteza o paja— que protege las raíces del frío, aporta nutrientes y dificulta la germinación de semillas de maleza al bloquear el paso de la luz. Las telas antihierbas cumplen una función similar y tienen la ventaja de permitir el paso del agua y el aire sin favorecer el desarrollo de especies no deseadas.

